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UNA GUITARRA EN EL MUNDO
Por Héctor García Martínez
Javier Peñoñori
Nació en San Pedro,
provincia de Buenos Aires, en
los años 60 allí vivió hasta la
adolescencia, cuando se radicó
en la Capital Federal para
cursar estudios universitarios
y continuar con la actividad
musical.
Todavía mantiene su
característica provinciana,
reflejada en el hablar y andar
pausado, al margen del frenesí
urbano. Con la guitarra sigue
fiel a las esencias telúricas
que lo vieron nacer.
Los inicios musicales de Javier
se remontan a la infancia,
cuando comenzó a jugar con una
mandolina sin cuerdas propiedad
de la abuela. Mientras
escuchaba por radio a Atahualpa
Yupanqui, el canto de Los
Chalchaleros, Los Fronterizos
y, entre otros, a un pianista
polaco: Víctor Malkucinsky,
especialista en Chopin. También
a Andrés Segovia cuando actuó
en el Teatro Colón.
De Yupanqui le quedaron
grabadas sus interpretaciones
de Zamba de Vargas y Lloran las
ramas del viento (vidala).
El primer maestro que tuvo en
San Pedro fue el profesor José
Rizutti.
- ¿No tenía nada que ver con
el destacado maestro Carmelo
Rizutti?
Había un parentesco, éste era
bandoneonista y dirigía la
Orquesta de San Pedro, sabía
mucha música.
La primera guitarra que tuvo se
la compró el padre a un amigo
pintor de San Pedro, que había
sido de su abuelo Eulogio
Peral, catalán, concertista de
guitarra y director de orquesta
en Uruguay.
- ¿Cómo fueron sus inicios
en la música?
No fueron rápidos, mi madre era
maestra rural, solía llevarme a
las fiestas patrias para
actuar. Sabían que me gustaba
la guitarra y allí en los actos
escolares cantaba.
A los 6 años ya estaba
encauzado en la música, lo
hacía con la ayuda de mi madre,
que era pianista.
A esa edad di mi primer
concierto en la Biblioteca
Nacional de San Pedro. Allí
volví a tocar hace poco, fue
emocionante porque me encontré
con gente de aquella época.
Después comienzo a actuar fuera
de San Pedro, a 25 Kilómetros
de allí, en Baradero; me
invitaban a actuar en los
festivales de esa localidad.
Asegura:”Hacía lo mío, como lo
hago hoy, tocar mis
composiciones”.
- ¿El repertorio que
abordaba, ¿se integraba con
música sureña?
No sólo de música sureña,
además tocaba gatos, zambas. .
. “
“Hay un gran manantial donde
uno se inspira.
De chico me gustaba escuchar
una música e imitarla. Por eso
no me cuesta nada la
improvisación alrededor de un
tema. Muchos dicen: Sí, pero
algunos temas se pueden llegar
a desfigurar. Pero si uno
aclara que está basado en tal
tema, uno puede hacer un
arreglo.”
- Después de San Pedro, ¿qué
vino?
Vine a este “hormiguero
pateado” que es Buenos Aires,
mi padre me consiguió un
trabajo a través de unos tíos
de Dolores para poder trabajar
y estudiar.
A los 16 años estaba haciendo
el ingreso en la Universidad,
para cursar Ciencias Exactas y
así pude dar mis primeros
conciertos en la Capital
Federal actuando en el Aula
magna de esta Facultad.
Al final terminé cursando
Sociología, me recibí de
sociólogo.
Me gustan las ciencias exactas,
hasta hace poco tuve alumnos de
física, pero la música pudo
más.
Muchos se olvidan de Yupanqui,
para mí es esencial porque es
la música ligada al paisaje y
al hombre que lo habita.
No se puede desprender la
música de quienes la hacen, que
son los hombres y mujeres que
tienen ligazón con una
geografía, con una cultura, una
historia y una raíz. En ese
aspecto hay mucho que decir.
- Usted, desde hace años,
viene ofreciendo conciertos por
el interior, ¿no?
Sí, tengo la oportunidad desde
hace 15 años de ir a Tucumán
todos los veranos, allá tengo
familiares y amigos vinculados
con la Universidad, con Radio
Nacional.
Esta provincia me atrajo por
ser el lugar que naturalmente
eligió Yupanqui.
Él hablaba de su abuelo que
hachaba quebrachos para hacer
los durmientes de ferrocarril y
las puertas de las estaciones.
Entonces no es sólo la historia
del padre que trabajó en el
ferrocarril en Pergamino.
En Yupanqui había una historia
ligada con Tucumán, por eso
siempre digo que la vida uno no
la puede planificar en un
papel, es mucho más rica e
interesante de lo que uno
piensa. Uno va haciendo un
camino que está vinculado con
el destino de uno, ligado con
una historia familiar, que lo
guía, lo va llevando. . .
- Hábleme de su gira europea
. . .
“Eso fue parte de lo que
estamos hablando: la vivencia
está primero y la teoría es su
consecuencia. Uno se enriquece
cuando viaja, tiene la
oportunidad de ver, comparar.
Percibir a la distancia la
riqueza de nuestra Argentina,
donde caben varias España,
Varias Francia, varias Italia.
En 1997, 1998 empiezo a
recorrer Europa por Madrid,
Barcelona, el País Vasco, la
República Checa, conociendo sus
geografías, su gente , su
música, sus gustos, los
reclamos por escuchar nuestra
música.
- Hábleme de su experiencia
profesional en aquellas
naciones . . .
Lo que puedo destacar, por
ejemplo, es que uno va a la
República Checa, a Praga, y hay
una zona como la que había aquí
en los años 60,70, cuando
proliferaban las peñas.
Allá está la zona de los
museos, las iglesias, las
catedrales, en las puertas se
reparten volantes, o hay
letreros donde dicen : Hoy
concierto de Bach; el jueves,
Vivaldi, y así seguido. Es
común eso porque es música de
ellos.
- ¿Cómo fueron sus
actuaciones?
Había hecho un contacto previo
desde Francia para la República
Checa, donde ofrecí tres
conciertos, uno en una iglesia,
los otros dos en sendos museos.
- ¿Qué repertorio
interpretó?
“Yupanqui, Astor Piazzola,
el paraguayo Agustín Barrios y
temas míos, que ya había
grabado aquí.
En ese momento había un
festival de guitarras en el que
se rendía un homenaje a la
música latinoamericana.
No me voy a olvidar nunca la
emoción que sentí en una
iglesia al escuchar “Lloran las
ramas del viento”, vidala de A.
Yupanqui, y un preludio en Do
menor de Agustín Barrios. Algo
maravilloso, era un ida y
vuelta con el público.
En España hice Madrid y el País
Vasco. Yupanqui es muy conocido
allá , se habla con mucho
respeto y admiración de él.
- ¿Interpretó a Fleury?
Sí, el número uno de él,
“Milongueo del ayer” (risas).
- ¿Es conocido?
En algunos lugares, sí, me
llamó la atención que se lo
conociera en los países del
Este, como en la ciudad de
Praga, las academias vinculadas
con la ex Unión Soviética,
conocían “Estilo Pampeano” de
él, siendo obra obligatoria de
los conservatorios de esa
región.
Siempre contaba en los
conciertos, aquí en la
Argentina, que Fleury era más
conocido afuera que en nuestro
país.
Concluyendo, sobre mis giras
europeas le digo que las hice
con el auspicio de mi propio
bolsillo, no conté con el apoyo
de ningún organismo estatal o
privado.
- Volviendo a Fleury, le
digo que aquí ya no es un
olvidado, la Asociación
Guitarrística de Mar del Plata,
desde su muerte hasta el
presente, todos los años le
rinde un homenaje en agosto,
mes de su deceso.
En Coronel Vidal, provincia de
Buenos Aires, se levanta hace
más de 15 años un monolito en
su memoria.
En Dolores, su suelo natal,
desde aproximadamente 1992 se
realiza la Fiesta de la
Guitarra Homenaje a Fleury. El
escenario de esa fiesta se
llama Estilo Pampeano, el
título de una de sus obras
cumbre.
Una plaza de esta localidad
lleva su nombre. Aunque esta
fiesta poco tiene que ver con
Fleury y con la guitarra, se
trata de un festival de música
popular . Sobre esto tenemos
que tener un juicio crítico,
pero constructivo.
Cuando se organiza un “festival
de guitarra en homenaje a
Fleury” en Dolores, es un mal
ejemplo que se debe corregir.
Se utiliza mal, en nombre de
Fleury, un espacio donde actúa
una banda de rock, que tiene su
derecho de actuación, pero que
no tiene nada que ver con el
homenajeado.
- Para usted, ¿por qué no se
tiene en cuenta como se debe
esa fiesta en Dolores a Fleury?
Porque hay interese de
políticos, de funcionarios,
gobernadores, etcétera, de todo
aquello que hace ruido y
produce mayores dividendos.
Se prioriza lo que deja dinero,
lo comercial. Es una mal
llamada cultura, diría una
contracultura.
En nuestro país estamos
inundados de soja y los
festivales en homenaje a Fleury
por bandas de rock, o grupos
que no tienen nada que ver con
nuestro acervo tradicional.
Y nos han tapado nuestra
tradición . Volvamos a las
milongas, a los malambos,
volvamos a nuestro campo con
cabezas de ganado no con soja.
La conversación continuó sobre
otros aspectos nada alentadores
de nuestro actual panorama
cultural argentino.
También hizo referencia a su
participación en la Cabalgata
de Acheral, integrando un grupo
de seguidores de Yupanqui, que
todos los años recorren a
caballos los lugares por donde
anduvo Don Ata, en esa zona del
norte tucumano.
Así concluyó la entrevista con
Javier Peñoñori, una guitarra
por el mundo, difusor y celoso
defensor de lo argentino. Este
es uno de los tantos ejemplos
positivos, poco conocidos, de
la Argentina que anhelamos
construir.
Para él nuestro reconocimiento,
apoyo y gratitud.
Fuente: El Tradicional -
Revista bimestral dedicada a
conservar nuestra identidad
nacional - Enero de 2010,
edición Nº 93
Declarado de Interés Cultural
por la Cámara de Diputados de
la Pcia. De Buenos Aires.
http://javierpenonori.ning.com/
www.javierpenonori.unlugar.com
Gentileza:: Nélida Cortéz [
nelidacortez06@yahoo.com.ar
]paginadigital
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