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Herramientas para sembrar
autonomía
por
Colectivo Coa, Red en Defensa
del Maíz
La Jornada *
Adital
"Las comunidades solas [o
mejor, unidos con otras
comunidades en la misma
condición] habrán de intentar
alcanzar un destino suyo. Saben
que es urgente fortalecer la
autonomía en los hechos, los
gobiernos propios, las
asambleas, la socialidad
cotidiana. Eso los pone a
pensar, como sus ancestros les
decían, de manera total,
integral."
Por toda América Latina es muy
vasto, muy brutal, el ataque
contra las comunidades
campesinas e indígenas por parte
de las industrias agroquímicas,
de las grandes plantaciones de
alimentos, mercancías de
exportación, árboles o
agrocombustibles; de las
mineras, las petroleras, las
madereras; de las empresas de
manejo de agua, de manejo de
basura; de las constructoras,
las inmobiliarias y los
narcotraficantes -junto con los
gobiernos a nivel nacional,
estatal y cantonal o municipal.
Quieren expulsar de sus vitales
espacios a la gente que ha
cuidado sus territorios: su
agua, bosque, biodiversidad,
cultivos propios, semillas
nativas. Desprecian una vida
dedicada a la siembra, la caza,
la pesca, la recolección y la
práctica de un equilibrio
recurrente de su espacio vital.
Así, además de apoderarse de
vastas extensiones de terreno
con todos sus recursos, pueden
aprovechar la mano de obra de
todos los expulsados.
Pero las comunidades comienzan a
entender que ser expulsados del
campo los llevará (como
trabajadores casi esclavizados)
a los campos de labor, a los
invernaderos, las fábricas, las
maquiladoras o los talleres de
las grandes empresas que invaden
sus territorios y les roban la
riqueza.
Comienzan a entender que cuando
tienen que irse a las ciudades,
agravan con su presencia las
necesidades de la ciudad,
haciendo más punzante el
problema de la basura, la
urgencia de agua, vivienda,
alimentos. En la ciudad se
enfrentan a cantidad de
problemas que no imaginaban
estando en sus regiones. Una
ciudad con más problemas empuja
a las transnacionales a
apoderarse de más recursos del
campo, lo que permite que los
gobiernos y las empresas
intenten despojar a más y más
campesinos de su tierra, sus
recursos, sus espacios y su
libertad.
Repensando juntos en talleres,
seminarios y encuentros, o desde
sus asambleas, las comunidades
indígenas y muchas
organizaciones campesinas de
todos los rincones del
continente, han concluido que es
urgente no quedarse con una
visión cerrada del mundo. Han
entendido que lo que ocurre en
una región ocurre en otras, y
que por tanto, todas las luchas
para resistir invasiones,
devastación y saqueo están
relacionadas. Que no hay muchos
huecos en los aparatos legales y
que la gran mayoría de leyes,
regulaciones y tratados de
comercio únicamente le dan
ventajas a las empresas.
Entonces, solos [o mejor, unidos
con otras comunidades en la
misma condición] habrán de
intentar alcanzar un destino
suyo. Saben que es urgente
fortalecer la autonomía en los
hechos, los gobiernos propios,
las asambleas, la socialidad
cotidiana. Eso los pone a
pensar, como sus ancestros les
decían, de manera total,
integral.
Los entrecomillados son frases
que vuelven vez tras vez, por
eso los presentamos como una
sola voz que teje las siguientes
reflexiones colectivas para
fortalecer su autogobierno
cotidiano:
1. Hacer un diagnóstico
detallado de sus regiones. Cada
una de las personas de la
comunidad sabe un poco, una
parte de lo que ocurre, de lo
que no está bien, de lo que se
puede proponer. Y no faltan
voces que señalan: "Por qué
quieren certificar el quehacer
de los médicos tradicionales.
Por qué quieren saber cuántos
ojos de agua o pozos tenemos y
por qué quieren registrarlos.
Por qué quieren saber qué
semillas tenemos y por qué nos
exigen registrarlas. Cómo
fortalecer nuestro espacio de
participación política, no la de
los partidos y las elecciones,
sino aquí, ahora, en los valles,
quebradas, planicies, bosques,
selvas, riberas o costas donde
vivimos. Quiénes tienen el poder
económico y político en nuestras
regiones, el país y a nivel
internacional.
Quiénes son los empresarios, los
jefes políticos, los 'dueños'.
Quiénes tienen o quieren
controlar las regiones. Quienes
ejercen la violencia. Qué
agencias del gobierno dividen a
las comunidades. Qué papel
juegan los programas de
asistencia, educación, cultura y
desarrollo que impulsa el
gobierno. Qué impacto tiene que
les certifiquen parcelas
individuales en un territorio
que antes era común, trabajado
en común. Cuáles empresas
intentan apoderarse de la
tierra, de los cultivos, del
agua, del transporte, del
comercio.
Dónde y quiénes quieren abrir
minas o pozos petroleros y qué
efectos nos traerá. Por qué
siempre quieren que trabajemos
para ellos. Qué megaproyectos
quieren imponer y cuáles serían
sus resultados. Quiénes son los
intermediarios que meten
mercancías en las regiones,
encarecen la vida de las
comunidades y crecen el número
de cosas que realmente no nos
sirven. Cómo vamos a ejercer un
autogobierno y proyectos
conjuntos entre iguales a nivel
regional, cuando las comunidades
aisladas no pueden realmente
romper cerco alguno".
2. Repensar juntos la visión de
nuestro lugar. Como cada quien
sabe un poco, la gente está
proponiendo abrir más y más
espacios de plena libertad para
pensar juntos, para entre todos
saber todo lo posible.
"Que los viejos cuenten la
visión y el cuidado que había
antes, y que los nuevos
investiguen las nuevas
herramientas de pensamiento y
trabajo, pero también los
peligros de técnicas y falsas
soluciones venidas de fuera que
nos separan de lo importante y
nos aíslan", dicen las
comunidades.
Pensar la nación desde las
localidades y pensar el nivel
comunitario desde el punto de
vista de una complejidad
nacional y global. "Saber y
entender realmente dónde
estamos, dónde vivimos. Hay que
ser como los pájaros y ver el
panorama, el horizonte,
completo".
3. Recuperar la iniciativa
propia, lo creativo. "Hacerle
caso a lo que realmente
necesitan los pueblos -y no lo
que nos han impuesto o quieren
imponernos". Cuando la gente de
una comunidad o una región se
junta para pensar y trabajar, es
posible imaginar y entender
(entre todas las personas que
viven ahí) lo que se necesita
para vivir bien, sin necesidad
de mediadores del gobierno, las
empresas o algunas ONGs.
En esos espacios de pensar y
trabajar juntos se pueden tomar
decisiones reales, en directo y
frente a frente, y la vida se
acerca porque ya no obedece a
decisiones tomadas fuera, en
quién sabe dónde. La gente se
reconstituye como comunidad,
como pueblo indígena, mestizo o
afrodescendiente, como personas
libres y organizadas.
"Nosotros conocemos nuestros
territorios, sabemos cómo están
y cómo cuidarlos. Tenemos lo
necesario para gobernarnos
mediante nuestras asambleas, a
nuestro propio y respetuoso
modo. Ya no podemos permitir
tantas normas impuestas, pues
acabaríamos haciendo solamente
lo que ellos quieren".
4. Recuperar nuestra historia.
"Hay que recordar el origen de
nuestra comunidad, de nuestra
región, de nuestro pueblo",
dicen los mayores. "Recordar la
historia de las invasiones, de
las imposiciones, del saqueo y
la destrucción. Recordar la
historia de las luchas de
nosotros contra todo eso. Pero
también los saberes de siempre,
todo lo que la gente sabe desde
hace mucho, y le ha servido para
cuidar las siembras, los
bosques, el agua, los animales.
Hay que hacerle caso a los
ancianos y a los sabios. Tenemos
que repensar quiénes éramos, por
qué nos quieren desaparecer y
cómo vamos a defendernos".
5. La comunidad. "Es el espacio
donde nos completamos un poco,
convivimos, pensamos,
entendemos, trabajamos y
celebramos juntos. Ahí hay un
profundo respeto por lo sagrado,
por impartir justicia buscando
un equilibrio sin castigos
inhumanos; por respetar y darle
valor a cada uno de los
comuneros y sus familias, y a lo
que cada quien ve y hace. En la
comunidad hay conflictos, como
en cualquier rincón del mundo.
Hay violencia. Pero en las
comunidades uno solo está
'podrido', pero con lo que
sienten, piensan y buscan los
otros con cada quien, formamos
comunidad. La autonomía es un
intento, una herramienta, como
el arado, para evitar que se
desgaste nuestro pacto de
convivencia: lo que soñamos y
logramos juntos. Es un intento
por renovarlo todo vez tras
vez".
6. Asambleas. Hay que reforzar
los espacios de reflexión, pero
que son también espacios de
decisión entre iguales. Las
asambleas son la máxima
autoridad de la comunidad porque
en ellas cada quien puede decir
su palabra y ser escuchado. "En
la asamblea pensamos juntos y la
palabra tiene peso, ahí nos
damos la verdadera educación".
Hoy en muchas regiones del
continente las asambleas ya no
son muy fuertes, pero hay el
impulso por revivirlas, y volver
a trabajar pensando y
entendiendo en común, juntos.
Donde las asambleas son fuertes,
los programas de gobierno, los
ambiciosos que invaden o las
empresas con sus tretas no
logran mucho, porque la claridad
de la asamblea frena o resuelve
los problemas. Donde las
asambleas son débiles, la
comunidad se rompe y pierde,
poco a poco o de repente, la
fuerza para resistir las
invasiones, la corrupción y los
programas de gobierno.
7. Autoridades. Una comunidad, o
una alianza de comunidades
necesita autoridades que sirvan
a la gente, a esas asambleas
generales.
Las leyes agrarias de muchos
países sólo reconocen a las
autoridades agrarias. Pero son
igual de importantes los
gobernadores tradicionales, los
sabios, que actúan y aconsejan
desde la tradición y la
cosmovisión de una comunidad o
de todo un pueblo. Juntas, las
autoridades agrarias y
tradicionales se vuelven un
consejo de gobierno que le da
mucha fuerza a la comunidad
poniendo en práctica las
decisiones tomadas por la
asamblea general de habitantes y
no sólo a los comuneros
reconocidos en los estatutos de
bienes comunales o ejidales
derivados de las Constituciones,
según el país en cuestión.
Siendo un consejo de gobierno
que responde a la asamblea, que
"manda obedeciendo", la
autonomía logra gran
legitimidad.
8. Entender nuestra verdadera
soberanía. Esos espacios para
pensar juntos también sirven
para reafirmar entre todas las
personas que conviven "hasta
dónde nos quieren quitar lo que
somos, hasta dónde nos quieren
arrebatar nuestra soberanía,
nuestra autodeterminación", dice
la gente.
"Casi todos los bosques son
custodiados por los pueblos
indígenas, son de las
comunidades, y los cuidan en
colectivo. Pero qué soberanía
tendremos cuando la conservación
de nuestros recursos esté
regulada por el precio de los
bonos de carbono y de servicios
ambientales de aguas y bosques
en la bolsa de valores de Nueva
York. No queremos que el control
económico de fragmentos de
nuestro territorio completo esté
secuestrado por bonos, patentes,
registros, permisos,
certificaciones, contratos con
empresas, programas de las
dependencias de los gobiernos o
las regulaciones de los tratados
de libre comercio".
9. Territorio. Para que la
autonomía sea posible tiene que
tener, como centro de toda
acción, el territorio que le da
vida. "El territorio es el
balance que hemos logrado en
siglos o milenios de relación
con la naturaleza".
El territorio no es solamente
tierra: son también el agua, el
bosque, la biodiversidad, los
recursos naturales "los seres
vivos materiales y
espirituales", dice la gente, la
tierra y sobre todo el saber
colectivo acumulado que
relaciona todo lo que ahí
existe. "Sin estos saberes
ancestrales y actuales, los
pueblos indígenas no seríamos lo
que somos, por eso debemos
repensar nuestra condición,
entender que lo que hemos hecho
por siglos vale, sirve, y que es
crucial controlar nuestros
territorios".
Cuando llegan funcionarios a
promover políticas ajenas y
dicen que le van a ayudar a la
comunidad a "reordenar el
territorio" para "expandir las
capacidades productivas y
ecológicas", las comunidades
indígenas se ríen. "Eso es lo
que hemos venido haciendo por lo
menos hace diez mil años",
contesta la comunidad. El
territorio es ya un orden, un
equilibrio con todo. "Nosotros
sabemos cómo recuperar los
suelos, dónde echar el ganado,
dónde cosechar agua y cuidar
nuestros ojos de agua, dónde
sembrar, cómo hacer que el
bosque viva y se mantenga, cómo
hacer que llegue la lluvia y a
dónde.
10. Debemos defender nuestra
visión integral. Las empresas
quieren dominar la organización
profunda de las comunidades.
"Quieren imponer los modelos
tecnológicos que promueven y nos
imponen plantaciones, planes de
manejo, individualización y
comercio de la tierra, registros
de propiedad de fuentes de agua,
biopiratería, semillas
transgénicas, paquetes
agrotóxicos, servicios
ambientales y ecoturismo. Hemos
entendido que cuando nos
convencen con proyectos aislados
(cuidar el bosque, mejorar el
ganado, paquetes tecnológicos,
fomento a la cosecha o
aserraderos forestales o lo que
sea que no se relaciona con la
vida completa de la comunidad),
cada uno de esos proyectos nos
va desorganizando, porque se
tropieza con lo que hacemos
otros".
Para los pueblos todo está
relacionado, todo tiene que ver
con todo. Los bosques con el
manejo del agua, los suelos, los
cultivos propios, las asambleas,
las autoridades. "Los proyectos
aislados no sirven", dice la
gente. "Sólo nos fragmentan
más".
11. La tierra es invaluable.
"Ser campesinos nos hace
reverenciar, respetar y entender
el profundo valor de la tierra.
Ella nos cuida a todos. No es
sólo una madre como dice la
gente, es nuestra hermana,
nuestra hijita, y por supuesto
nuestra amante. Le pertenecemos,
no la poseemos, y por supuesto,
no tiene precio", dicen los
sabios. "Fijarle precio a una
tierra de cultivo es una
agresión, no importa cuál sea el
precio, sean siete, setenta,
setecientos, siete mil, setenta
mil o siete millones, billones o
trillones de dólares, nunca
podrán igualar lo que esta
tierra puede producir con mi
cuidado, el de mis hijos, mis
nietos, mis bisnietos o
tataranietos hasta el fin de los
tiempos".
Los campesinos saben muy bien
eso, como también saben de la
urgente defensa de la
comunalidad de la tierra, que no
sea propiedad individual. "La
propiedad individual de la
tierra rompe los territorios.
Hace imposible el cuidado
integral comunitario del bosque
y nos aparta de nuestro cuidado
del agua, nos impide recuperar
los suelos, trabajar la
protección contra los vientos,
nos confunde el posible cuidado
ganadero". Con el pretexto de la
"seguridad jurídica sobre la
propiedad de la tierra", los
programas de certificación
individual de la tierra
únicamente garantizan que los
inversionistas privados invadan
las comunidades. Un propietario
solo ya no se puede defender
igual que una comunidad
organizada.
Privatizar la tierra rompe la
organización comunal. "Cuando la
tierra se vuelve propiedad
individual, la comunidad se
divide, y cada quién jala por su
lado. Es más fácil que nos
convenzan con alguna ayuda
individual, con dinero para
comprar a unos o a otros. Nos
estorba para decidir sobre
nuestros territorios y el
cuidado de lo que nuestros
ancestros nos dejaron como
encomienda para disfrutar y
dejarle a las siguientes
generaciones".
12. Cultivos que refuercen
soberanía. La primera soberanía,
la más fundamental autonomía,
"es organizarnos para producir
nuestra propia comida. Debemos
defender por todos los medios
nuestros cultivos propios, para
comer nosotros, nuestras
familias, nuestra comunidad. No
como productos, sino como modo
de vida plena, una vida de
sembradores, de campesinos, que
cuidamos el maíz, el fríjol, la
calabaza, la yuca, la mandioca,
la cebada, el trigo, los
frutales (criados y enseñados
por la chacra, huerta o milpa
que son 'comunidades' que nos
enseñaron el valor de la
diversidad donde los cultivos se
relacionan, se cuidan, se
fortalecen unos a otros, incluso
con muchas otras plantas
medicinales)".
Si los pueblos, o las muchas
comunidades campesinas, producen
su propia comida, no tienen que
pedirle permiso a nadie para
ser, para existir. Ésta es una
propuesta muy fuerte. De ella
surgen los fundamentos de la
autonomía de las comunidades
campesinas indígenas, rurales.
"Es urgente defender nuestra
vida en la siembra produciendo
nuestra comida. Nuestras labores
no son un empleo para comprar
comida con un sueldo de
explotados, es acto creativo que
refuerza la plenitud de la
comunidad".
"Sólo con cultivos propios, con
maíz nativo propio (no su
versión desfigurada y
transgénica comercial) cultivado
por la comunidad para depender
lo menos posible del mercado,
podemos defender el agua, los
bosques, los recursos naturales,
los saberes agrícolas, médicos y
otras técnicas ancestrales y
actuales, y todo nuestro sistema
de impartición de justicia, las
asambleas y el trabajo
colectivo. Sin maíz cultivado
por nosotros no hay autogobierno
en las comunidades. Si no existe
más la posibilidad de tener maíz
y otros muchos cultivos propios,
nos vuelven dependientes de las
compañías que diseñan y producen
semillas comerciales".
13. Economía. Los cultivadores,
los cuidadores del mundo, los
campesinos que siembran su
propia comida, se dan cuenta de
que es urgente quedar, lo más
posible, fuera la economía de
mercado. Muchas comunidades
insisten en que esos cultivos
propios no son cultivos de
subsistencia o autoconsumo, sino
cultivos soberanos.
"Producir para vender y luego
comprar comida", dice una
autoridad comunal, "nos hace
perder nuestra soberanía
alimentaria y laboral, siendo
que somos gente del maíz. Un
pueblo que compra semillas, que
compra comida, no es un pueblo
que pueda gobernarse a sí mismo.
Debemos estar orgullosos de
cultivar y criar nuestros
propios alimentos para que coma
la familia, la comunidad,
reforzar nuestros saberes
antiguos, los de nuestros
ancianos, y buscar las nuevas
tecnologías integrales que estén
de acuerdo con estos saberes y
los complementen. Debemos
recurrir a subsidios autónomos y
fijar nuestros propios precios
de garantía a nivel regional
entre las comunidades que nos
aliemos para hacerlo. Debemos
atrevernos a dejar de gastar en
alimentos industrializados que
no nos son indispensables.
Hagamos un llamado a los
migrantes para que nos apoyen.
Hay que regresar a los mercados
pequeños, basados en el trueque,
o en el intercambio local, para
lograr una vida más manejable.
Hay que consumir lo que
producimos en nuestras regiones;
podemos producir lo que
requerimos. Podemos instalar
tiendas comunitarias regionales,
que le den la vuelta a los
intermediarios que introducen
mercancías y que encarecen
muchísimo los productos.
Impulsar así un comercio local,
comunitario, para servir a
distantes rancherías, caseríos,
poblados, con precios bajos y
ganancias que van directo a una
administración comunitaria
supervisada por las asambleas.
14. Educación radical. "La
escuela nos está acabando.
Mientras no busquemos una
educación basada en nuestra
propia visión, con conocimientos
y saberes que nos sirvan para
ser libres no vamos a lograr
nada. Hay que buscar modos
nuevos de crear situaciones
donde todos aprendamos. Buscar
que los jóvenes, como
voluntarios, practiquen muchas
técnicas antiguas y actuales
para ahorrar leña, captar agua,
qué hacer con la basura, hacer
abonos orgánicos, cuidar el
bosque, combatir incendios,
guardar e intercambiar semillas
tradicionales, recuperar suelos
erosionados no sólo a nivel de
parcela sino a nivel micro
regional, revitalizar aguajes,
diversificar cultivos y
actividades para recuperar
nuestro territorio y reforzar
sus orillas con proyectos
integrales propios. Reforzar la
orilla del territorio en tierras
recuperadas les da a los jóvenes
un sentido de la resistencia que
luego otros no tienen. Con
talleres de intercambio de
experiencias los jóvenes se
empapan de los problemas y se
vuelven grupos de estudio y
trabajo, a nivel parcela, donde
combinen saberes antiguos con
tecnologías sustentables."
Trabajar en proyectos
comunitarios compartidos,
insistir en los espacios de
reflexión conjunta, recuperar la
historia, hacer diagnósticos y
reforzar la creatividad social,
todo eso junto impulsa
justamente modos de aprender
pertinentes que no son la
domesticación que la escuela
occidental impone. La educación
radical pasa por cuestionar el
papel de la escuela y los
profesores en la comunidad. Por
cuestionar los conocimientos que
no son pertinentes a nuestra
condición, es entender que el
saber lo construimos en
colectivo.
[Fuente: Biodiversidad, sustento
y culturas]
* Diário mexicano
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