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La realización y
universalización del acto
creativo: "Pinta tu aldea y
pintarás el mundo"
Leo Vinci
El Arca Digital
A partir de la curiosidad
que el hombre experimenta hacia
el mundo, se pone en movimiento
el proceso de observación y de
comprensión que concluirá en el
acto creador, nacido, éste, de
una necesidad latente que espera
su concreción. Por su parte, la
espontaneidad y la improvisación
conspiran contra el proceso del
conocimiento, el “lo hago como
lo siento”, erosiona la base de
la creación válida.
Conocimiento, sensibilidad y
técnica componen el trípode de
la tarea creadora. En esta nota
el Maestro Leo Vinci expone,
además, sobre la universalidad y
la culturización del arte en la
medida de su singularidad y el
respeto por otras
civilizaciones.
Leo Vinci, "Ensimismo". Todo ser
humano posee una potencialidad
creadora, pero cada uno la
desarrolla de acuerdo con sus
posibilidades e inclinaciones.
Cada faceta de la actividad
humana puede ser desarrollada
creativamente y todos
disfrutamos de los aportes
creativos del pasado y el
presente.
Esa característica es la que nos
diferencia de los animales,
aunque pertenezcamos a su mismo
reino.
Posiblemente no podamos explicar
fehacientemente de qué se trata
eso de la creación, pero podemos
decir que hay una pulsión, un
impulso vital que lleva al
hombre a desarrollar esa
capacidad que se concreta a
partir de su curiosidad hacia el
mundo que lo rodea, a su afán de
probar, experimentar, combinar,
mezclar, unir, romper y desarmar
para observar y comprender.
Pero además, el acto creador en
cualquiera de sus
manifestaciones no surge
gratuitamente, siempre hay una
necesidad que está esperando ser
cubierta, no importa que sea
consciente o inconsciente, no
importa que sea buscada o
encontrada, siempre hay una
necesidad latente que espera.
El descubrimiento, logrado por
investigación o por casualidad,
la aventura de introducirse en
lo desconocido, ese es el canal
que permite finalmente llegar a
la creación.
Como vemos, el arte también anda
por los mismos senderos, solo
los resultados de cada una de
las actividades humanas
difieren, son como facetas de un
mismo diamante o las del ojo
compuesto de algunos insectos,
ya que entre todos recogen y
transmiten la imagen total.
Aquel que por apurado prescinde
de esa búsqueda, de ese trabajo,
de ese esfuerzo, difícilmente
logre concretar un acto creador
pleno.
Es común observar en el medio
artístico que muchos hacen caso
omiso de este proceso
argumentando que solo es válida
la libertad de creación,
exaltando los valores de la
espontaneidad y de la
improvisación, como si eso solo
alcanzara para hacer valedera
una obra, “lo hago como lo
siento”, es una frase muchas
veces utilizada, pero cómo puede
crear algo válido quien no
domina el lenguaje que
corresponde, ni los instrumentos
de ese lenguaje, ni las técnicas
que lo hacen viable y, sobre
todo, quien no domina el
conocimiento, que no pasa por lo
técnico ni por lo sensible; ese
es el propósito de este trabajo,
el de aportar los sentimientos
básicos que permitan acercarse a
ese conocimiento que es la
tercera parte del trípode en el
que se basa toda tarea creadora,
las otras dos, como ya dijimos,
son la sensibilidad y la
técnica.
La espontaneidad y la
improvisación no son valores en
si mismos, no será lo mismo si
los ejerce un ignorante que un
sabio, cada uno le dará lo que
su capacidad le permita, el
primero desde su ignorancia no
aportará nada importante, el
segundo desde su conocimiento
dará algo trascendente.
Muchas veces se confunde el
conocimiento con la información,
pero no es lo mismo, sobre todo
en estos tiempos en que la misma
sobreabunda tanto que llega a
confundirnos.
Pensemos además que mucha de esa
información es tendenciosa e
interesada, ya que esta está
guiada por un sentido ideológico
o mercantilista que la desvía de
su objetivo básico.
Hoy más que nunca debemos
ejercer un gran poder de
selección para poder distinguir
cuáles son los verdaderos
aportes que deben ser
aprovechados y cuáles habrá que
desechar por inservibles o
distorsionantes.
Si bien esto es válido para toda
actividad humana, se hace mucho
más importante para quienes
desarrollan disciplinas
creadoras, principalmente en el
arte.
Sabemos que ese tipo de
información no es solamente
local sino que proviene de
centros de poder que transmiten
sus propias pautas culturales
superponiéndolas a las de
nuestra propia cultura.
Esto no quiere decir que debamos
ignorar lo que otras culturas
producen, muy por el contrario,
ya que ese tipo de informaciones
es una posibilidad que nos
ofrece la nueva tecnología, pero
una cosa es enriquecerse con
dicha información y otra muy
distinta es suponer que debemos
tomarla como modelo para nuestra
propia creación.
Bienvenidos sean todos los
aportes culturales que amplíen
nuestra visión del mundo y de la
realidad actual, pero debemos
entender que nuestra tarea es
elaborarlos e interpretarlos
desde lo que somos como cultura.
El arte es universal en la
medida de su singularidad, la
famosa frase “pinta tu aldea y
pintarás el mundo” lo dice todo,
cada cosa es universal porque es
solamente lo que es, si un
animal quisiera ser todos los
animales sería un monstruo.
A veces se confunde lo universal
con lo internacional y ahí
comienza el problema; lo
internacional carece de
identidad, es decir, de
singularidad, es la mejor forma
de crear híbridos y los híbridos
no tienen descendencia, o sea,
no tienen proyección hacia el
futuro que es a lo que apunta
todo acto creador.
Uno de los pomposos argumentos
de quienes dicen que el arte se
ha internacionalizado es que
hoy, como nunca antes, las
noticias de todos los
acontecimientos, importantes o
no, llegan simultáneamente a
cualquier lugar del planeta,
todo el mundo está informado al
mismo tiempo sobre las mismas
cosas, por lo tanto, el producto
cultural tenderá a ser semejante
en todos lados.
Este razonamiento muestra una
falta de comprensión de lo que
siempre ha sucedido en la
historia de la cultura
universal.
Los grandes y verdaderos
acontecimientos se han dado
desde siempre al mismo tiempo en
todo el mundo sin que esto
produjera una cultura similar en
todo el planeta.
¿O no fueron grandes
acontecimientos para los
primeros hombres, el nacimiento
del sol, la muerte, la vida, la
lluvia, el trueno, el relámpago
etc.? Sin embargo cada pueblo,
cultura, hizo su propia
interpretación de los mismos
acontecimientos que por supuesto
son mucho más importantes que la
más importante de las noticias
diarias que nos aportan los
medios de comunicación.
Hoy continúa sucediendo lo
mismo, cada pueblo, desde su
realidad, que dista mucho de ser
igual en todo el mundo, hace su
propia interpretación de los
sucesos grandes o pequeños, lo
que da como resultado una
identidad propia para cada
pueblo, tanto en su filosofía
como en su religión o en sus
expresiones artísticas.
Sin embargo, es común observar
en las artes plásticas como
muchos de sus cultivadores se
alían a formas, tendencias o
ismos provenientes de centros
cuya problemática es otra y que
por lo tanto generan formas de
expresión acordes con su
exclusiva realidad.
Travestismo cultural
En todo caso el ejemplo que
deberíamos tomar de esas
expresiones culturales, es el de
hacer lo mismo que ellos, o sea
crear, a partir de su
interpretación de la realidad
que les toca vivir, que puede
tener semejanzas con la nuestra
pero seguramente que no es la
misma.
Así ha sucedido con todas las
grandes culturas que hoy
admiramos, lo que debemos tomar
de ellas no es su manera de
interpretar la realidad que
vivieron, sino su capacidad para
crear, a partir de ella, las
obras que les dieron
trascendencia.
Este cholulismo, propio de
mediocres, se da mucho en el
mundo de los negocios, la
publicidad y el comercio; donde
suplantan términos en nuestro
idioma por otros en inglés
haciendo sentir a quienes los
emplean que pertenecen a un
estatus más alto, no se dan
cuenta que esas culturas que
ellos admiran, no sin razón, no
hacen lo mismo, sino que todo lo
designan en su propia lengua.
Eso es lo que habría que imitar
para no caer en un travestismo
cultural propio de quienes no
tienen identidad, que es lo
mismo que no tener dignidad.
También es dable observar que
muchos artistas plásticos, por
adoptar una posición contraria a
quienes toman pautas surgidas de
los grandes centros culturales
de Europa o de los Estados
Unidos, dirigen su mirada hacia
las culturas primitivas de
América como si fueran herederos
de esas culturas.
De esta forma vuelve a cometerse
el mismo error, ya que de ellas
se toma solamente un
estereotipo, porque las imágenes
generadas por estas culturas
pertenecían a creencias propias
cosa que hoy en gran parte
desconocemos.
El gran valor de esas admirables
culturas que hoy llamamos
primitivas es el de haber creado
una imaginería acorde con esas
creencias.
Nosotros que pisamos este suelo
muchos siglos después, que no
heredamos su sangre, sus
costumbres, sus creencias, somos
tan extraños a ellos, que tomar
estereotipadamente su imaginería
sin conocer, y lo que es peor,
sin creer en ellos creían, es
cometer una herejía y faltarles
el respeto a esos pueblos que
decimos admirar.
Repitiendo lo dicho más arriba,
debemos decir también que en
este caso se comete el mismo
error de los que están atentos a
lo que se produce en los centros
antes aludidos, porque terminan
buscando en otro lugar y en otro
tiempo lo que pueden encontrar
aquí y en este tiempo.
No obstante lo dicho, hay
artistas actuales que viven en
los lugares donde se gestaron
esas culturas y son herederos de
su pasado, están consustanciados
con su historia, sus creencias y
su lenguaje, y pueden entonces
desarrollar su obra a partir de
ese pasado que sí les pertenece.
Hemos oído muchas veces a
quienes se rasgan las
vestiduras, lamentando que no
tengamos un gran pasado o
usándolo como excusa que
justifique el tener que buscar
pautas afuera.
Pero esas mismas personas son
las que nos hablan maravillas de
culturas a las que admiran
(sobre todo aquellas muy
alejadas en el tiempo), sin
percibir que esas culturas
tampoco tuvieron un gran pasado
o directamente no lo tuvieron.
Respondamos entonces a nuestra
realidad, creando a partir de
ella, arriesgándonos a
equivocarnos por intentarlo,
seamos artífices de nuestro
presente que será el pasado de
quienes nos sigan en el tiempo,
el pasado de nuestros hijos
debemos crearlo ahora.
En música hablamos de
intérpretes y de compositores,
los dos son considerados
maestros, el grado de creación
en cada uno es distinto pero
ambos son indispensables para
que la música sea posible.
El compositor será sin embargo
el que con su obra, sabiéndolo o
no, represente o testifique su
tiempo, el intérprete o
ejecutante a pesar de poseer
también un grado de creación no
necesariamente deberá cubrir ese
rol.
En las artes plásticas, las
cosas no son tan claras, los
intérpretes y los compositores,
salvo para los muy entendidos,
ocupan el mismo casillero y esto
lleva a confusión.
Los intérpretes son
fundamentales para el
conocimiento y la difusión de la
obra de los creadores y los
grandes intérpretes enriquecerán
y hasta podrán reforzar el valor
que éstas posean a través de la
maestría con que las ejecuten,
esto vale tanto para músicos
como para artistas plásticos, es
que la energía que los primeros
ponen en su interpretación, los
segundos deberán ponerla en su
creación.
A nadie se le ocurriría juzgar
la obra de Beethoven por su
capacidad como ejecutante en el
piano, pero sí lo haría si
hubiera que juzgar a un
intérprete.
La interpretación está ligada al
dominio de la técnica y ésta a
lo artesanal, lo mismo sucede
con las artes plástica
reiterando el concepto podemos
decir que no siempre un creador
es un gran artesano aunque
necesite dominar el oficio lo
suficiente como para desarrollar
su obra, porque el acto creador
conlleva siempre la trasgresión,
la experimentación, la prueba,
ya que su objetivo va más allá
de la perfecta utilización de la
técnica y aunque pueda lograrlo,
no será ahí donde estará su
mérito.
El artesano en cambio es aquel
que se solaza con buena
realización de su obra, y lo
siente como un fin en mismo, que
lo complace y lo lleva a
superarse en su oficio, el que
trascenderá y será admirado por
la excelencia de su manufactura
y no por un planteo ético o
estético, aunque lo realice
dentro de esos dominios.
Cuando hablamos de lo ético y lo
estético en artes plásticas no
siempre se entiende que es lo
que importa primero.
Valorar y aprender de culturas
pasadas
Desde mi punto de vista, lo
ético es lo que antecede a
estético, en cambio, si bien lo
estético es un valor real en
toda obra, no es el objetivo
primero sino la consecuencia
natural de un proceso coherente
en donde todo aquello que surja
en la elaboración del trabajo,
vaya conformando un todo, que
finalmente terminará siendo
estético. La naturaleza tampoco
apunta a lo estético en cada una
de sus manifestaciones
creadoras, cada cosa creada no
es para ser lo que es, sino que
es trascendida para dar lugar a
lo que sigue, en un constante
encadenamiento cronológico en
donde cada cosa es consecuencia
de la anterior y ésta de la
siguiente.
Cada cultura a lo largo de la
historia fue generando sus
propias pautas estéticas, prueba
de ello es que no podemos tener
en cuenta los mismos parámetros
estéticos para comparar parar
una escultura egipcia con una
griega, una románica con una
gótica etcétera.
Si esto es así, debemos entender
entonces que, cuando hablamos de
estética, no podemos aludir a
ella como a algo inamovible y
absoluto sino que por el
contrario debemos entenderla
desde los planteos que cada
cultura, cada movimiento o cada
tendencia tengan.
En la medida que haya una
verdadera correspondencia entre
los distintos planteos,
entendiendo por tales los que
tengan que ver con una nueva
visión de la realidad; se
desencadenarán cambios en su
forma de expresarla, dando lugar
entonces a una distinta
expresión estética, que no
invalidará a las anteriores sino
que sumará la propia.
A lo largo de la historia no
todas las culturas respetaron o
comprendieron las anteriores y
muchas veces las atacaron o
destruyeron.
Un fenómeno de la sociedad
moderna es el que podamos
valorar, aprender y disfrutar de
lo producido por las culturas
pasadas.
Es más, es un hecho inédito en
la historia que cualquier
persona, habite donde habite,
tiene acceso a todo lo que
produjeron las distintas
culturas del pasado, y no solo
eso sino también a todo lo que
se está haciendo en este mismo
momento en cualquier lugar del
mundo.
Esta situación absolutamente
inédita exige de nosotros
desarrollar una capacidad
especial para poder separar lo
válido de lo no lo es ya que
todo viene, la mayoría de las
veces enlatado de la misma
manera, el pachaging es más
importante que el contenido y
esto puede llevar a confusión.
Lamentablemente la información
que como tal es importante, no
siempre es desinteresada, ya que
a veces, como lo expresé antes,
está al servicio de intereses
que van desde lo económico hasta
lo cultural.
*Leonardo Dante Vinci, conocido
como Leo Vinci es un escultor
argentino nacido en Buenos Aires
en 1931. Egresó de las Escuelas
Nacionales de Bellas Artes
Manuel Belgrano y Prilidiano
Pueyrredón, y de la Escuela
Superior de Bellas Artes Ernesto
de la Cárcova. Patrocinado por
el Fondo Nacional de las Artes,
realizó un viaje de estudios por
España, Italia, Suiza y Francia.
Participó en el Grupo del Sur,
formado en 1959 junto con Aníbal
Carreño, Carlos Cañás, Ezequiel
Linares, Reneé Morón y Mario
Loza. Ejerció la docencia entre
1962 y 1976, año en el que fue
dejado cesante en sus cargos de
profesor en las escuelas
oficiales de Bellas Artes, por
las autoridades de la dictadura
cívico-militar. A partir de ese
momento realizó obras como
"Ausencia", "Hacia dónde", "Sólo
la sombra" o "El que no está",
vinculadas con las víctimas del
terrorismo de Estado. En 1987
fue co-fundador y vicepresidente
de Fundart, Fundación para la
Integración de las Artes. Posee
el taller más importante de
escultura de Latinoamérica, al
que concurren becarios
argentinos y extranjeros.
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