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¿Para que han servido sus
ejércitos a los pueblos de
Latinoamérica?
Carlos
Maldonado
Barómetro Internacional
El narcoterrorismo parece
ser la nueva variante del
Imperialismo para frenar a los
pueblos en búsqueda de su
libertad y desarrollo propio.
Los unos, a través de gobiernos
progresistas que han emprendido
la ruta de la segunda
independencia en América Latina;
los otros, en lucha constante
contra sus oligarquías. Y, por
qué digo esto, pues porque
observo a través de las notas
periodísticas cómo miembros en
activo o de baja de las fuerzas
de seguridad de los Estados aún
cooptados por el Imperio, son
los que están fuertemente
comprometidos con el
narcotráfico y todo lo que ello
conlleva, léase matanzas,
ejecuciones extrajudiciales,
violaciones, secuestros,
torturas, etcétera al buen
estilo de los años cruentos de
la guerra desatada contra sus
propios pueblos por los Estados
tiránicos de aquellos aciagos
años de la última mitad del
siglo XX cuando en América del
Sur, Centroamérica y algunas
partes del Caribe se sucedían
gobiernos de corte fascista
patrocinados por Estados Unidos,
dizque para combatir el
"comunismo".
Lo cierto es que hoy pareciera
que esa estrategia es la
utilizada por los jefes de la
mafia instalada en el Pentágono
y la Casa Blanca para
desestabilizar a los gobiernos
que no son proclives a sus
designios y sembrar países de
drogas, con el auxilio de
estructuras muy bien montadas de
capos, donde miembros de los
ejércitos y policías juegan un
rol fundamental para desde allí
hacer colapsar a su mismo
Estado, por la sencilla razón de
que éste no conseguirá ningún
triunfo apreciable en el combate
a los narcotraficantes -por ser
estos personajes los mismos que
dirigen o son parte de sus
instituciones de armas- hasta
inyectar o infectar a los
vecinos con el ánimo luego, de
pregonar a los cuatro vientos en
sus medios de comunicación de
que esos Estados han sido
ineficientes, inoperantes,
débiles y "fallidos", con el fin
de justificar una intervención
militar de tropas gringas de
carácter humanitario para
"combatir ese flagelo de las
drogas".
Con ello, se logra no solo
desbaratar los intentos de
independencia de algunos estados
que quieren procurar para sus
pueblos una senda diferente a la
vivida a la sombra del Imperio,
sino también ganar territorio
para su lucrativo negocio de los
estupefacientes. Asimismo, ante
la opinión pública, con el
argumento de la seguridad ante
los desmanes de los "capos",
instalar tropas norteamericanas
que llegan para quedarse por
medio de sus bases.
Es la nueva arremetida del
Imperio contra una América que
quiere librarse de las cadenas
que éste le ha impuesto desde
que a Monroe se le ocurriera
aquella funesta sentencia:
"América para los americanos".
Para muestra unos cuantos
botones: el narcoestado
colombiano que llegó a ser
reforzado por siete bases
gringas más en su territorio,
sin lograr mayores triunfos
contra el enemigo por el cual
dicen haberse instalado allí. La
verdadera razón estriba en el
aniquilamiento de la única
fuerza beligerante guerrillera
que aún queda en América como
son las Fuerzas Armadas Rebeldes
Colombianas -FARC- y un ataque
futuro a la Venezuela
Bolivariana para hacerse de su
petróleo. El "fracaso" del
gobierno mexicano en el combate
al narcotráfico representado por
la inaudita cantidad de muertos
y la inseguridad tremenda que
hay desde que se instaló ese
narcogobierno, cuando lo que en
realidad se percibe bajo esa
excusa es el fabuloso negocio
que tanto el gobierno de Felipe
Calderón como el de Obama están
haciendo con el trasiego de
drogas y armas, además de
contener el movimiento de masas
y las fuerzas guerrilleras no
beligerantes de los zapatistas.
Los muertos, se me olvidaba, los
pone el pueblo pobre. La
cantidad de bases que se están
instalando en Panamá de parte de
los gringos, sin que el negocio
de la droga haya bajado. Al
contrario, está mejor que nunca
y en crecimiento, además de
suponer un peligro para su
población, que ya ha visto cómo
es reprimida y asesinada por
fuerzas gubernamentales apañadas
por las bases militares gringas.
La base que proyectan construir
en Honduras aparte de la ya
existente de Soto Cano (Palmerola),
sin que eso garantice el combate
al narcotráfico que en esa
hermana nación se ha extendido.
Pareciera más bien que lo que
quieren es agredir a la
Nicaragua sandinista en un
futuro cercano.
En fin, yo lo que sugiero es que
se lean las noticias e ir
verificando cuantos de los
antiguos y actuales asesinos de
nuestros pueblos, especialmente
provenientes de las filas
castrenses y de otros cuerpos de
"seguridad" del Estado, son los
que hoy engrosan las filas de
los narcotraficantes, para
darnos cuenta de esa estrategia
macabra del Imperio -que si ayer
utilizó a estos mismos como
ejércitos de ocupación hoy los
emplea como peones del hampa
para hacer florecer su jugoso
negocio de las drogas- de
reprimir a través del terror a
los pueblos que quieren
independencia y soberanía, así
como asegurarse los territorios
de dichos países por medio de la
instalación de bases militares
que, como la historia nos lo ha
enseñado, son foco de infección
moral y sanitaria. Los ejemplos
de ello se puede verificar en
los casos de Vietnam cuando los
gringos se instalaron allí y, en
Honduras con la epidemia del
SIDA a raíz de la proliferación
de violaciones y abusos de parte
de la soldadesca gringa
drogadicta, alcohólica e
infectada con enfermedades
venéreas, fruto de su licenciosa
vida, consecuencia de un
espíritu que ha sido formado en
la supremacía imperial. Igual
que la soldadesca guatemalteca
cuando masacró a gente de su
misma etnia, porque se creía
superior por pertenecer a una
institución que no sirvió más
que para matar y aterrorizar a
su propio pueblo. Tesis que se
recoge en el magnífico libro del
científico social guatemalteco
Manolo Vela.
Eso sirve para hacerse esta
pregunta: ¿Para que han servido
sus ejércitos a los pueblos de
Latinoamérica? Si la represión
no ha respondido para satisfacer
las necesidades del pueblo,
incluyendo la de seguridad, ¿por
qué entonces seguimos pregonando
que lo que urge en nuestros
países es mano dura, sistemas de
seguridad sofisticados como los
negociados por un ex-embajador
norteamericano devenido en
empresario de esta rama, o bases
militares norteamericanas ante
la inoperancia del Estado? Si
son inoperantes, entonces
desmantelémoslas, no hay razón
de su existencia. O,
dignifiquémoslas como lo
hicieron en su tiempo y en
Guatemala, Marco Antonio Yon
Sosa y Turcios Lima. ¿O, no hay
dignidad de quienes les tocaría
por antonomasia esto?
Esa mano dura no permitirá que
nuestro cerebro se ablande ante
la realidad de nuestro pueblos y
menos que nuestra alma no se
sensibilice ante el sufrimiento
de la mayoría. Servirá para que
la violencia entre en una
espiral dantesca. Piénselo.
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Director: Diego Olivera
Jefe De Redacción: Miguel
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