|
Así se ve una generación
desencantada
José Luis
Rozalén Medina
(España).-
El psiquiatra Paulino
Castell explica que los jóvenes
que no estudian, no trabajan y
no tienen proyecto de vida son
"secuelas de una década
prodigiosa a nivel económico, en
la que los padres se han volcado
en ellos totalmente, les han
dado todo y los han liberado de
cualquier esfuerzo y
responsabilidad". Es decir,
puesto que ellos, los padres,
consiguieron un desahogado
estatus económico y social, han
querido que sus hijos lo
tuvieran todo, sin exigirles
nada a cambio, sin fortalecer su
voluntad, sin forjar su
carácter, convirtiéndolo en
seres pusilánimes, muñecos sin
orientación ni musculatura
moral.
La crisis aprieta a toda Europa,
pero es en España en donde la
desesperanza afecta a más
jóvenes (uno de cada tres está
fuera del mercado laboral), en
donde el desencanto y la
impotencia lleva a muchos de
ellos a quedarse en casa
viviendo a costa de sus padres
(ellos que habían pensado
siempre que llegarían más arriba
que sus progenitores) y les
ocasiona frustraciones,
conflictos, melancolía, y
rechazo de todo lo que les suene
a compromiso y trabajo.
Ha sido el desarrollo
tecnológico de las últimas
décadas, el crecimiento
económico sin control, el
confort como meta, el consumismo
sin barreras, el alto nivel de
vida que estos jóvenes han
observado y gozado en su niñez…
lo que, al tambalearse, está
produciendo esta situación de
desencanto y apatía; estos
jóvenes se ven incapaces de
conseguir de nuevo todos esos
bienes, ese estatus desahogado
que han tenido en sus casas. Y
muchos de ellos, en vez de
luchar, en vez organizar y
racionalizar las metas de su
vida, en vez de pensar que se
puede ser feliz con menos bienes
materiales, se han entregado a
la apatía y a la indolencia.
Mal casan, desde luego, el
discurso consumista y hedonista
de los años anteriores con la
actual precariedad en el empleo,
la incertidumbre, la
infravaloración de la formación
académica, el mileurismo… a los
que tienen que hacer frente los
jóvenes de hoy. "El modelo de
vocación profesional que
implicaba un proyecto de vida de
futuro y un destino final
conocido, con sus esfuerzos y
contraprestaciones, ha
desaparecido", escribe con buen
criterio Eduardo Bericat,
catedrático de Sociología de la
Universidad de Sevilla.
"Nuestros padres trabajaron
mucho y consiguieron algo",
comenta un universitario
madrileño, "pero lo que la
sociedad nos ofrece en estos
momentos no tiene ningún interés
para nosotros; la gente tiene
pocas ganas de hacerse mayor".
Natalia, recién licenciada en
Biología dice: "Pero ¡qué manía
con decir que los jóvenes
vivimos para el fin de semana! A
mí me da pena. Claro que hay
jóvenes que no hacen nada, pero
hay otros que hemos comprendido
que hay que seguir luchando y
que estamos seguros de que,
tarde o temprano, nuestro
esfuerzo tendrá recompensa… Yo
agradezco a mis padres todo lo
que han hecho por mí, pero soy
yo la que tengo que valerme por
mí misma. No aspiro a vivir en
la opulencia, sino a ser feliz
con lo que consiga con mi
trabajo, porque en mi esfuerzo
ya está la recompensa".
"Lo que observo es que hay
muchos jóvenes que seguimos
preparándonos para el futuro; si
hay crisis, habrá menos para los
más preparados, para los mejor
formados" dice Gerardo. Raquel,
estudiante de 18 años, sostiene
con pesimismo: "Conozco a un
montón de gente que no tiene
ilusión por nada, que van
'vegetando' en sus casas, sin
hacer nada, y esto para un chico
o chica jóvenes es estar muerto
en vida".
En cuanto al origen del
problema… "La mayor
responsabilidad está en los
padres y madres", manifiesta
Carmen, "que no les han exigido
nada a sus hijos, dándoles todos
los caprichos sin atreverse a
poner unas normas mínimas de
trabajo o de estudio"… "La falta
de ideales, de valores, de
modelos a imitar, los tipejos
impresentable que salen en la
tele y presumen de haber
triunfado sin ser nada"… "Yo
creo que nos han engañado al
decirnos que lo único importante
es gozar, disfrutar, pasárselo
bien, que en los estudios todo
debía ser muy entretenido,
juguetón, sin esfuerzo… y eso es
mentira; para hacer algo
importante en la vida, hay que
ganárselo y trabajar todos los
días", confiesa Juan Carlos,
joven licenciado en paro.
Isabel, que está preparando la
Selectividad, nos deja este
regusto de esperanza: "El éxito
es para quien se lo trabaja y no
hay mayor éxito que llegar a ser
persona a través del esfuerzo".
José María Jiménez
Catedrático de Filosofía,
terapeuta familiar y
vicepresidente internacional del
Teléfono de la Esperanza
www.telefonodelaesperanza.org
Gentileza:: CCS
[ccs@solidarios.org.es]
paginadigital |