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El Almirante George Anson y su
devastador derrotero
Roberto
Hosne*
Malvinas coronó un fastuoso
botín
El Almirante George Anson Cuando
a fines de febrero de 1741, la
flota inglesa y la española,
próximas al Cabo de Horno,
estaban dispuestas a iniciar una
contienda, el giro de la
historia tomó otro rumbo. No
fueron los cañones los que
decidieron la suerte de la
batalla sino la violenta
tempestad que durante largos
días los vapuleó sin tregua. La
nave capitana de Anson recaló en
las Malvinas, donde pudo
explorarlas, esbozar un mapa y
en su informe aconsejó construir
en esas islas la base que
Inglaterra proyectaba establecer
en los mares australes. De este
modo, las Malvinas pasaron,
desde entonces, a engrosar el
botín de los corsarios ingleses.
A principios de 1741 el
Almirantazgo inglés envía a los
mares australes una flota
integrada por siete naves
artilladas con doscientos
treinta y seis cañones y
tripulada inicialmente por casi
dos mil marinos al comando del
almirante George Anson.
Existiendo de hecho un estado de
guerra entre España e
Inglaterra, la Corona británica
no hallaba impedimentos para
ocupar posesiones españolas en
las proximidades del Estrecho de
Magallanes y abordar presas con
tesoros que zarpaban del Perú o
de Chile, rumbo a la Península.
La escuadra de Anson hace escala
en San Julián, desde donde
enfila en dirección al Cabo de
Hornos.
Los españoles, advertidos por
sus espías, organizan una
escuadra poderosa al mando del
engolado almirante José Alfonso
Pizarro, descendiente del
conquistador del Perú. Seis
grandes naves armadas con 308
cañones y dos mil ochocientos
marinos embarcados aguardan a
los ingleses en las proximidades
del Cabo de Hornos con la misión
de impedirles el acceso al
Pacífico.
A fines de febrero de 1741 ambas
flotas se aproximaron al Cabo de
Hornos dispuestas para el
combate sin haber previsto que
esa época del año era la menos
propicia para maniobrar en aguas
tan turbulentas.
No fueron los cañones los que
decidieron la suerte de la
batalla sino la violenta
tempestad que durante largos
días los vapuleó sin tregua.
Los españoles perdieron tres
embarcaciones y casi mil
ochocientos hombres. Algunos
llegaron a Chile por tierra
guiados por un abatido Pizarro y
otros pudieron fondear en
Montevideo.
Los barcos ingleses zozobraron o
se dispersaron en las cercanías
del Cabo de Hornos,
desarbolados, con centenares de
hombres desaparecidos o tragados
por el mar
Las escuadras, devastadas por la
tempestad se dispersaron
perdiendo todo contacto.
La nave capitana Centurión del
comodoro Anson, fue arrastrada
hasta las Malvinas donde hizo
una breve escala antes de
enfilar hacia el Pacífico. Las
exploró, esbozó un mapa y en su
informe al Almirantazgo aconsejó
construir en esas islas la base
que Inglaterra proyectaba
establecer en los mares
australes con el fin de
controlar los accesos a ambos
Océanos.
Continuó su derrotero y luego de
virar el Cabo de Hornos,el
almirante Anson fondea en la
isla Juan Fernández para
efectuar reparaciones y
proseguir por el Pacífico,
perpetrando crueles y violentos
abordajes a barcos españoles y
saqueos en poblaciones costeras
de Chile, Perú, Panamá y México,
acumulando un cuantioso tesoro.
Este corso dio lugar a un
singular cotejo No obstante las
diferentes épocas en que los
almirantes Francis Drake y
George Anson descargaron en
Inglaterra sus fastuosos y
desbordantes botines, se
polemizó mucho acerca de quien
arribó con la presa de mayor
magnificencia al concluir sus
respectivos derroteros. El botín
con el que Drake sobrecargó al
Golden Hind, (consignó J. M.
Keynes) permitió a la reina
Isabel cancelar todas las deudas
con el extranjero, invertir en
la Compañia del Levante y crear
la Compañia de Indias
Orientales, cuyas enormes
ganancias contribuyeron a la
expansión del imperio británico.
Acerca del tesoro transportado
por George Anson, también de una
descomunal magnitud, una vez
desembarcado debió ser
trasladado en treinta y dos
desbordantes carros. A semejanza
de la incursión de Drake ese
botín fue la presa obtenida en
cruentos abordajes y saqueos
infligidos a las naves y
posesiones españolas en el
Pacífico. Al regreso, le fueron
tributados a ambos corsarios
clamorosas recepciones siendo
distinguidos con títulos
nobiliarios por sus decisivas
contribuciones para la
consolidación y expansión del
imperio.
Si bien estas dos expediciones,
que proporcionaron
extraordinarios recursos a los
británicos en los albores del
capitalismo y su revolución
industrial, zarparon dentro del
mayor hermetismo, la de Drake lo
hizo porque en su época
Inglaterra y España mantenían
cordiales y pacíficas relaciones
y si los hispanos llegaban a
descubrir el pirático objetivo
de su expedición además de
indignarse lo hubieran esperado
con su poderosa armada.
Por el contrario, el secreto
guardado por Anson obedecía al
hecho que ambos reinos estaban
en guerra y para asegurar el
éxito de la incursión era
necesario ocultar sus
preparativos al fisgoneo de los
espías. De todos modos, corsos
con esos designios siempre
debían conservar un absoluto
hermetismo
A su regreso a Inglaterra,
durante una reunión del
Almirantazgo, Ansón señaló en el
mapa el sitio donde aconsejaba
establecer la base naval
planeada desde tiempo atrás para
que Inglaterra tuviera el
control del acceso a los Océanos
Pacífico y Atlántico en el
extremo sur patagónico.
Al señalar con la punta de su
índice a las Malvinas, estaba
sumando otra pieza invalorable
al botín de su devastador
derrotero.
*
Como periodista trabajó en
diferentes publicaciones
nacionales y del exterior. Entre
sus obras como escritor figuran,
Barridos por el viento (Planeta)
En los Andes, historias de
héroes, pioneros y transgresores
(Planeta) Historias del Río de
la Plata (Planeta)," (Emecé),
"Patagonia, leyenda y realidad"
(Eudeba).
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