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La lucha en Puerto Rico
continúa
Marco A.
Gandásegui, h.
ALAI AMLATINA
El estudiantado
universitario de Puerto Rico
acaba de obtener una victoria
contundente contra los
gobernantes de la colonia
norteamericana que pretendían
someter a la Universidad
nacional de ese país a políticas
neoliberales de recortes,
producto de la crisis interna
que experimenta la economía de
EEUU. El triunfo estudiantil
también tiene que verse en el
contexto de las luchas por la
independencia del pueblo
borinquen. Desde fines del siglo
XIX, Puerto Rico es una colonia
de Washington que la ha sometido
a la represión y militarización.
Sin este antecedente de lucha
anticolonial no puede entenderse
a cabalidad la trascendencia
política y cultural de la
victoria obtenida por el
estudiantado de la Universidad
de Puerto Rico (UPR) en la
huelga de dos meses que acaba de
concluir en defensa del derecho
de los jóvenes a la educación
pública. Los estudiantes
conquistaron el apoyo de grandes
sectores del pueblo castigados
por las medidas neoliberales del
gobernador anexionista Luis
Fortuño. Los estudiantes
consiguieron casi todo lo que
exigía su pliego petitorio. En
la primera asamblea nacional
celebrada en la historia de la
UPR, con la asistencia de
representantes de los 11 centros
regionales confirmaron los
acuerdos a que llegó el Comité
Nacional Negociador con la
directiva de la casa de
estudios.
Adicionalmente, la asamblea se
pronunció por un voto preventivo
en favor de decretar una nueva
huelga general en caso de que se
intente aumentar las matrículas
que pagan los estudiantes. "El
estudiantado se opone a que se
aumenten los costos de estudio,
sobre todo a la imposición de
una cuota en enero de 2011… y
dejamos claro que haremos todo
lo necesario para detener esa
cuota". Según Angel Guerra, del
periódico La Jornada, "la huelga
estudiantil de Puerto Rico se
distingue por la vibrante y la
militancia creativa de sus
protagonistas. Para la mayoría
de los estudiantes ésta era su
primera experiencia de
participación política.
El movimiento también se
distinguió por su radicalismo
democrático, ejemplo para las
nuevas generaciones de América
Latina, en especial en estos
tiempos en que el sistema
dominante intenta –y logra con
frecuencia– enajenar a los
jóvenes con el consumismo y
alejarlos de la actividad
política".
En las luchas sociales y
políticas de Puerto Rico, debido
a su condición colonial, se
manifiesta con particular
énfasis –explícita o
implícitamente– la resistencia
frontal contra la dominación de
Washington. Ello favorece la
vinculación de las
reivindicaciones nacionales con
las sociales, el impulso de unas
por otras, un ingrediente
indispensable en las luchas de
liberación de los países
dependientes. Así, los
estudiantes de la UPR –y los
docentes que se les han sumado
en número creciente– están
luchando contra una directiva de
la entidad calificadora de
universidades de EEUU que urge a
reducir drásticamente la
contribución a la universidad
del presupuesto del llamado
Estado Libre Asociado.
A la vez, el movimiento
estudiantil se enfrenta a una
camarilla neoliberal entronizada
en la administración
universitaria que, a tono con
las directivas imperiales, ha
endeudado alegremente al alto
centro docente mientras intenta
descargar los costos sobre los
estudiantes. El objetivo es
privatizar la UPR, liquidando
así un centro de educación
pública que ha llegado a ser
crucial en el fomento del
pensamiento crítico, el
desarrollo del arte y la
investigación científica y, en
suma, la preservación de la
identidad y la conciencia
nacionales de Puerto Rico.
Uno de los voceros estudiantiles
dijo una frase lapidaria a
propósito de la victoria lograda
con la huelga: "Este movimiento
no se queda aquí, continúa". Los
pueblos del continente
latinoamericano han demostrado
que la lucha por la universidad
autónoma, nacional y pública es
la lucha por un país
independiente y un pueblo
soberano.
Mejor ejemplo de esa realidad es
el caso de la Universidad de
Panamá. En esta casa de estudios
superiores se formaron los
jóvenes y los intelectuales que
hicieron realidad la evacuación
de las tropas de ocupación
norteamericana de la Zona del
Canal. La sociedad moderna se
basa en la transformación de lo
tradicional, en la constante
lucha por el progreso. El
progreso y el desarrollo
requieren de condiciones que
sólo el trabajo y la educación
pueden ofrecer. El trabajo
produce hombres y mujeres
pensantes, pendientes de sus
verdaderos intereses para lo
cual se organizan. La educación
moldea a las nuevas generaciones
que son capaces de concebir ese
mundo nuevo a la cual tiene
derecho la humanidad. Las ideas
de la juventud, basadas en la
realidad concreta y en el legado
de muchas generaciones,
contagian a la nación que
proyecta sus aspiraciones hacia
el futuro.
La isla borinquen con una
juventud progresista y
trabajadora le está dando
señales claras al mundo que
pronto se sacudirá las cadenas
coloniales.
- Marco A. Gandásegui, hijo es
Profesor de la Univerisdad de
Panamá e
investigador asociado del CELA -
http://marcoagandasegui10.blogspot.com
(2010)
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