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Los países industrializados
dañan el ecosistema mundial
por Sylvia
Ubal
Barómetro Internacional
En la primera mitad del año
2010 los expertos en efectos
climáticos han considerado que
este año ha sido el más
caliente, que se haya registrado
en la historia y con
consecuencias climáticas
extremas en todo el planeta, que
pueden causar sequías e
inundaciones. Según el profesor
Phil Jones, de la Universidad de
East Anglia (Gran Bretaña) el
efecto invernadero y el fenómeno
de "El Niño" han causado
condiciones extremas en todo el
mundo, un aumento de las
temperaturas medias en el océano
Pacífico y el deshielo en el
Ártico.
Al mismo tiempo, el científico
estadounidense Jim Hansen, que
en 1988 advirtió sobre el cambio
climático, ha indicado que el
calentamiento global puede
quedar fuera de control y
cambiar por completo al planeta
a menos que se tomen medidas
rápidamente para revertir el
aumento de las emisiones de
carbono. Hansen afirmó que el
cambio climático puede
incrementar el nivel de los
mares y causar la extinción de
especies. Su posición es
compartida por el asesor
científico del Gobierno
británico, David King, quien
considera "esencial" llegar a un
acuerdo lo antes posible sobre
las emisiones de carbono,
causantes del efecto
invernadero.
En general, los científicos
coinciden en que los mayores
niveles de dióxido de carbono y
otros gases invernadero impiden
la irradiación del calor de la
superficie terrestre y han sido
el factor clave del aumento de
las temperaturas desde 1880.
Por otra parte, el análisis de
datos proporcionados por
satélites de la NASA han sumado
un nuevo factor a la
contaminación atmosférica y al
calentamiento global: la pérdida
de biomasa en las zonas
tropicales. Esa pérdida como
resultado de incendios
forestales y la quema de hojas y
otro tipo de restos vegetales se
suma a la emisión de gases
invernadero como causas
principales del calentamiento
global.
De acuerdo con un comunicado del
Laboratorio de Propulsión a
Chorro, la eliminación de esa
biomasa, produce dos de los
principales contaminantes; el
monóxido de carbono y el óxido
de nitrógeno. Además, contribuye
a la formación de fenómenos
climáticos. Hasta ahora se
consideraba que el mayor factor
de contaminación en la atmósfera
era la emisión de gases
invernadero procedentes del uso
de combustibles fósiles.
Sin embargo, con los nuevos
satélites atmosféricos, los
científicos han logrado seguir
la pista de los elementos
químicos presentes en la
atmósfera y han descubierto que
la cantidad de biomasa quemada
en África subecuatorial y en la
región de Indonesia y Australia
es alrededor de dos o tres veces
superior a lo que se calculaba.
Sin embargo, no se pueden
inferir tendencias en las
temperaturas mundiales por la
experiencia de un año, pero
ignorar ese hecho ha sido desde
hace mucho uno de los trucos
favoritos de quienes niegan el
cambio climático: señalan un año
inusualmente caliente en el
pasado y dicen: "Miren, el
planeta se ha estado enfriando,
no calentándose, desde 1998". En
realidad, fue 2005 y no 1998 el
año más caliente hasta la fecha;
pero el punto es que las
temperaturas que rompen récords
las estamos experimentando ahora
en el 2010 Y el planeta seguirá
cocinándose.
La gran estrategia
transnacional: una amenaza
contra la vida.
Uno de los indicadores más
fiables de la versión desigual
de la globalización, lo
constituye la consolidación y
ampliación del dominio
transnacional. Las empresas
transnacionales en el contexto
de la imposición neoliberal
ampliaron sus tentáculos y
abarcaron en sus grandes
negocios la prestación de
servicios públicos estratégicos
a escala planetaria y la
privatización/explotación de los
recursos naturales.
Bajo el argumento de la
integración comercial crean, de
la mano de las instituciones
financieras multinacionales y de
la Organización Mundial del
Comercio, las condiciones
propicias para implementar y
prolongar "un nuevo saqueo
global", estableciendo sus
propias reglas, y han montado
una enorme campaña de
desinformación para proteger sus
balances económicos.
Para las empresas
transnacionales no existen
fronteras capaces de impedir su
ensanchamiento económico cuando
su objetivo, además de obtener
una mayor acumulación de
capital, es conseguir mayores
cuotas de poder, desmantelando
los aparatos Estatales,
corrompiendo las esferas de
decisiones, justificando guerras
de intervención y condicionando
financieramente a los países a
partir de una estrategia global
que busca lograr un creciente
control de la producción, los
servicios, los recursos
naturales y hasta la misma vida.
Vemos a los científicos que
cuestionan el consenso sobre el
cambio climático; vemos a
organizaciones que impulsan
escándalos falsos, y vemos
también a los comités de
asesores que dicen que cualquier
esfuerzo para limitar las
emisiones paralizaría a la
economía. Una y otra vez, se
encontrará que están en el
extremo receptor de un ducto de
financiamiento que empieza con
las grandes compañías de
energía, como Exxon Mobil, que
ha gastado decenas de millones
de dólares promoviendo la
negación del cambio climático, o
Koch Industries, que ha
patrocinado organizaciones
antiambientalistas durante dos
décadas
Y las empresas transnacionales
siguen la misma tendencia de
explotar los recursos naturales
para sus fines de lucro: la
explotación minera, la
mercantilización del agua, la
extracción de petróleo y la
usurpación de la diversidad
biológica, llegando al extremo
de patentar las variedades
biológicas mesoamericanas para
sus futuros planes comerciales.
El poder de las transnacionales
es de tal magnitud que el futuro
de un país entero se decide en
sus oficinas centrales con sede
en los países miembros del G-7.
Es en Washington, Madrid, Tokio
o Londres donde se toman las
decisiones que resultan en
mayores niveles de pobreza en lo
que ellos siguen denominando
como Tercer Mundo, marcando una
diferencia abismal no solo en
términos de la calidad de vida,
sino en aspectos sociopolíticos,
culturales y tecnológicos.
Las corporaciones
transnacionales son las
responsables de la peor
contaminación ambiental, del
calentamiento global, de la
manipulación genética, de las
guerras (Irak, Afganistán), de
las muertes violentas y de las
muertes por enfermedades. En su
actual estrategia pretenden
apropiarse del agua, del
oxígeno, de la vida, del futuro.
Las transnacionales se reparten
el mundo como un inmenso pastel
prescindiendo de las necesidades
básicas de los pueblos. Están en
todos lados y hasta en los
países más pobres operan
generando ganancias que superan
los presupuestos públicos.
Las Corporaciones
multinacionales se dividen la
explotación de los recursos
naturales
Para algunas de éstas empresas
el petróleo se ha convertido en
algo así como la sangre del
sistema capitalista y es un
recurso estratégico que mueve la
economía del mundo y que
justifica guerras de
intervención para favorecer a
una decena de empresas: Exxon,
Mobil, Texaco, Chevron, Shell,
British Petroleum, AGIP-Phillips,
Elf y Amoco
La industria farmacéutica es
otro de los puntos fuertes de
las transnacionales; unas
cuantas de ellas dominan el
mercado mundial de estos
imprescindibles productos: Bayer,
Abbot, Aventis, Lancasco, Merck,
Pfizer, McKenson, Hoechst,
Shering, Bristol-Myers, Squibb
BMS por citar algunas de las más
poderosas.
Pero además, la industria
farmacéutica transnacional
pretende monopolizar el derecho
exclusivo de mercadear la
medicina y a través de las
imposiciones comerciales
pretende bloquear la producción
y venta de medicina genérica,
también pretende controlar las
plantas curativas de la medicina
tradicional de los pueblos
indígenas.
Las trasnacionales comercializan
con todo y cada vez más, abarcan
la agricultura y la producción
alimentaria en sus negocios, en
ambos casos se han experimentado
severos cambios en los últimos
años por la introducción de los
productos transgénicos.
A través de la manipulación
genética, se producen
actualmente alteraciones en las
plantas para acelerar el
crecimiento, aumentar el peso y
dotarlas de insecticidas
incorporados a su código
genético o producir semillas
estériles con lo que se
incrementa la dependencia de la
agricultura y se engorda a las
grandes trasnacionales
agroquímicas como Monsanto,
Syngenta, Aventis, Seminis,
Advanta, Groupe Limagrain,
Sakata, Delta & Pain Lane, KWS
AG, Bayer Crop. Science y Down,
vulnerando la soberanía
alimentaria, afectando a
millones de campesinos,
especialmente los pequeños
productores.
Las mismas características
encontramos en un amplio abanico
de ejemplos del poder
transnacional, que va desde
cadenas globales de restaurantes
(Mcdonald´s, Pizza Hut), de
tecnología informática
(Microsoft, Apple), de las
comunicaciones celulares (Motorola,
Nokia), de la telefonía móvil y
fija (Americatel, Telefónica) de
entretenimiento e información (HBO,
AOL, CNN), en la explotación
minera a cielo abierto (Glamis
Gold Internacional -Montana-), y
las transnacionales interesadas
en la privatización de la
distribución del agua
domiciliaria (Internacional
Water Limited, Betchel
Enterprises), o de las
embotelladoras de agua pura o
gaseosas (Coca-Cola, Pepsico)
también forman grandes firmas de
artículos de deporte (Nike,
Reebock), de maquinaria de
construcción (Topke, Caterpillar),
de fabricación de automóviles (Ford,
Toyota) de cereales (Nestlé,
Kellog´s) de aparatos
electrodomésticos (GE, Samsumg)
por citar solamente algunas.
A todas las atraviesa un rasgo
en común: son, como dice Chomsky,
"creaciones artificiales,
monstruos listos para devorar
todas las ganancias que puedan a
costa de quien sea". Forman
parte de un sistema de muerte,
porque ponen en peligro directo
las condiciones ambientales en
el planeta y amenazan la calidad
de vida de millones de excluidos
y excluidas en el mundo.
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Director: Diego Olivera
Jefe De Redacción: Miguel
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