|
Individualismo contra
solidaridad
por
Enrique Ubieta Gómez
Recuerdo que fue la
conductora del programa de CNN +
la que me lanzó la pregunta
tramposa: pero los seres
humanos, ¿no somos los mismos en
todas partes? No se refería,
claro, a sentimientos
universales, como el amor o el
odio, sino a la manera de
entender conceptos sociales,
indiscutiblemente históricos,
como el de libertad. Hablábamos
sin embargo de proyectos de vida
esencialmente opuestos: los que
sustentan al capitalismo, y al
socialismo (al menos, como
ideal). En el debate que
sostuvimos en el programa 59
Segundos de la Televisión
Española, el representante del
PSOE, ante a la evidencia de que
por iguales delitos –recepción
de dinero de un país extranjero
para la subversión interna, sea
o no pacífica--, la justicia
española prevé sanciones incluso
mayores que las cubanas, se
refugió en un argumento que
cercenaba toda posibilidad de
discusión: "pero Cuba no es un
estado de derecho".
La frase, no obstante, puede
aceptarse con una adición que
modifica su significado: Cuba no
es un estado de derecho burgués
(pero sí es un estado de
derecho). La relación entre los
valores –siempre históricos--,
socialmente aceptados y la
jurisprudencia es obvia: las
leyes de un país refrendan sus
códigos morales, o son letra
muerta.
Acudo a estos ejemplos, para
explicar la sordera y la ceguera
programáticas de las
trasnacionales de prensa (y de
los políticos del sistema,
rosados, verdes o azules) en
torno a cualquier alternativa de
organización social: el
capitalismo no acepta la
existencia de otras formas de
vida, a no ser como
manifestación de barbarie (o
como ilegalidad). La no
aceptación es parte de su
instinto de sobrevivencia. En
muchos países donde existe
colaboración médica cubana, el
Colegio Médico local
(organización gremial) la
considera ilegal. ¿Por qué? Los
cubanos van a las zonas más
apartadas y/o peligrosas, no
cobran más que un estipendio
mínimo, conviven con los
pobladores más pobres y
comparten sus condiciones de
vida. Absolutamente subversivo.
Lo que para cualquier observador
imparcial y sobre todo, para los
pobladores beneficiados, es un
derecho y un acto de solidaridad
elemental, aparece como ruptura
de la "legalidad" capitalista.
El pasado 16 de agosto The Wall
Street Journal, en un artículo
de María C. Werlau titulado "El
programa cubano de médicos por
dinero", acusa a Cuba de
explotar a sus profesionales de
la salud. La acusación que
formula parece inaudita, pero es
coherente con una legalidad (y
una moral) que prioriza el
enriquecimiento del médico –su
interés exclusivo como
individuo--, por sobre la
necesidad del paciente, es
decir, a costa del interés
colectivo. Prioridad que es
inherente a un sistema que
estimula, como motor impulsor,
el más descarnado
individualismo. La autora
considera que el
internacionalista cubano es
obligado "a trabajar jornadas
extremadamente largas en zonas
peligrosas, incluidas áreas
urbanas con altos índices de
crimen y en la selva". Y no
recibe a cambio el salario que
los médicos locales exigirían.
Es, consecuentemente, un
"esclavo moderno".
Werlau evalúa el comportamiento
de un internacionalista según
las reglas convenidas para un
médico del sistema: la ruptura
de esas reglas es explicada
–solo puede explicarse--, en
términos de desvío delictivo. El
internacionalismo, la
solidaridad, son crímenes,
porque atentan contra la ética
del individualismo. Werlau no
puede (ni quiere, desde luego)
situarse en la piel de un
internacionalista; no concibe
otra motivación humana que no
sea el dinero, ni cree que el
humanismo pueda convertirse en
meta de realización personal.
Cita el testimonio de médicos
que han desertado bajo el
influjo de una campaña mediática
–y facilidades excepcionales
para la emigración y el
asentamiento en Estados
Unidos--, diseñada para incitar
en ellos los valores del
individualismo. Aunque maneja
una cifra (no me tomo el trabajo
de verificarla) de 1 500
desertores, unos párrafos antes
afirma que Cuba mantuvo en el
exterior durante el pasado año
un total de 38 544 profesionales
de la salud. Es una cifra
irrisoria, si tomamos en cuenta
que los valores del
individualismo son predominantes
en los países donde los cubanos
prestan esos servicios.
Fidel recibió a la brigada
médica que censaba y atendía en
Bolivia a personas
discapacitadas de escasos
recursos, que llegaba a Cuba
para unas breves vacaciones. Y
explicaba en su mensaje de
bienvenida algo que las
corporaciones de prensa y los
políticos del capitalismo nunca
podrían aceptar, porque estarían
de hecho aceptando la
posibilidad y la necesidad de un
mundo mejor, necesariamente
anticapitalista: "Las personas
que ustedes atienden, portadores
de una gama de sufrimientos, los
retribuyen a ustedes con la
felicidad de hacer el bien, algo
que no se compra con todo el oro
del mundo. Ello demuestra que el
ser humano, por encima de sus
instintos, es capaz de
convertirse en símbolo de la
generosidad y el bien.
Nadie podría explicarse de otra
forma el incansable batallar de
ustedes, enfrentándose al calor,
la lluvia y los peligros;
atravesando bosques y pantanos;
desafiando el frío y las nieves
de empinadas montañas, para
ayudar a esos seres que no
podrían prescindir de ustedes,
como hoy ustedes no pueden
prescindir ya de ellos".
Dentro de dos semanas esos
internacionalistas viajarán a
Ecuador para continuar el
trabajo que realizaron en
Venezuela y en Bolivia. Pero The
Wall Street Journal y la Werlau
seguirán sin ver, sin escuchar,
sin entender.
Fuente: La Isla Desconocida
Gentileza:: Pica
[pica@cubarte.cult.cu]
paginadigital |