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Puerto Rico en la mirada
revolucionaria de Simón Bolívar
por Hiram Lozada Pérez*
Cuando las chispas de las
revoluciones independentistas en
el continente suramericano se
esparcieron a Puerto Rico, a
partir de 1815, España tuvo que
tomar medidas económicas y
políticas para preservar la
fidelidad y la dependencia en la
Isla. Se hizo pues necesario
dejar a un lado la política
centenaria del olvido y la
indiferencia y promover la
agricultura y la industria
local. Deliberadamente, Puerto
Rico era entonces la colonia
española más pobre de todas. La
corona había tomado medidas para
evitar que la Isla produjera
bienes manufacturados y tuviera
desarrollos de acumulación
capitalista. Por eso, por mucho
tiempo y casi toda la primera
mitad del siglo XIX, nuestra
economía era de subsistencia y
de relaciones feudales entre los
hacendados y la escasa mano de
obra de esclavos, jornaleros y
agregados.
Puerto Rico entre 1815 y 1830
A partir de 1815, España procuró
fomentar el desarrollo económico
de la isla, mediante la
expansión de la agricultura
comercial. Se decide también a
incrementar la vigilancia a los
esclavos y el control del
comportamiento ideológico de la
población. En el aspecto militar
se fortalecieron las milicias
como medida defensiva contra los
separatistas del patio y las
repúblicas vecinas.
En 1802 la población de la isla
era de 118,309 almas: 78,281
eran blancos,
55,164 eran mulatos, 16,414
negros libres y 13,333 esclavos.
La población caminaba hacia el
mestizaje. Entre 1815 y 1822 la
población aumentó con las
inmigraciones de decenas de
miles de familias leales al
régimen español, quienes huían
de las guerras revolucionarias
en Sur América. El desarrollo
económico de la colonia a partir
de 1815 se diseñó a la medida de
los intereses de inmigrantes
extranjeros y los peninsulares.
Aunque hubo unos breves e
intermitentes momentos de
liberalismo, entre 1812 y
1824, productos de los efímeros
períodos constitucionales en
España, la Isla sufrió durante
la mayor parte del siglo XIX de
gobiernos con facultades
extraordinarias y centralización
administrativa. A cambio de su
fidelidad, las élites y los
sectores dominantes obtuvieron
ventajas económicas y
comerciales. Se habilitaron
puertos en Ponce y Aguadilla, se
repartieron tierras baldías, se
redujeron los impuestos a la
exportación agrícola, hubo
liberalización del tráfico de
esclavos y se permitió el
comercio con Estados Unidos,
Inglaterra y las Islas del
Caribe. Las élites peninsulares,
extranjeras y criollas
obtuvieron ventajas económicas
sin la necesidad de hacer la
revolución.
Los trastornos producidos por la
revolución haitiana (1791 -
1804) y las guerras de
independencia en las colonias
españolas (1810 - 1824)
ofrecieron condiciones
favorables para las oligarquías
en Cuba y Puerto Rico. Se les
permitió el libre comercio de
sus productos con cualquier
puerto y barcos de cualquier
nacionalidad.
En Cuba y en Puerto Rico la
oligarquía y los sectores medios
se mostraron satisfechos con el
"status quo". La crisis de la
independencia en Sur América
produce bonanzas en Cuba y
Puerto Rico, en parte porque no
hay competidores. Las corrientes
políticas radicales e
independentistas, inspiradas por
los ideales de la Revolución
Francesa y del liberalismo
inglés, así como el ejemplo de
Bolívar, fueron dominadas y
reprimidas por las autoridades
realistas".
El régimen de privilegios para
los peninsulares y los
extranjeros recién llegados se
le niega a los criollos. Todo
para los incondicionales; nada
para los puertorriqueños,
excepto vigilancia, control y
represión.
Ello separa y define a los
criollos.
En la primera década del siglo
XIX se manifestaron en la Isla
las primeras tendencias
separatistas. En 1810 circula un
pasquín llamando a los
puertorriqueños a tomar las
armas. Las ideas revolucionarias
de Estados Unidos, Francia y
Haití se propagaban
discretamente por todo el país.
Se vislumbran los primeros
signos de la modernidad. Entre
1803 y 1806 se introduce la
imprenta. Se publica el primer
periódico, La Gaceta de Puerto
Rico, entre 1805 y 1806.
A partir de 1824, sobre Puerto
Rico se posa la larga noche del
absolutismo y la opresión. El
régimen conservador se propone
el control y la disciplina del
sector laboral, compuesto por
esclavos, libertos, agregados,
jornaleros y "vagos".
En el aspecto político, el
control incluía perseguir y
suprimir el incipiente
pensamiento separatista y
mantener las defensas de la Isla
alertas y preparadas para
repeler intentos de invasión de
las fuerzas independentistas de
Tierra Firme. En 1813 el
gobierno español creó cuerpos de
policía secreta en San Tomas,
Curazao y Venezuela para
detectar cualquier atentado
separatista. La política de
represión y opresión de los
gobernadores pudo apagar los
incipientes proyectos
separatistas dentro de la Isla.
En 1822 las autoridades española
lograron, con la ayuda del
gobernador holandés de Curazao,
desbaratar, antes del desembarco
por Añasco, la expedición del
alemán Ducoudray Holstein. Era
un plan bien fraguado y armado
para proclamar la República de
Boricua. Pero los(as)
historiadores(ras) no están
seguros(as) si fue una aventura
de mercenarios extranjeros o un
proyecto de puertorriqueños en
Mayagüez y Añasco o la
combinación de ambas cosas. Lo
cierto es que en tierras
puertorriqueñas fueron apresados
dos de los conspiradores, Dubois
y Romano, quienes fueron
fusilados en El Morro el 12 de
octubre de 1822.
Luego en 1825, fueron
desterrados los patriotas María
Mercedes Barbudo y su hermano
José, en cuya residencia en San
Juan conspiraban los
separatistas. Así las cosas,
cualquier proyecto libertador
tenía que venir del exterior,
desde el continente
suramericano.
La revolución independentista en
la América Española
La historiografía coincide en
que la revolución
independentista del continente
suramericano fue inicialmente
obra de los terratenientes, los
grandes comerciantes y la
aristocracia criolla. Fue una
revolución de arriba hacia
abajo. La dependencia política
con respecto a España era un
obstáculo al desarrollo de
América Latina. La política
mercantilista y monopolista de
la metrópoli impedía el
desarrollo de las empresas
americanas.
Las oligarquías latinoamericanas
rechazaron los movimientos
liberales de la España
republicana. Pero cuando regresó
el absolutismo y se restauró la
monarquía bajo Fernando VII en
1814, los criollos ricos ya no
estaban dispuestos a regresar al
antiguo régimen.
Durante los años de la guerra en
el continente (1815 - 1824), los
puertorriqueños esperaban por su
desenlace, escuchaban rumores y
temían o deseaban una invasión
de fuerzas revolucionarias,
desde México o Colombia,
mientras los sectores dominantes
se enriquecían.
Los rumores eran ciertos. El 15
de junio de 1815 hubo una
reunión entre puertorriqueños,
cubanos, mexicanos y dominicanos
en Ciudad de México, en la cual
se firmó un poder a favor del
cubano José Álvarez de Toledo,
para que organizara un ejército
libertador que sacara a España
del Caribe. Washington estuvo
muy atento. El presidente Monroe
le pidió a Álvarez que se
trasladara a Washington y le
diera detalles. Parece que
Washington hubiera apoyado este
proyecto para impedir que los
ingleses se apoderaran de las
antillas españolas.
Puerto Rico en los planes del
Libertador
Porque en la isla no existía un
proyecto libertador organizado,
que lograra amortiguar o
resistir los mecanismos
represivos, la única alternativa
libertadora tenía que venir
desde afuera. Juan Bosch lo
expresa de esta manera: "El
puertorriqueño no podía
rebelarse porque vivía inmerso
en un ambiente de poder militar
que lo paralizaba".
En 1823 los patriotas cubanos y
puertorriqueños coincidían en
que la libertad de ambas islas
dependía de la ayuda del
ejército del Libertador y sus
generales. Había que esperar que
la guerra terminara en el
continente, que se expulsara
definitivamente a los españoles
del Perú y que se consolide la
independencia.
Pero había otro inmenso
problema. Los Estados Unidos no
simpatizaban con ninguna acción
en el Caribe que afectara el
"status quo". Apoyaban
abiertamente la continuación de
Cuba y Puerto Rico bajo el
colonialismo español. Manuel
Maldonado Denis señala que
Estados Unidos impidió, junto
con Inglaterra, que la obra
libertadora de Bolívar incluyera
la liberación de Cuba y Puerto
Rico. Lo cierto es que no se
dieron las condiciones
favorables para ello. Los planes
de anexión o la ocupación de
ambas islas, de una forma u
otra, era parte de la política
expansionista de los Estados
Unidos desde la presidencia de
John Adams (1797 - 1801) en
adelante. Cuando llegara el
momento, sería más fácil para
Estado Unidos comprarlas o
tomarlas de España.
Bolívar siempre tuvo en sus
planes la liberación de Cuba y
Puerto Rico. Lo dice temprano en
1815 en su Carta de Jamaica.
Y lo repite en 1820 en una carta
al general Santander. Pero
también conocía de la oposición
de Estados Unidos y del interés
de Inglaterra de ocupar ambas
islas.
En 1823, con la participación de
revolucionarios cubanos, hubo un
proyecto de expedición a las
islas bajo las órdenes del
General Manuel Manrique.
Pero el proyecto se detuvo con
la muerte de Manrique en 1823.
Ese mismo año, el general
Antonio Valero (1790 - 1863),
quien nació en Fajardo, Puerto
Rico, llegó a Venezuela desde
México. Entonces le expresó al
general Santander,
vicepresidente de la república
colombiana, su proyecto de
atacar inmediatamente a los
españoles en Cuba y Puerto Rico.
Santander le contestó que había
que aplazar el proyecto porque
todo el presupuesto y el
ejército del país estaban
empeñados en la campaña del
Perú.
En 1824 Valero se reunió con
Bolívar en Lima. Estuvo
acompañado del patriota cubano
José Agustín Arango. Bolívar les
dijo lo mismo que les había
dicho Santander. Pero dijo más.
Dijo que había pensado hacía
tiempo en el plan de echar a los
españoles de las Antillas y que
lo había prometido al coronel
José Rafael Heras, hijo de Cuba,
quien luchó en Carabobo y murió
en Venezuela.
En enero de 1827, cuando
Inglaterra amenaza con la guerra
a España, por motivo de
controversias entre la última y
Portugal, Bolívar consideró que
sería el mejor momento de atacar
a los españoles en Cuba y Puerto
Rico. Le propuso al general José
Antonio Páez dirigir una
expedición de
10,000 hombre de infantería y
1,000 de caballería, que
contaría con la ayuda de México.
El plan tenía tres objetivos:
(1) culminar el proyecto de
liberar a toda América del
dominio español, (2) garantizar
la estabilidad de Colombia y el
sosiego de sus regiones besadas
por el Mar Caribe, y (3) dar
empleo útil al ejército
colombiano, el cual no veía
acción desde las guerras en Perú
y en el Alto Perú, hoy Bolivia.
Bolívar entendía que la ocasión
era favorable para la deseada
expedición a Puerto Rico,
primero, y después, a Cuba.
Inglaterra le hubiera provisto
de buques y dinero. Y entonces,
pese a la oposición de Estados
Unidos, llevaría a cabo la
empresa militar. Pero no hubo
entonces guerra entre Inglaterra
y España. La oportunidad única
se esfumó.
Bolívar conocía muy bien cuál
era la posición de Estados
Unidos. Por eso no le agradó que
Santander invitara a los Estados
Unidos al Congreso de Panamá en
junio de 1826.
Estados Unidos maniobró contra
los objetivos bolivarianos del
Congreso Anfictiónico en Panamá.
Aunque sus delegados no
acudieron - uno falleció en el
trayecto y el otro llegó tarde
-, la sombra negativa de sus
influencias afectaron los
debates. Bolívar intentó, sin
éxito, la creación de un cuerpo
político permanente que sirviera
de vínculo federativo entre los
nuevos estados latinoamericanos.
En cuanto al asunto de la
independencia de Cuba y Puerto
Rico, Bolívar propuso una
expedición, costeado por todos
los Estados participantes,
Colombia, Perú, Guatemala y
México. Pero estos se limitaron
a expresar vagamente que "el
estado actual de las islas de
Cuba y Puerto Rico es
incompatible con la seguridad de
sus respectivos países."
El Libertador entendía que una
expedición a Puerto Rico sería
más fácil que la invasión a
Cuba. No encontramos las bases
de esta teoría del Libertador.
En 1815 se había lamentado que
Puerto Rico era una de las
posesiones que más
"tranquilamente" tenían los
españoles, a pesar de los
vejámenes. No sabemos, por otro
lado, cuánta información tenía
Bolívar sobre la situación
interna de esta Isla en 1827.
Valero, quien desde la infancia
no había visitado a su país
natal, no le hubiera podido
informar de datos pertinentes.
En cuanto a Cuba, el Libertador
se había reunido con numerosos
patriotas cubanos, quienes le
aseguraban que allí habría una
insurrección, sobre todo en la
región camagüeyana, que apoyaría
la expedición de su ejército.
En febrero de 1827, pasada la
euforia de la victoria en Perú,
Bolívar sopesó los factores
internos y externos que lo
obligaban a aplazar cualquier
expedición a las Antillas. Entre
sus consideraciones estaban las
siguientes: (1) Colombia no
tenía los recursos económicos
para asumir, sin el apoyo de
Inglaterra, una empresa de tal
magnitud; (2) los conflictos
políticos y personales entre él
y Santander, entre éste y Páez,
y las intrigas y maquinaciones
de agentes estadounidenses; más
(3) las presiones externas de
Inglaterra y Estados Unidos.
Algunos patriotas cubanos,
desilusionados, pensaron que el
proyecto frenado no fue otra
cosa que un ardid diplomático
para inquietar a España y
desalentar sus intentos de
restaurar, con otra guerra, su
dominio perdido en el
continente.
Lo cierto es que nunca sabremos
cuál sería la suerte de una
expedición libertadora en Puerto
Rico, cómo la hubieran recibido
los diversos sectores de la
población, cuánto hubieran
resistido las fuerzas españolas
y qué hubiera hecho los Estados
Unidos. Nunca lo sabremos.
No obstante, no hay dudas del
fervor del Libertador de
extender su misión histórica a
Cuba y a Puerto Rico, porque
eran bastiones de las
oligarquías españolas y guaridas
de donde partían las agresiones
a las jóvenes repúblicas. Entre
1824 y 1827, el entusiasmo de
Bolívar por la expedición osciló
entre el optimismo exaltado y el
frío pragmatismo.
Cuando se enteró de la victoria
del general Sucre en Ayacucho en
1824, "se puso a bailar como un
loco." Estaba loco de alegría.
Es posible que en ese momento
pensara que su ejército era
invencible. La campaña del Perú
fue titánica. Tuvo que vencer a
las fuerzas de la naturaleza y
descender de los picos nevados
de los Andes. Allí estaba el
ejército español en su plaza más
poderosa y protegida. La
oligarquía y el pueblo peruano
no lo esperaban con los brazos
abiertos. Según John Lynch, "los
peruanos eran indiferentes a una
y otra causa." En ese estado de
euforia, Bolívar probablemente
no consideró las dificultades de
una expedición a las islas del
Mar Caribe. Sus naves cargadas
de tropas, bestias, armamentos y
víveres podrían ser fácilmente
destruídas por la poderosa
Marina de Guerra de los Estados
Unidos o por sus corsarios. La
oposición de Estados Undios no
era meramente diplomática.
Ofreció a España una flota y un
ejército para bloquear los
esfuerzos de Bolívar.
La expedición a Cuba y a Puerto
Rico exigía de planes
estratégicos y logísticos muy
distintos a los escenarios
bélicos en Tierra Firme..
Después de la euforia, el
Libertador pensó en todo eso y
se convenció de que sin la ayuda
de Inglaterra y otros países,
como México, no era posible el
proyecto.
Luego, entre 1828 y 1830, ya no
pensaría más en la expedición
caribeña. Ese fue "el período
más sombrío de su carrera.." Fue
humillado, traicionado,
vilipendiado y escapó por pura
suerte de un intento de
asesinato.
Con la muerte de Bolívar en
1830, murió también la
posibilidad de una expedición
militar libertadora a Cuba y
Puerto Rico.
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Siglos de Historia.
*El
autor es abogado y presidente de
la Asociación Americana de
Juristas, Capítulo de Puerto
Rico.
NUESTRA AMÉRICA
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Gentileza:: Raul Max
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