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CSA convoca a 3ª Jornada
Mundial por Trabajo Decente
Víctor
Báez Mosqueira
ALAI AMLATINA
En esta fase histórica, más
que nunca antes, las condiciones
y posibilidades técnicas,
materiales y económicas
instaladas a nivel mundial
permiten objetivamente liberar a
la Humanidad de buena parte de
los trabajos más duros, reducir
el tiempo de trabajo del
conjunto de la población
liberando tiempo y energías para
ulteriores avances sociales. En
esta fase, la riqueza producida,
que básica y principalmente y en
esencia es solamente producción
social y colectiva, podría
distribuirse equitativamente y
servir para resolver, como
mínimo, los problemas más graves
(hambre, pobreza como mínimo) de
la población mundial y para
realizar planes de rescate de la
deuda ecológica con el planeta.
En esta fase, sin embargo, hasta
el trabajo esclavo o en
condiciones análogas continúa
siendo una realidad presente y
hasta cuantitativamente
importante en el campo y
ciudades de los países de
nuestra América, incluso en
países de la Unión Europea donde
son explotados millares de
inmigrantes muchas veces en
total ilegalidad y con total
impunidad. De otro lado, la
dimensión gigantesca de la
llamada "economía informal", que
en algunos países supera hasta
el 50% del PIB, deja
directamente en la ilegalidad,
sin contratos, sin derechos
laborales, sin seguridad social,
salud… sin Derechos Humanos, a
millones de trabajadoras y
trabajadores.
El problema, para mayor
desgracia, no acaba por ahí. Los
procesos de desregularización,
tercerización y flexibilización
promovidos durante las últimas
décadas han profundizado la
precarización del trabajo y los
derechos laborales y, en
consecuencia, sociales. Hasta el
punto de que no tener garantías
de trabajo futuro en condiciones
mínimas suficientes, no
solamente devino realidad para
la mayoría de trabajadores, sino
que, además, pasó a formar parte
del discurso oficial, del
pensamiento único, según el cual
el sacrosanto crecimiento
económico (entendido en los
términos de los intereses del
capital financiero especulativo
principalmente) necesita de un
mercado laboral lo más funcional
posible a esos intereses. Las
trabajadoras y trabajadores
están condenados a aceptar
cualquier oferta que surja en
diversos sectores de producción
o, incluso, diversas regiones
del país o hasta en otros
países. O sea, la llamada de
movilidad funcional y
geográfica.
Hay que añadir, además, que,
como la cumbre presidencial
iberoamericana de Lisboa de 2009
reconoció, se producen en
nuestro continente unos 30
millones de accidentes laborales
al año, y 240 mil muertes
anuales (sin contar las
enfermedades que se originan en
el trabajo). Una muerte casa dos
minutos.
En un contexto como este, la
Confederación Sindical de
Trabajadoras y Trabajadores de
las Américas (CSA) y la
Confederación Sindical Mundial (CSI)
vienen promoviendo la lucha a
nivel mundial por el Trabajo
Digno.
Entendemos que es una lucha
fundamental y que envuelve al
conjunto de las trabajadoras y
trabajadores, no solamente como
una cuestión legítima y
necesaria de solidaridad con los
casos más extremos.
Entendemos también que no se
limita al ámbito de los
conflictos exclusivamente
laborales (si es que esos
conflictos exclusivos existiesen
realmente), porque sin trabajo o
con trabajo sin condiciones
mínimas suficientes de garantías
técnicas, horarias, salariales,
de salud o formación, de trabajo
decente, en definitiva, no se
puede vivir con dignidad ni en
el propio trabajo ni en general.
Esta lucha, por tanto, es
también responsabilidad del
conjunto de ciudadanas y
ciudadanos, de organizaciones y
movimientos sociales
comprometidos en la búsqueda de
una sociedad justa y solidaria.
Desde este entendimiento, hemos
convocado la 3ª Jornada Mundial
por el Trabajo Decente (JMTD),
el próximo 8 de octubre de 2010,
en base a tres exigencias:
1. El crecimiento y unos puestos
de trabajo decentes, y no
medidas de austeridad, resultan
esenciales para superar la
crisis y poner fin a la pobreza.
2. Servicios públicos de calidad
son fundamentales para llevar
una vida decente y no deben ser
recortados en aras de la
consolidación fiscal.
3. El sector financiero tiene
que pagar el daño que ha causado
y ponerse al servicio de la
economía real y responder a las
necesidades humanas reales.
El año pasado se realizaron 472
acciones en 111 países. Para la
movilización de este año,
estamos convocando a todas las
centrales afiliadas a la CSA, al
conjunto de organizaciones
sindicales y sociales del
Continente para tomar en sus
propias manos el proceso de
construcción de esta jornada
mundial, una construcción que
pueda estar jalonada de
actividades en países, ciudades,
barrios, lugares de trabajo,
hasta la celebración unificada
el 8 de octubre de una gran
movilización en las Américas y
el Mundo.
- Víctor Báez Mosqueira es
Secretario General de la
Confederación
Sindical de Trabajadores/as de
las Américas (CSA)
Agencia Latinoamericana de
Información
info@alainet.org
Gentileza:: Alai-AmLatina
[alai-amlatina@alai.info]
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