|
Los impactos de la industria
minera: ecocidios y genocidios
Mapuexpress
Adital
Son miles de millones de
toneladas de minerales extraídos
de la tierra… Son miles de
Millones de Toneladas de roca
destruida, son miles de
hectáreas contaminadas, de
terrenos depredados, muertos,
asesinados. Se sigue depredando
y para el mundo industrial
empresarial materialista solo se
está sacando recursos inertes y
sus impactos se justifican por
las divisas que provocan en el
feroz mercado… Esta actividad es
una de las más dañinas a la
existencia del planeta.
Algunos de los "eruditos" e
"iluminados" que basan sus
actividades a costa de la
depredación ¿Se habrán puesto a
pensar alguna vez que lo que se
extrae, quizás, cumple un rol
para el funcionamiento y vida
del planeta?... Centros
principales de la energía de la
tierra destruidos y miles de
millones de litros de agua de
utilidad para la vida y la
alimentación consumidos por esta
industria.
Las actividades mineras
comprenden diversas etapas, cada
una de las cuales conlleva
impactos ambientales
particulares. En un sentido
amplio, estas etapas serían:
prospección y exploración de
yacimientos, desarrollo y
preparación de las minas,
explotación de las minas,
tratamiento de los minerales
obtenidos en instalaciones
respectivas con el objetivo de
obtener productos
comercializables.
En la fase de exploración,
algunas de las actividades con
impacto ambiental son la
preparación de los caminos de
acceso, mapeos topográficos y
geológicos, el montaje de
campamentos e instalaciones
auxiliares, trabajos geofísicos,
investigaciones hidrogeológicas,
aperturas de zanjas y pozos de
reconocimiento, tomas de
muestras.
Durante la fase de explotación,
los impactos que se producen
están en función del método
utilizado. En las zonas de
bosque, la sola deforestación de
los suelos con la consiguiente
eliminación de la vegetación
-más vasta en los casos de minas
de cielo abierto- tiene impactos
a corto, mediano y largo plazo.
La deforestación no solo afecta
el hábitat de cientos de
especies endémicas (muchas
llevadas a la extinción), sino
el mantenimiento de un flujo
constante de agua desde los
bosques hacia los demás
ecosistemas y centros urbanos.
La deforestación de los bosques
primarios causa una rápida y
fluida escorrentía de las aguas
provenientes de las lluvias,
agravando las crecidas en los
periodos de lluvia debido a que
el suelo no puede contener el
agua como lo hace en presencia
de las masas boscosas.
Además del área perturbada por
la socavación, el desgaste que
las minas provocan en la
superficie por la erosión y
colmatación (sedimentación del
lecho de los cursos de agua)
consiguientes, se ve agravado
por los montones de residuos de
roca sin valor económico (a los
que se llama material estéril),
que suelen formar enormes
montañas a veces más grandes que
la superficie sacrificada para
la socavación.
El enorme consumo de agua que
requiere la actividad minera
generalmente reduce la napa
freática del lugar, llegando a
secar pozos de agua y
manantiales. El agua suele
terminar contaminada por el
drenaje ácido, es decir la
exposición al aire y al agua de
los ácidos que se forman en
ciertos tipos de mena
-especialmente las sulfúricas-
como resultado de la actividad
minera, los que a su vez
reaccionan con otros minerales
expuestos. Se genera así un
vertido autoperpetuado de
material tóxico ácido que puede
continuar durante cientos o
incluso miles de años. Por otro
lado, las pequeñas partículas de
metales pesados que con el
tiempo pueden separarse de los
residuos, se diseminan con el
viento depositándose en el suelo
y los lechos de los cursos de
agua e integrándose lentamente
en los tejidos de organismos
vivos como los peces.
Productos químicos peligrosos
utilizados en las distintas
fases de procesamiento de los
metales, como cianuro, ácidos
concentrados y compuestos
alcalinos, si bien supuestamente
están controlados, es moneda
corriente que terminen, de una
forma u otra, en el sistema de
drenaje. La alteración y
contaminación del ciclo
hidrológico tiene efectos
colaterales muy graves que
afectan a los ecosistemas
circundantes -de manera
especialmente agravada a los
bosques- y a las personas.
La contaminación del aire puede
producirse por el polvo que
genera la actividad minera, que
constituye una causa grave de
enfermedad, generalmente de
trastornos respiratorios de las
personas y de asfixia de plantas
y árboles. Por otro lado, suele
haber emanaciones de gases y
vapores tóxicos, producción de
dióxido de azufre -responsable
de la lluvia ácida- por el
tratamiento de los metales, y de
dióxido de carbono y metano -dos
de los principales gases de
efecto invernadero causantes del
cambio climático- por la quema
de combustibles fósiles y la
creación de lagos artificiales
detrás de los embalses
hidroeléctricos destinados a
proporcionar energía para los
hornos de fundición y las
refinerías.
La actividad minera, además,
consume enormes cantidades de
madera para la construcción -en
el caso de las minas
subterráneas-, y también como
fuente de energía en el caso de
las minas con hornos de
fundición a base de carbón
vegetal. También, cuando se
realiza en zonas remotas,
implica grandes obras de
infraestructura, como carreteras
-que abren el acceso a los
bosques-, puertos, poblados
mineros, desviaciones de ríos,
construcción de embalses y
centrales generadoras de
energía.
Tanto el ruido ensordecedor de
la maquinaria utilizada en la
minería como las voladuras no
son un impacto menor, ya que
crean condiciones que pueden
resultar insoportables para las
poblaciones locales y la fauna
de los bosques.
Se aduce que la minería es vital
para la industrialización,
porque aporta materias primas y
fuentes de energía. No obstante,
la desproporcionada
concentración de inversión
actual en la búsqueda de oro y
diamantes, que son marginales
para la producción industrial,
dan por tierra la justificación
social del sector para sus
actividades. En 2001, el 82% del
oro refinado tuvo como destino
el mercado de la joyería, y vale
la pena tener en cuenta que para
producir un anillo de oro, el
promedio de residuos de roca
generados en una mina es de más
de 3 toneladas. En Estados
Unidos, la compañía Pegasus Gold
hizo desaparecer la montaña
Spirit Mountain de Montana,
reemplazando lo que fuera sitio
sagrado de las tribus por una
mina de oro a cielo abierto.
Durante los próximos 1.000 años,
el sitio seguirá destilando
ácido en la cuenca de la región.
Las distintas "fiebres del oro"
a lo largo de la historia han
llevado muerte y devastación a
las poblaciones locales. Desde
los Sioux de Black Hills a los
aborígenes de Bendigo en
Australia, la historia del oro
está manchada de sangre. Y hoy,
los Yanomami y los Macuxi, de la
Amazonia; los Galamsey, de
África Occidental; y los Igorot,
de Filipinas corren el mismo
peligro.
La minería llega a un lugar con
su promesa de generación de
riquezas y empleo, pero se
cuentan en millones quienes en
todo el mundo pueden dar
testimonio de los altos costos
sociales que trae consigo:
apropiación de las tierras de
las comunidades locales,
impactos en la salud, alteración
de las relaciones sociales,
destrucción de las formas de
sustento y de vida de las
comunidades, desintegración
social, cambios radicales y
abruptos en las culturas
regionales, desplazamiento de
otras actividades económicas
locales actuales y/o futuras.
Todo eso aparte de las
condiciones laborales peligrosas
e insalubres de ese tipo de
actividad.
Puede aducirse que muchas de las
comunidades afectadas han dado
su consentimiento. Pero
difícilmente puede hablarse de
consentimiento informado previo
genuino, ya que no tienen la
oportunidad de saber cabalmente
lo que les espera cuando se les
pide que pongan su firma sobre
la línea punteada al pie de un
contrato. Es por eso que se
reclaman mecanismos que permitan
a las comunidades indígenas y
locales participar efectivamente
en los procesos decisorios, así
como normas que les permitan
rechazar ese tipo de
emprendimientos en sus
territorios.
Si hay quienes de todas maneras
desean usar oro, o bien
utilizarlo para las arreglos
odontológicos o en los
microcircuitos de las
computadoras y teléfonos
celulares, está bien. Pero, como
alguien propone: saquémoslo de
fuentes recicladas. De las
125.000 toneladas de oro
extraídas de la tierra, más de
35.000 toneladas yacen en las
bóvedas de los bancos centrales.
Es más, la Reserva Federal de
Estados Unidos posee 8.145
toneladas de oro,
aproximadamente el 6% de todo el
oro extraído. Entonces, ¡qué
mejor que reciclarlo de las
bóvedas de los bancos!
VER VIDEOS E INFORMACIÓN
COMPLEMENTARIA
http://www.mapuexpress.net/?act=publications&id=4493
Mapuexpress
Informativo indígena Mapuche,
Chile -
www.mapuexpress.net
/ Grupo de Trabajo por Derechos
Colectivos
http://www.adital.com.br
http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?boletim=1&lang=ES&cod=56496
Gentileza:: Adital - Noticias
[retornos@adital.com.br]
paginadigital |