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¿Cómo es posible que el 1%
más rico nos gane al 99% más
pobre en esta guerra de clases
brutal?
por Larry
Beinhart
¿Quiénes son ellos? El 1%
más rico. Y quizás el 9%
siguiente. ¿Quiénes somos
nosotros? Todo el resto. Lo que
plantea una interesante
cuestión. ¿Cómo se las ha
arreglado una pequeña fracción
de la población –que es diversa
en muchos sentidos- para que sus
estrechos intereses económicos
dominen a los intereses
económicos de la mayoría? Y, al
hacerlo, ponen en peligro el
bienestar económico de nuestra
nación y llevan al sistema
financiero mundial al borde del
colapso. Ellos tienen dinero.
Nosotros tenemos votos.
En teoría, esto significa que
nosotros deberíamos tener el
gobierno. En teoría, el gobierno
debería ser un contrapeso contra
los excesos del dinero, adoptar
un punto de vista amplio para el
bien de la nación y velar por la
mayoría. Ni que decir tiene, por
los pobres y maltratados.
Lo que tenemos actualmente es un
partido político que es sin
lugar a dudas el partido del
dinero y otro partido que se
vende totalmente al dinero.
Bien, como mínimo tenemos redes
de seguridad.
El mayor arrepentimiento de
George Bush es no haber
privatizado la seguridad social.
¿Por qué tanto anhelo?
Una de las razones es que se
trata de una gran masa de
dinero. Absolutamente
gigantesca. A los banqueros y
cambistas les vuelve locos no
poder meter sus manos en ella.
La otra razón es la aversión
ideológica. Stephen Moore
(académico senior del Cato
Institute, editorialista de la
National Review y presidente del
Free Enterprise Fund) escribió:
"la Seguridad Social es el
blando bajo vientre del estado
del bienestar. Si tu lanza puede
pincharlo, puedes socavar todo
el estado del bienestar".
Allí donde Bush falló, Obama
acaba de dar el primer paso.
Su reciente acuerdo fiscal
incluye recortes en las
contribuciones de los
empleadores a la Seguridad
Social. Lo que significa
descapitalizar, debilitar y
sentar un nuevo precedente de
que las contribuciones a la
Seguridad Social pueden
recortarse para "estimular" a la
economía.
El "crash" ha puesto a los
Estados en peligro. En vez de
aumentar los impuestos, o pedir
prestado, algunos han decidido
hacer recortes en Medicaid, el
programa que presta servicios a
distintas categorías de gente
con rentas bajas: mujeres
embarazadas, jóvenes menores de
19 años, ciegos, inválidos o los
que necesitan cuidados
domiciliarios. Si eres un pobre
muchacho que necesita un
trasplante de hígado, puedes
ponerte a pedir, robar en una
tienda o morir.
Este movimiento hacia la derecha
es un triunfo de una campaña
propagandística larga y bien
financiada.
Cada vez que leo un editorial
del New York Times escrito por
un "académico senior" del Hoover
Institute o un miembro del Cato
Institute, me entran ganas de
gritar, por favor cambien esto
por "prostituta pagada por un
millonario psicótico de extrema
derecha". Lo que es mucho más
real.
A su vez, tienen una gran
influencia en los principales
medios de comunicación. "Cuando
los conservadores denunciaron la
tendencia izquierdista de los
medios de comunicación, vieron
como sus instituciones eran
citadas en varios medios casi
8.000 veces en 1995, mientras
que los think tanks liberales o
progresistas recibieron solo
1.152 citaciones" ("Como las
instituciones filántropas y los
think tanks conservadores
transforman la política de los
EEUU", por Sally Covington,
Covert Action Quarterly, Winter
1998).
Su influencia en los medios de
comunicación nacionales afecta a
todo el diálogo nacional. Ahora,
evidentemente, han llevado el
concepto de think tank a un
nivel totalmente nuevo: Fox News.
¿Qué pasa con los medios de
comunicación? ¿No existen –fuera
de Fox News- periodistas
objetivos?
En periodismo no existe una
realidad objetiva. Solamente
existen comparaciones objetivas
de citas. Las citas solamente
pueden provenir de fuentes
"válidas". Un periodista no
puede tomar los recortes de
impuestos y compararlos con los
resultados económicos –aumento
del empleo, cambios en el
salario medio y otros por el
estilo– y decir que los recortes
de impuestos no crean empleo. Lo
único que pueden hacer es citar
a políticos como Bush y Obama,
que dicen que los recortes de
impuestos son un estímulo y,
luego, buscar a alguien con la
misma autoridad o, por lo menos,
con una autoridad significativa
que diga lo contrario, a
continuación tratarlo como si
fuera un menú chino: dos citas
de la columna A, una de la
columna B. Pero ¿qué pasa si no
hay pesos pesados dispuestos a
quedar constatados por la
columna B?
Aquí está lo verdaderamente
extraño.
Todo un campo, la economía, no
sabe adonde va.
Ello se hizo evidente cuando el
99,7% (es una cifra imaginaria
pero probablemente acertada), no
fue capaz de predecir el crash
del 2008. No fue capaz de
diagnosticar la burbuja
inmobiliaria, no fue capaz de
entender la burbuja de los
derivados y no fue capaz de
darse cuenta de que los mayores
bancos del mundo estaban todos
en bancarrota.
Después del crash, fueron
incapaces de alzar la voz contra
los recortes de impuestos que lo
provocaron. Fueron incapaces de
encontrar una forma de
solucionar los problemas.
Solución que, basándonos en la
experiencia histórica, parece
bastante obvia, aumentar los
impuestos y emplear el dinero en
cosas útiles que la industria
privada no quiere o no puede
hacer, como emplear gente.
La teoría de Paul Krugman,
parafraseándola de forma
aproximada, es que los
economistas sufren de envidia,
que es como envidia del pene,
pero aún más estúpida. La
economía es una ciencia social,
o sea no exacta. Los científicos
sociales se fijan en la física,
la más dura de las ciencias
duras. Ven cantidad de
matemáticas y de fórmulas. Se
imaginan que si utilizan muchas
matemáticas también ellos serán
fuertes. Para crear modelos
matemáticos a partir de la
desordenada complejidad de la
actividad humana suponen
mercados perfectos. Si la
economía se mantiene estable,
puede funcionar.
La fe en la perfección de los
mercados promueve la
desregulación y los recortes de
impuestos. Esto desestabiliza la
economía. Por lo tanto, los
economistas contribuyen a crear
los desastres que no existen en
sus modelos matemáticos.
Charles Ferguson, que dirigió el
magnífico documental Inside Job,
es mucho más cínico. Cree que
los economistas académicos, al
igual que los médicos que
favorecen a las empresas
farmacéuticas, sacan tajada
favoreciendo los intereses del
gran capital. En el film hace un
trabajo maravilloso para
demostrar precisamente esto.
Desde luego, la totalidad del
mundo académico –con la
excepción de algunos
departamentos de literatura
inglesa– ha pasado a formar
parte del nexo empresarial,
bancario, militar y político.
Se suponía que la torre de
marfil estaba por encima de este
asqueroso mundo. Era una de
nuestras últimas defensas en la
guerra de clases, un lugar
dedicado al conocimiento por sí
mismo y veraz precisamente por
ser auténtico.
Actualmente las universidades
persiguen verdades que alguien
esté dispuesto a financiar.
La verdad de mañana es aquello
por lo que hoy se paga.
Traducción
de Anna Maria Garriga.
Fuente: Sinpermiso.info
Gentileza:: Pica
[pica@cubarte.cult.cu]
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