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El Puente Billinghurst y la
Interoceánica: punto de no
retorno para el genocidio y la
devastación de la Amazonia
por Pablo
Cingolani
"Desarrollo" y Amazonía ya
no son más que un oxímoron. A
medida que avanzan las políticas
desarrollistas y neo
extractivistas de los gobiernos
de la región, avanza la
destrucción de la naturaleza y
el etnocidio genocida de los
pueblos originarios que la
habitan. La encrucijada es más
acuciante que nunca: o se
detiene la penetración
capitalista o desparecerán los
pueblos indígenas y los bosques.
O se detiene la Iniciativa para
la Integración de la
Infraestructura Sudamericana que
alientan de manera decidida el
estado brasileño y los demás
gobiernos de la región, los
bancos multilaterales y las
trasnacionales, o la selva y los
indios serán imágenes y
recuerdos del museo del horror
de la violenta conquista de la
última frontera interna
continental para abrirla al
saqueo de sus recursos
naturales, el cambio
irreversible de su ecosistema y
la extinción física de sus
culturas.
Brasil se ha convertido en una
de las diez mayores economías
del mundo y la suya representa
más de la mitad de la actividad
económica sudamericana. El PIB
brasileño corresponde al 55 %
del PIB de América del Sur. El
nuevo monstruo del capitalismo
se ha fijado una meta que coloca
a la Amazonía en el centro del
escenario mundial,
convirtiéndola en el más
importante espacio
geoestratégico de este aún
flamante siglo XXI: abrir la
Amazonía a la explotación masiva
de sus recursos naturales,
completando su dominio
territorial y su inexorable
marcha hacia el oeste.
El prerrequisito complementario
para su cumplimiento era romper
el escollo geográfico que las
grandes selvas y los grandes
ríos representaron
históricamente como freno a la
penetración del transporte, las
máquinas, los mercados y las
grandes corporaciones. De allí
que la apertura del territorio
amazónico y su vinculación
física con los puertos de
exportación de los dos océanos
más importantes de la Tierra, el
Atlántico y el Pacífico, y a
través de ellos con el resto del
mundo globalizado, es el
objetivo principal de la llamada
Iniciativa para la Integración
de la Infraestructura
Sudamericana, más conocida por
su sigla IIRSA, que se puso en
marcha en agosto del año 2000 en
Brasilia. Tan sólo diez años y
algunos meses después, la IIRSA
está a punto de lograrlo.
Cuando se terminen las obras de
construcción del puente
Billinghurst sobre el río Madre
de Dios, que unirá la ciudad de
Puerto Maldonado con el caserío
de El Triunfo, ambos en el
Departamento de Madre de Dios,
en el extremo sudoriental de la
República del Perú, y con ello
se culmine la construcción del
llamado Corredor Vial
Interoceánico Sur Perú-Brasil,
la historia sudamericana
cambiará para siempre.
Ante todo, se habrá logrado
cumplir el anhelo imperial de
dos siglos de unir los dos
océanos por el corazón del
continente que sigue siendo el
que atesora los más vastos
recursos de agua, energía,
biodiversidad y tierras del
planeta. Luego, se concretará lo
acordado en secreto cuarenta
años atrás entre el entonces
presidente norteamericano
Richard Nixon y el entonces
dictador militar brasileño
Emilio Garrastazú Médici, de
construir una carretera
interoceánica. Finalmente, el
más vasto plan de recolonización
capitalista de Sudamérica, de
asalto a sus recursos naturales
al servicio de las
trasnacionales y el empresariado
podrá exhibir una anhelada y
primera gran victoria sobre la
geografía, la naturaleza y los
pueblos, inaugurando por primera
vez en la historia una carretera
de más de 5000 kilómetros con
puentes que aguantan hasta 60
toneladas de peso y que
permitirán el flujo permanente
de inversiones y mercancías de
un océano a otro, y la
consecuente apertura
irreversible d el espacio
amazónico al mercado mundial.
La inauguración del puente
Billinghurst y de la bioceánica
está prevista entre enero y
abril de 2011, antes de que se
lleven a cabo las elecciones
presidenciales en Perú, pautadas
para el 10 de abril y donde Alan
García, el gran impulsor de las
obras del IIRSA en su país, se
despide de su segunda gestión.
Seguramente al acto de
inauguración concurrirán la
recién electa presidenta del
Brasil, Dilma Rousseff, y el
actual presidente de Bolivia,
Evo Morales, que acaba de firmar
con García una acta para la
construcción de un tramo
carretero de 80 kilómetros que
vincule de manera directa a
Bolivia con la interoceánica,
que por cientos de kilómetros
corre casi paralela a la
frontera boliviana. El tramo
Nareuda-Extrema-San Lorenzo,
acordado por los presidentes, es
también parte de los planes del
IIRSA.
¿Qué pasará después que se
inaugure el puente colgante más
largo del Perú, de 722 metros de
longitud? Es importante tratar
de poner esta obra en contexto
histórico para entender la
magnitud de los trágicos
impactos que acarreará.
Hasta ahora, la navegación de
los ríos era la forma más
efectiva de penetración a la
selva. Cuando se produjo el
fenómeno del auge de la
extracción del caucho entre los
años 1870 y 1914, la primera
incorporación forzosa de la
Amazonía continental al mercado
mundial, los ríos se
convirtieron en la vía de
ingreso de miles y miles de
personas ajenas a la selva que
ocasionaron un genocidio entre
los pueblos indígenas que hasta
hoy sigue siendo ocultado y
silenciado.
Las actuales fronteras entre
Brasil, Perú y Bolivia en los
territorios atravesados ahora
por la interoceánica y su zona
de influencia nacen de esta
invasión violenta que esclavizó
a pueblos enteros para
obligarlos a trabajar en la
recolección del caucho y que
condujo a la desaparición física
de muchos de ellos. Algunos se
refugiaron monte adentro, en las
cabeceras de los ríos donde
estos ya no eran navegables, y
así pudieron evitar el
exterminio. Son los que
actualmente conocemos como
"pueblos indígenas aislados o
pueblos indígenas aislados
voluntariamente".
Un siglo después de esta
hecatombe étnica, muchos de esos
pueblos que eligieron la
libertad al aniquilamiento,
fueron forzados a través de
misiones religiosas, a salir de
su aislamiento y se encuentran
en la situación llamada de
"contacto inicial" con la
sociedad nacional hegemónica de
sus países, situación de extrema
vulnerabilidad para la
supervivencia de su modo de vida
y de su cultura, amenazados por
la lenta desaparición de la
misma, tragedia que se conoce
como etnocidio.
La apertura de la interoceánica
y la inauguración del puente
Billinghurst dejaran en el
pasado la historia fluvial de la
Amazonía: los ríos ya no serán
la única manera de penetrar el
territorio y menos un escollo
para esa penetración. El primer
puente sobre un río mayor de la
Amazonía Sur es el símbolo
perfecto de esa globalización
vigente, y de la escala
planetaria de las relaciones
económicas, políticas y sociales
que ha impuesto en el mundo.
Hoy, una interconexión como la
que provocará el puente, por más
lejanas o abandonadas desde el
punto de vista nacional que
parezcan las regiones donde éste
influirá, es posible para ese
nuevo orden mundial, basado en
el desarrollo de fuerzas
productivas a escala global y
donde, por eso mismo, las
agresiones y las amenazas se han
vuelto planetarias. El puente,
insistimos, es el símbolo
perfecto de la IIRSA que es el
otro nombre de la globalización
en Sudamérica.
Cuando esté disponible para su
uso, se calcula que un promedio
de 1500 camiones de alto
tonelaje pasaran por allí por
día. Esto no será sino el
impacto más visible que tendrá
la interconexión bioceánica en
la Amazonía. Detrás de los
camiones, vendrán más madereros
ilegales, más mineros
desesperados por el oro, más
colonización desordenada, más
narcotraficantes y lo que es
peor: vendrán las empresas
nacionales y trasnacionales
mineras, petroleras y
agroexportadoras de la mano de
los gobiernos para explotar
hasta el último rincón de la
selva, ahora abierta ya no por
los ríos, sino por los caminos
de la IIRSA, como lo prueba este
primer corredor interoceánico.
De allí que su inauguración no
hará otra cosa que acelerar los
procesos de genocidio y
etnocidio históricos contra los
pueblos indígenas, provocando la
desaparición definitiva de los
últimos pueblos indígenas
aislados de la selva amazónica
al ser invadidas sus tierras
como consecuencia de la nueva
dinámica de agresión que traerá
aparejada la carretera; a la
vez, las comunidades indígenas y
nativas ya establecidas, también
sufrirán el mismo despojo: se
radicalizará la invasión de sus
territorios y ellos se verán
forzados o a emigrar a las
ciudades para protegerse o
resistir esta ofensiva
terrorífica.
La situación actual de las
comunidades indígenas se
caracteriza por los conflictos
permanentes por la defensa de
sus territorios, ¿qué pasará
cuando las empresas ya no tengan
barreras para poder ingresar a
donde lo deseen, allí donde haya
un recurso natural a ser
explotado? Como decíamos al
principio, si no se detiene la
penetración capitalista, los
pueblos indígenas desaparecerán,
desaparecerán sus comunidades,
sus modos de vida, sus
costumbres, sus tradiciones, y
una vez desaparecidos los
pueblos que defendían la selva
–porque era esencial para su
supervivencia y su cultura-,
desaparecerá también la selva
misma, quemada, deforestada y
arrasada para la ocupación
definitiva de su espacio para
los negocios agrícolas y
ganaderos extensivos –como ya
sucede en los estados brasileros
de Acre y de Rondonia- y la
construcción de nuevas ciudades.
Lamentablemente, con el puente
Billinghurst, estamos llegando a
un punto de no retorno de la
trágica historia sudamericana,
especialmente de la Amazonía. La
condena a estos planes de
penetración y de apertura de las
selvas, con el vergonzoso costo
humano que esto traerá
aparejado, debería ser unánime.
Sin embargo, hay que decirlo:
por más que el impacto, la
agresión y la amenaza sean
globales, hoy pocos saben,
incluso en la propia América del
Sur, lo que está pasando en la
Amazonía Sur, y mucho menos lo
que puede pasar. Habría que
parar el genocidio y el
etnocidio, habría que parar la
devastación, pero estamos lejos
de poder hacerlo. El mundo
sensible debería pronunciarse y
actuar. Y nosotros, desde acá,
movilizarnos. Más que nunca.
Río Abajo, Bolivia, 21/11/10
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