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Guantánamo: hacer justicia
EDITORIAL
de LA JORNADA,
México
A un mes de que el
presidente de Estados Unidos,
Barack Obama, decretó el cierre
definitivo –en un plazo máximo
de un año– de la prisión de
Guantánamo, la Corte de
Apelaciones de París ordenó la
libertad de cinco franceses que
estuvieron recluidos en ese
campo de concentración, los
cuales habían sido condenados en
primera instancia por presuntos
vínculos con actividades
terroristas. El tribunal
documentó irregularidades en las
investigaciones y los
interrogatorios a que fueron
sometidos entre 2002 y 2004, y
concluyó que ningún elemento
permitía determinar la
culpabilidad de los acusados.
Estas absoluciones se suman a la
liberación, el pasado lunes, del
ciudadano británico de origen
etiope Binyam Mohamed, arrestado
injustificadamente en 2002 en
Pakistán –adonde había ido a
someterse a un tratamiento
contra las adicciones–,
trasladado a Marruecos y a
Afganistán, y posteriormente
acusado por terrorismo y
crímenes de guerra y recluido en
Guantánamo más de cuatro años,
lapso en el que permaneció
incomunicado y fue víctima de
torturas por las fuerzas armadas
estadunidenses.
Estos casos son sólo botones de
muestra del cúmulo de
atrocidades cometidas por el
gobierno de Estados Unidos con
el pretexto de la llamada guerra
contra el terrorismo, cruzada
que condujo a un auge del
espíritu unilateral,
injerencista y arbitrario de la
nación más poderosa del mundo
durante la administración de
George W. Bush; que se tradujo
en masivos y graves actos contra
los derechos humanos en el
planeta y significó la
degradación moral de Washington
y de la comunidad internacional
en su conjunto, pues ésta
toleró, durante más de un
lustro, prácticas abominables
como la institucionalización de
la tortura a los combatientes
enemigos, la operación de una
vasta red de secuestro y
traslado aéreo de sospechosos de
terrorismo, y la administración
por militares estadunidenses de
campos de tortura y asesinato
como Abu Ghraib y el propio
Guantánamo, todo ello sin
mencionar los cientos de miles
de muertos civiles y la infame
destrucción material en
Afganistán e Irak.
El tormento sufrido por cientos
de personas inocentes, lejos de
concluir con la excarcelación,
pudiera continuar en sus lugares
de origen, y es significativa,
al respecto, la solicitud
realizada por diversas
organizaciones humanitarias a
las autoridades de la Unión
Europea para que acoja a unos 60
detenidos de Guantánamo
–originarios de países como
Argelia, Libia, China, Egipto o
Uzbekistán– que han sido
exculpados por las autoridades
de Estados Unidos pero que no
pueden volver a sus países por
el temor a ser detenidos o
torturados.
Ante esta situación, es claro
que la responsabilidad de
Estados Unidos no puede ni debe
limitarse al cierre de cárceles
como Guantánamo y a la
liberación de los presos. Tiene
la obligación de mostrar, como
mínimo, voluntad para reconocer,
primero, que el gobierno
anterior cometió durante años
crímenes de lesa humanidad que
no deben permanecer impunes, y
para emprender, en consecuencia,
las pesquisas correspondientes
y, en su caso, instruir procesos
legales contra personajes como
George W. Bush, el ex
vicepresidente Dick Cheney, el
ex secretario de Justicia,
Roberto Gonzales, y el ex
secretario de Defensa Donald
Rumsfeld, sobre quienes puede
presumirse responsabilidad penal
por esos delitos. Esto cobra
especial relevancia en un
momento en que persisten, en los
altos círculos de la política
estadunidense, voces que
reclaman la continuidad de la
política criminal e inhumana de
Washington, como es el caso del
propio Cheney, quien ha afirmado
que Guantánamo no debe ser
cerrado en tanto no concluya la
guerra contra el terrorismo, y
el senador republicano por
Oklahoma, Jim Inhofe, quien ha
presentado un proyecto de ley
que prohíbe la transferencia de
los detenidos en la base militar
e incluso ha afirmado, en un
video en Internet, que los
presos en Guantánamo gozan de
privilegios como el acceso a
dentistas y revisiones médicas,
y que esa es la prueba de que
nunca han sufrido ningún
maltrato.
En la medida en que el nuevo
gobierno de Washington no
complete el proceso que ha
iniciado con el cierre de
Guantánamo, difícilmente podrá
revertir por completo su imagen
negativa en el mundo ni podrá
avanzar en la reconstrucción
moral que necesita, pues será
responsable de la impunidad de
un agravio cometido contra la
humanidad en su conjunto. El
gobierno de Obama tiene la
palabra.
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Gentileza:: Guillermo C. Cohen-DeGovia
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