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Aníbal Jorge Sciorra
 
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El coleccionista de palabras
Lo que son las cosas, hace años
que soy coleccionista de
palabras y todavía no pude
conseguir la palabra "cuento".
Una palabra tan fácil y todavía
no la tengo. No me avergüenza
decirlo. Se lo comenté a otros
coleccionistas de palabras el
domingo pasado en el parque
Rivadavia y se echaron a reír.
"¿Cómo no vas a tener la palabra
"cuento"?, me preguntaban como
si estuviera bromeando. Uno de
ellos se jactó de tener como
cinco palabras "cuento", pero
eso sí, muy valiosas, ya que una
de ellas databa de 1615 y era
francesa y las otras pertenecían
a los siglos XVII y XVIII y
provenían de Alemania, Grecia y
Estambul, y una más pero de
1901, aunque sin demasiado valor
porque había sido hallada en
Buenos Aires, para ser más
preciso, me dijo cabizbajo, en
la apestosa Plaza Miserere. Otro
viejo coleccionista fue un poco
más humilde: tenía una sola pero
se sentía satisfecho igual
porque la había encontrado junto
a unos restos fósiles hallados
en 1961 debajo del empedrado de
la avenida Triunvirato, allá por
Villa Urquiza, cuando Obras
Sanitarias había tenido que
cambiar unas cañerías.
Yo no quería tener cualquier
palabra "cuento". La mía tenía
que ser muy valiosa también.
Parece mentira, pensar que tengo
la palabra "agüero" que la
encontré en una estación del
subterráneo y que me la
quisieron comprar unos españoles
por tres mil dólares y yo no
acepté. Si la hubiera vendido ya
tendría la palabra "cuento" del
año 1312 y de origen cartaginés
que me la dejaba un ciego de la
estación Constitución por mil
quinientos dólares y por sólo
quinientos hubiera podido volver
a tener "agüero" que ahora la
vendían en el Abasto porque todo
el mundo ahora andaba en busca
de "gardel", que había dejado de
ser apellido para transformarse
en palabra común. Encima me
hubiera sobrado algo de dinero
para poder comprar palabras
difíciles de hallar hoy en día
en el mercado y totalmente
pasadas de moda como lo son
"humano", "bondad" u
"honestidad", que había puesto a
la venta en oferta un
funcionario corrupto del
gobierno en la casa de gobierno
sobre la entrada que da por
Paseo Colón.
Dicen que al ciego de
Constitución ya no le interesaba
demasiado tener en su colección
palabras como "cuento" porque
ahora estaba fervientemente
entusiasmado por palabras
místicas, pero que de tanto
buscarlas, se metió no se sabe
como adentro de una de ellas y
nunca más se lo vio. Nadie supo
explicar bien acerca de que
palabra se trataba. Algunos que
lo conocieron muy de cerca
aseguran que el ciego veía.
Dicen que jamás compró una sola
palabra en alfabeto braille.
Gentileza:: anibal sciorra [
anisci2003@yahoo.com.ar ]
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