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La difícil búsqueda de la
autorrealización
Leonardo
Boff
Prevalece ampliamente hoy en
día una erosión de los valores
éticos que normalmente eran
vividos y transmitidos por la
familia y después por la escuela
y la sociedad. Esa erosión ha
hecho que las estrellas-guía del
cielo quedasen encubiertas por
las nubes de intereses dañinos
para la sociedad y para el
futuro de la vida y el
equilibrio de la Tierra.
No obstante esta oscuridad, hay
que reconocer también la
aparición de nuevos valores
ligados a la solidaridad
internacional, al cuidado de la
naturaleza, a la transparencia
en las relaciones sociales y al
rechazo de formas de violencia
represiva y de transgresión de
los derechos humanos. Pero ni
aun así ha disminuido la crisis
de valores, especialmente en el
campo de la economía de mercado
y de las finanzas especulativas.
Estas son las que definen los
rumbos del mundo y el día a día
de los asalariados, que viven
bajo la permanente amenaza del
desempleo. Las crisis recientes
han denunciado a las mafias de
especuladores instalados en las
bolsas y en los grandes bancos,
cuyo elevado número y capacidad
de rapiña del dinero ajeno casi
hizo derrumbarse el sistema
financiero mundial. En vez de
estar en la cárcel, tales
bellacos, después de pequeños
reajustes, han vuelto al antiguo
vicio de la especulación y al
juego de la apropiación indebida
de los «commons», de los bienes
comunes de la humanidad (agua,
semillas, suelos, energía,
etc.).
Esta atmósfera de anomia y de
que todo vale, que se extiende
también a la política, hace que
el sentido ético quede embotado
y, ante la corrupción general,
las personas se sientan
impotentes y condenadas a la
amargura ácida y a la
resignación humillante. En este
contexto muchos buscan sentido
en la literatura de autoayuda,
hecha de trozos de psicología,
sabiduría oriental,
espiritualidad con recetas para
la felicidad completa, todo ello
una ilusión, porque no se
sustenta ni se apoya en un
sentido realista y
contradictorio de la realidad.
Otros se procuran psicólogos y
psicoanalistas de dan consejos
mejor fundados, pero en el fondo
todo termina con las siguientes
recomendaciones: dado el fracaso
de las instancias creadoras de
sentido, como son las religiones
y las filosofías, y habida
cuenta de la confusión de
visiones del mundo, de la
relativización de valores y del
vacío del sentido existencial,
busque usted mismo su camino,
trabaje su Yo profundo,
establezca usted mismo
referencias éticas que orienten
su vida y busque su
autorrealización.
Autorrealización: la palabra
mágica cargada de promesas.
No seré yo quien combata la
autorrealización después de
haber escrito El águila y la
gallina, una metáfora de la
condición humana (Trotta 2002),
libro que estimula a las
personas a encontrar en sí
mismas las razones de una
autorrealización sensata. Ésta
resulta de la sabia combinación
de la dimensión águila y de la
dimensión gallina. Cuándo debo
ser gallina, es decir, concreto,
atento a los desafíos de lo
cotidiano, y cuándo debo ser
águila que busca volar alto
para, en libertad, realizar
potencialidades escondidas. Al
articular tales dimensiones se
crea la posibilidad de una
autorrealización exitosa.
Pienso que esta autorrealización
sólo se alcanza si incorpora
seriamente otras tres
dimensiones. La primera es la
dimensión de sombra. Cada cual
posee su lado autocentrado,
arrogante, y otras limitaciones
que no nos ennoblecen. Esta
dimensión no es un defecto sino
un signo de nuestra condición
humana. Acoger tal sombra, y
cuidar de que sus efectos
negativos no alcancen a los
demás, nos hace humildes,
comprensivos con las sombras
ajenas y nos permite una
experiencia humana más completa
e integrada.
La segunda dimensión es la
relación con los otros, abierta,
sincera y hecha de intercambios
enriquecedores. Somos seres de
relación. No hay ninguna
autorrealización si se cortan
los lazos con los demás.
La tercera dimensión consiste en
alimentar un cierto nivel de
espiritualidad. Con esto no
quiero decir que la persona deba
pertenecer a alguna confesión
religiosa. Puede ocurrir pero no
es imprescindible. Lo importante
es abrirse al capital
humano/espiritual que, al
contrario del capital material,
es ilimitado y hecho de valores
como la verdad, la justicia, la
solidaridad y el amor. En esta
dimensión surge la pregunta
inaplazable: ¿Qué sentido tiene
al final mi vida y todo el
universo? ¿Qué puedo esperar?
¿La vuelta al polvo cósmico o el
abrigo en un Útero divino que me
acoge así como soy?
Si esta última es la respuesta,
la autorrealización traerá
profundidad y una felicidad
íntima que nadie puede quitar.
Gentileza:: Con Todo Ahora
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