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Propuestas
para superar la crisis
alimentaria
Cipca
Centro de Investigación y Prom
Adital
PROPUESTA INSTITUCIONAL
Propuestas de CIPCA orientadas a
superar la crisis alimentaria
En estas semanas se han
intensificado los problemas y
conflictos por la escasez de
alimentos y por el incremento de
sus precios; asimismo, los
análisis y debates no han estado
ausentes, aunque son escasas las
propuestas para dar una solución
estructural al tema. Por ello, a
partir de experiencias
productivas de comunidades
campesinas indígenas a las que
acompaña CIPCA en siete regiones
del país[1], queremos contribuir
con algunas propuestas para
superar esta situación.
Las múltiples causas de la
crisis y algunas medidas
desesperadas
Efectivamente, en estos últimos
años se ha evidenciado en el
país la crisis alimentaria y el
alza de los precios de los
alimentos se trató de
contrarrestar con acciones
directas desde el Estado, dado
su nuevo papel como actor
relevante de la economía. Se
delegó a EMAPA la tarea de
apoyar la producción de
alimentos, y en tres años, del
2007 al 2010, sólo ha alcanzado
a apoyar la producción de unas
240 mil hectáreas beneficiando a
unas 16 mil familias.
Actualmente se ha concentrado en
la comercialización de
productos, como el azúcar
importado.
Pero la seguridad alimentaria
del país es un tema demasiado
importante como para dejarlo
solamente en manos de EMAPA, ya
que es de largo aliento, es
estructural y requiere la
participación de diferentes
sectores y actores.
Se ha insistido mucho en que la
causa de la crisis es el cambio
climático. Es verdad que las
sequías, inundaciones,
granizadas, etc. han mermado las
cosechas y faltan alimentos en
el país. Sin embargo, junto con
estas causas ambientales, hay
otros factores de orden
político, económico y técnico.
Mencionemos algunos de ellos:
Causas Políticas. Las políticas
de prohibición y restricciones a
las exportaciones han dado
resultados puntuales y de corto
plazo para los consumidores
urbanos, pero no son respuestas
que aseguren la producción y
disponibilidad de alimentos como
el arroz, maíz y azúcar para
toda la población. Es más, las
importaciones llevadas a cabo
por el mismo Estado y la
declaratoria de importación sin
aranceles hacen que la población
urbana tenga alimentos
disponibles, pero esos alimentos
no llegan a las comunidades
rurales, por la manera en que
está priorizado y organizado su
venta desde el Estado a través
de EMAPA. Pero no sólo eso, como
se sabe, las importaciones
generan efectos negativos de
corto, mediano y largo plazo
para los productores y sus
sistemas productivos por el
desincentivo a la producción; y
también implica la salida de
divisas del país.
La capacidad de compra de
alimentos por los consumidores,
que cada vez es más escasa, es
también consecuencia de
determinadas políticas, lo que
obliga a la población a consumir
mayormente carbohidratos (maíz,
trigo y arroz, tubérculos y
azúcar).
La falta de políticas y
priorización de inversiones
productivas hacen que, como en
el pasado, continúe la pérdida
de producción por falta de
vinculación vial entre las zonas
de producción y los mercados.
También, políticas erradas como
el derogado DS 748, por ejemplo,
ha provocado que el incremento
de los precios de los productos
no esté llegando a los
productores, sino que todo el
plus se queda con los
intermediarios y transportistas,
y esto socava su capacidad de
reinversión productiva. A manera
de ejemplo, en el altiplano de
La Paz desde que se supo del
derogrado decreto, el precio de
la arroba de papa al consumidor
final se ha incrementado en
promedio 55 Bs., pero el
productor sigue recibiendo los
30 Bs. por esa arroba; en esta
misma región, el litro de leche
ha subido al consumidor final de
4,5 a 5,6 Bs pero el productor
sigue recibiendo 2,4 Bs. (Datos
CIPCA La Paz, 2011). En
Cochabamba, por una carga de
papa (9 o 10 arrobas,
dependiendo de la zona) de
segunda calidad, el productor
recibe 350 Bs. y esa misma carga
llega al minorista a razón de
410 Bs. En el caso del choclo
por 25 unidades el productor
recibe entre 15 y 17 Bs. y al
minorista le llega a 25 Bs. (CIPCA
Cochabamba, 2011). Entre el
productor y consumidor final hay
demasiada intermediación
afectando negativamente a ambos.
No menos importante es la
carencia de información
actualizada, confiable y
disponible sobre el sector
agropecuario y agroforestal, que
dificulta formular políticas
adecuadas y de largo plazo. Como
se sabe, en el país continúa
postergado el anunciado Censo
Nacional Agropecuario, y se
continúa utilizando datos del
Censo de 1984. Por ejemplo,
debido a la falta de información
no se conoce qué porción de la
caña producida se destina a la
producción de azúcar y qué a
otros productos, como el
alcohol, y cuánto realmente se
exporta. Según estimaciones
preliminares, este 2010 se
habría exportado en alcohol
–para etanol- y azúcar blanca el
equivalente al 50% de la demanda
nacional de azúcar (Nordgren,
2011).
Causas Técnicas. Otra causa de
la crisis es la baja producción
y baja productividad de los
sistemas productivos del sector
de pequeños, medianos y grandes
productores. Si comparamos con
los rendimientos de cualquiera
de los productos con los países
vecinos es elocuente la
diferencia, y no es precisamente
por la falta de uso de
transgénicos, como han sugerido
algunos dirigentes
agroindustriales. El riego
apenas cubre el 6% del área
cultivada en el país, las
inversiones en la ganadería
extensiva son prácticamente
inexistentes y sólo justifican
la tenencia de la tierra. La
capacidad productiva de los
suelos es baja por las mismas
características de relieve del
país y por algunas limitaciones
edafoclimáticas, según
información del 2001 de la
superintendencia agraria Bolivia
tiene 41% de su superficie
degradada y 25% con serio riesgo
de degradación, aspecto que más
afecta a tierras altas.
Asimismo, el cambio de uso de
suelos, procesos de erosión,
salinización y pérdida de
fertilidad que no se controlan
especialmente en tierras bajas;
el desbosque y las quemas que
provocan la pérdida irreversible
de la biodiversidad,
contaminación de ríos, la
perdida de productos de
recolección como castaña, cacao
y la quema de sembradíos y
plantaciones agroforestales.
También, se registra una alta
pérdida de la producción por
poscosecha.
Entre 2005 y 2010 se han perdido
por quemas y otras causas
naturales 972 hectáreas de
sistemas agroforestales de las
2.563 plantadas en seis
municipios del Noreste de la
amazonía boliviana. (Datos CIPCA
Norte, 2010). Asimismo, este
2010 recién pasado en Baures (Beni)
se han quemado 35 islas de cacao
silvestre con diferentes grado
de afectación, que ha supuesto
la pérdida de unas dos mil
hectáreas de cacao –de donde se
exporta parte del cacao
boliviano- (Datos CIPCA Beni,
2010), dejando a las familias
recolectoras de este producto
sin sustento no sólo para este
año sino para al menos los
próximos cinco años, periodo en
que un repoblamiento de cacao
puede restituir su base
económica.
Falta de institucionalidad.
También es causa el desorden
institucional horizontal y
vertical en el Estado. Es decir
el tema de la producción
agropecuaria y agroforestal es
encarada por varios Ministerios
a la vez: Desarrollo Rural,
Medio Ambiente y Agua,
Desarrollo Productivo,
Planificación, y ahora
Autonomías, y sin la debida
coordinación, cada uno con sus
propias iniciativas, programas y
proyectos; incluso con sus
propias visiones de desarrollo.
A esto llamamos desorden
institucional horizontal.
Por otro lado, hay un desorden
vertical que evidencia la falta
de coordinación entre los
niveles de gobierno nacional,
departamental y municipal. No
hay un Plan Nacional Productivo
que esté involucrando a estos
tres niveles de gobierno en el
tema que nos ocupa, es más,
median razones políticas que
dificultan una acción conjunta.
Esta situación complica aún más
la posibilidad de encarar con
seriedad la crisis alimentaria.
En este contexto, con desespero
se han estado barajando
alternativas para solucionar la
crisis alimentaria en el país;
pero no se ha tomado en cuenta
al sector campesino indígena,
cuyo aporte a la alimentación de
país es evidente, aunque no
cuantificado, ciertamente. ¿Se
pretende desconocer su
potencial, su capacidad, su
aporte y su experiencia?
La ampliación de la frontera
agrícola para producir mayor
cantidad de alimentos es una
salida planteada desde el
Estado. Incluso se escucha decir
que se podrían flexibilizar las
normas de cumplimiento de la
Función Económica Social (FES),
y que se podría autorizar el uso
de transgénicos a fin de
producir alimentos para el país
y el mundo. Empero, estos
aspectos no encuentran sustento
en los principios y
planteamientos del Plan Nacional
de Desarrollo (PND) ni en el
Plan de Desarrollo Sectorial del
Ministerio de Desarrollo Rural.
Dado el contexto actual de
crisis, a corto plazo, los
próximos meses, lamentablemente
el único camino será continuar
importando algunos productos de
consumo masivo. Empero,
simultáneamente se debe elaborar
y aplicar medidas estructurales
y de largo plazo. Es por ello
que planteamos algunas
propuestas en esta línea.
Algunas propuestas frente a la
crisis alimentaria
CIPCA propone formular un Plan
Nacional Concertado de
Fortalecimiento de la Capacidad
productiva del país, con una
perspectiva de largo plazo y con
participación de los diferentes
actores de la denominada
economía plural. Esto implica
reconocer el aporte real y
potencial de cada uno de los
sectores productivos, incluyendo
por supuesto la participación
activa de los pequeños
productores campesinos
indígenas; asimismo, de la
academia, centros de
investigación y de desarrollo.
El objetivo estratégico del Plan
debe ser Asegurar la producción
para la alimentación de la
población boliviana, sin dejar
de lado las exportaciones. Para
alcanzar este objetivo es
imprescindible incrementar la
productividad sin ampliar la
frontera agrícola, recuperar los
suelos desertificados y mejorar
su fertilidad ampliando la
superficie bajo riego.
En este marco, las propuestas
planteadas a continuación deben
ser tomadas como aportes desde
la perspectiva de los
productores campesinos indígenas
y basadas en su propia
experiencia, que indudablemente
deben ser compatibilizadas con
propuestas de otros sectores
productivos, pero también por
otros sectores como el de
educación y salud, ya que
también su participación es
requerida.
1. Programa de transformación de
la producción de secano a riego.
Se propone incrementar el área
de riego de 6% a al menos el 12%
(de 230.000 a 460.000 hectáreas)
del área cultivada a nivel
nacional, con riego tecnificado
(aspersión y goteo, sobre todo);
implementación de invernaderos
de segunda generación; manejo de
suelos y los diversos recursos
naturales. Producción
diversificada y con manejo de
semillas mejoradas, aprovechando
la diversidad varietal local.
Todo ello bajo un enfoque
integral de cuenca y con
criterios agroecológicos, que
incluye el manejo de los
diversos recursos naturales. A
ello denominamos agricultura
sostenible. Para esto es
necesario replicar las
experiencias exitosas que ya
desarrollan familias y
comunidades de zonas del Chaco,
Valles y Altiplano. Empero se
debe complementar con acciones y
medidas de mayor magnitud para
el riego: trasvase de aguas
hacia el Altiplano y los Valles,
y ductos en el Chaco (atravesado
por tres ríos: Grande, Parapetí
y Pilcomayo); solo así se podrá
resolver de manera estructural
la sequía recurrente y que el
cambio climático amenaza con
empeorar año tras año. También
hay que plantearse el riego en
algunas áreas cultivables del
trópico y la Amazonía, aunque
esto suene extraño, el riego
durante la estación seca y las
cada vez más frecuentes e
intensas sequias en esta región
("sequía amazónica”) ha
demostrado garantizar el éxito
en las plantaciones de sistemas
agroforestales durante las
primeras fases de su desarrollo.
2. Programa de transformación de
la ganadería bovina extensiva a
semi intensiva.
La transformación de la
ganadería extensiva a semi
intensiva implica realizar
inversiones en silvopasturas,
manejo del bosque con reserva y
clausura para asegurar la
recuperación de forrajes
nativos, rotación de potreros;
infraestructura para captación y
manejo del agua que garanticen
reservas de este líquido para el
consumo animal; sanidad animal y
manejo ganadero. Por supuesto
también implica la remuneración
a los trabajadores de las
haciendas, que hasta ahora en la
mayoría de los casos sólo
conocen de tratos verbales, no
de contratos laborales.
Asimismo, donde sea posible,
implementar la crianza de ovinos
de pelo, en varias zonas como
actividad complementaria a la
ganadería bovina. A todo esto
denominamos la nueva ganadería,
que es además complementaria a
una agricultura bajo principios
agroecológicos debido a las
constantes necesidades de
conservación de fertilidad de
suelos que puede satisfacer la
carga animal.
Esta propuesta también se basa
en las experiencias de
comunidades indígenas guaraníes
del Chaco, que han obtenido
buenos resultados en la
producción de carne y leche con
una carga animal de 4 hectáreas
o menos por cabeza de ganado,
frente a 25 o más hectáreas que
demandan otros sectores. La
propuesta se puede replicar en
parte de los departamentos de
Beni, Santa Cruz y el Chaco
chuquisaqueño y tarijeño.
Estas experiencias son
concordantes con la propuesta de
organizaciones indígenas como la
CIDOB, que en 2001 propuso una
carga animal de 2,6 a 3,9
hectáreas por cabeza, según las
características de cada zona.
La propuesta implica cambiar
hábitos y prácticas inadecuadas
propias de la ganadería
extensiva que en el país, en
gran medida, justifica la
tenencia de la tierra con una
carga animal irracional.
3. Programa nacional de sistemas
agroforestales y de gestión
integral del bosque.
Los sistemas agroforestales
(SAF) consisten en la
combinación adecuada de cultivos
anuales o de corto plazo
(hortalizas, arroz, plátano,
cumanda, sorgo, camote, yuca,
maní, joco, maíz, fréjol, piña,
etc.), plantaciones de mediano
plazo (cacao, copoazú,
tamarindo, pacay, achachairú,
papaya, manga, café, tamarindo,
palta, pupuña, coco, majo,
cítricos, etc. plantas
medicinales: sangre de grado,
copaibo y sucuba) y de largo
plazo (mara, serebó, cedro,
chonta fina, teca y castaña).
Permite obtener producción desde
el primer año de implementación
y a lo largo de todo el año,
aprovechando los diferentes
niveles que ofrece la cobertura
vegetal y preservando
sosteniblemente la fertilidad se
sus suelos, de manera parecida a
lo que hace el bosque amazónico
naturalmente. La obtención de
beneficios del sistema
agroforestal se prolonga por
muchos años, como la mara cuyo
corte se debería hacer recién a
los 40 años. Los sistemas
agroforestales se combinan
adecuadamente con la gestión
integral del bosque, de donde la
gente también obtiene productos
alimenticios, medicinales,
materiales, etc. En éste y en
los otros Programas, pero sobre
todo en éste, por las
condiciones del medio, se debe
avanzar más en la transformación
de la producción, ya que varios
rubros son de alta perecibilidad.
Los sistemas agroforestales son
una alternativa a la ganadería
extensiva y la agricultura
intensiva, que amenazan con
convertirse en modelo imperante
en la región amazónica, basados
en el desbosque, la quema, la
ampliación de la frontera
agrícola y los monocultivos. Los
sistemas agroforestales también
se constituyen en alternativa
para afrontar los efectos del
cambio climático, como las
inundaciones, sequías e
incendios por su mayor capacidad
de resiliencia; por promover y
fortalecer la integridad de las
funciones ecológicas del boque;
y por su aporte a la captura de
emisiones de carbono. Los
sistemas agroforestales se está
implementando en Pando, Beni,
Santa Cruz, y recientemente el
Chaco.
En éste y en los anteriores
Programas será importante
acompañar y asegurar la gestión
productiva de la tierra que el
mismo Estado, a través del INRA,
ha logrado sanear y titular a
favor de indígenas y campesinos.
4. Programa de mejora de la
ganadería altoandina.
La ganadería altoandina
consistente en la crianza de
bovinos, ovinos y camélidos de
manera asociada y complementaria
a la agricultura, implica la
mejora de la calidad del hato,
manejo y sanidad animal;
desarrollo de infraestructura
para captación y manejo del agua
para consumo animal y riego para
forrajes, bofedales y
recuperación de praderas
nativas; según los casos y
lugares, continuar con el manejo
y aprovechamiento comunal y
familiar de las praderas
nativas. Asimismo, se deben
seguir construyendo establos
atemperados o no, sea para la
producción de leche o carne.
Esta propuesta, que ya se aplica
en varios municipios, se puede
replicar en gran parte del
altiplano boliviano –ecosistema
que constituye el 30% del
territorio nacional- que abarca
desde La Paz hasta Tarija,
siempre considerando la aptitud
y condiciones del medio y la
preferencia de los propios
productores por estas especies.
La ganadería altoandina
actualmente viene aportando de
manera importante a la seguridad
alimentaria de las familias que
la implementan –por el acceso
físico y económico-, y de la
población de La Paz y El Alto.
5. Otras medidas necesarias
Asignación de recursos y fondos
concurrentes
Si -dando cumplimiento el
mandato de la Constitución
Política del Estado- en verdad
se pretende resolver la crisis
alimentaria de manera
estructural y con perspectiva de
largo plazo, fortaleciendo la
capacidad productiva del país,
se debe tomar la audaz decisión
de utilizar parte de los 10 mil
millones de dólares de reservas
generados hasta ahora, sumados a
recursos concurrentes de los
diferentes niveles de gobierno
(municipal, departamental y
nacional) y también del fondo
indígena.
Esto implica también un
ordenamiento horizontal y
vertical del Estado, a lo que ya
nos hemos referido arriba; pero
también requiere superar las
trabas de orden político
ideológico que están
dificultando avanzar en esta
materia, ya que la alimentación
de la población no puede estar
sometida a pugnas políticas de
unos y otros.
Seguro agrícola y sistema de
alerta temprana
Se debe implementar el Seguro
Agrícola, cuya característica
debe ser la diferenciación entre
el tipo de productor: grande,
mediano y pequeño, y tipo de
producción: monocultivos,
cultivos asociados y sistemas
multiestratos como son los SAFs..
Para este último el criterio más
adecuado sería asegurar una
determinada superficie con
diversidad de cultivos y no
asegurar un rubro en específico,
salvo si por situación de
determinada zona así lo
requieran los productores; otros
criterios pueden ser que el
terreno esté titulado, que los
cultivos no estén ubicados en
zonas degradadas o dentro de la
franja no permitida en cauces de
ríos, etc.
Asimismo, se debe implementar un
Sistema de Alerta Temprana y un
programa de adaptación y
respuesta preventiva a las
alteraciones climáticas con
recursos del Estado, en
coordinación con los gobiernos
subnacionales, para aminorar los
impactos del cambio climático y
disminuir los riesgos e
incertidumbre en los
productores.
Fortalecer y consolidar los
bancos de germoplasma
Es imprescindible fortalecer y
consolidar los bancos de
semillas que ya ha puesto en
marcha el INIAF a fin de
garantizar la disponibilidad de
semillas en el marco de la
seguridad alimentaria; pero será
importante avanzar hacia la
constitución de una reserva de
semillas para hacer frente a
eventualidades de diverso tipo y
el impulso a investigaciones
sobre variedades resistentes a
fenómenos climáticos adversos,
cuya magnitud es impredecible
por ahora.
Acercar al productor y al
consumidor.
Establecer mecanismos como
ferias a diferente escala y
nivel con la participación de
organizaciones de productores y
organizaciones de consumidores
(barriales, juntas vecinales,
etc.) para -sin pretender
eliminar a los intermediarios,
que en algunos casos juegan un
rol importante- , acercarlos más
a fin de que ambos puedan
encontrar beneficios mutuos en
la calidad y precio de los
productos. Ello implica también
uniformar el sistema de pesos y
medidas que se utilizan en la
compra-venta, que por lo general
ahora afecta negativamente tanto
a productores como a
consumidores, ya que dichos
pesos y medidas han sido
impuestos por los
intermediarios, con la inacción
cómplice de autoridades
encargadas de estos temas.
Centro de Investigación y
Promoción del Campesinado, CIPCA
La Paz, febrero 2011.
[1]
CIPCA trabaja con cerca a 12.000
unidades familiares campesinas
indígenas del altiplano norte de
La Paz, los valles interandinos
de Cochabamba y Norte Potosí, el
trópico y el Chaco de Santa
Cruz, la Amazonía sur del Beni,
y la amazonía norte en Riberalta
y Pando
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