|
Pros y contras de la
liberalización dominicana
Bruno
Peron Loureiro
Barómetro Internacional
La República Dominicana
ratificó el CAFTA-DR (Acuerdo de
Libre Comercio entre Estados
Unidos, América Central y
República Dominicana, de su
sigla en inglés) en setiembre de
2005, tratado que está en pleno
vigor a despecho de la
insatisfacción de algunos
sectores de la isla.
El Foro Agropecuario Dominicano
apunta a la ausencia de "reglas
claras y precisas" y de pérdidas
sustantivas en los intercambios
que la República Dominicana hace
con otros países a través de los
Tratados de Libre Comercio
(TLC).
Igualmente el Foro resalta la
importancia del ingreso de los
productos dominicanos a los
mercados norteamericano y
europeo, que concentran más de
la mitad del comercio mundial,
estando ese foro más pendiente
de que los acuerdos deben ser
reevaluados para priorizar las
exportación a los países
caribeños vecinos, en especial a
Haití.
La industria agropecuaria de la
República Dominicana sufrió
reveses con la "apertura" de la
economía. De ahí que productores
de la zona dominicana conocida
como "Granero del Sur" pidieran
la revisión de la ley que
ocasionó el TLC con los Estados
Unidos y América Central y
declararan la creación de la
Confederación Nacional de
Productores Agropecuarios.
La situación de la República
Dominicana participa de otros
riesgos a los que se sujetan las
economías latinoamericanas que
se relacionan con la dimensión
de cada país y su capacidad de
lidiar con la falta de
restricciones que aparejan en
los intercambios estos acuerdos
comerciales.
Las utilidades de los
productores nacionales menguan
con los TLC cuando hay
competencia, por eso los Estados
Unidos los proveen de incentivos
y recursos (pecuniarios,
fiscales y tecnológicos) para
que tengan competitividad y
sobrevivan, una vez que los
productos de otro país
signatario pueden entrar con
exención tributaria.´
La firma de tratados de abertura
comercial puede ser promisoria
en países que están seguros de
sus condiciones de competencia,
como el que Brasil firmó hace
poco con Israel, o de los que
hacen apuestas para potenciar
sus economías, como México y su
torpe inserción en América del
Norte.
La Comisión Económica para la
América Latina y el Caribe
(CEPAL) informó que el 80% del
comercio de México es con los
Estados Unidos, y solamente el 6
% con América Latina. El país
del Sur, como efecto que salta a
la vista, se inunda de
mercancías estadounidenses y se
arriesga a comprar hasta las
tortillas -ingrediente básico de
la gastronomía mexicana- a su
vecino del Norte.
Mientras tanto, la decadente
potencia del "Destino
Manifiesto" reitera su política
exterior fallida de Área de
Libre Comercio de las Américas
(ALCA) mediante el
establecimiento de tratados
bilaterales de libre comercio.
Estados Unidos tiene más fluidez
para firmar estos acuerdos con
los socios del llamado "Eje del
Pacífico" (Chile, Perú,
Colombia, Panamá, México)
mientras que Brasil, Venezuela y
Cuba conforman propuestas de
otra envergadura en el océano
donde navegó Cristóbal Colon.
Lo más curioso de este enredo es
que la negativa de Brasil de
firmar tratados de libre
comercio con Estados Unidos no
oculta que este sea uno de sus
principales socios comerciales.
El embuste del "comercio libre"
no es digerido por la
cancillería brasilera, que
prefiere gravar los productos
estadounidenses y buscar para
sus intercambios la
complementariedad de las
economías, tan necesaria para
Latinoamérica.
La diversificación de la matriz
económica trae también
beneficios y reduce el riesgo de
pérdida de ingresos en crisis
sectoriales, o la falta de
inversiones en productividad.
Soy contrario a la firma de
acuerdos de liberalización
comercial, ya que debe
precederlos un estudio serio de
sus consecuencias y siempre
existe sectores tremendamente
perjudicados en los países con
instituciones económicas más
débiles. Ni las potencias que
tanto los defienden ocultan sus
prácticas proteccionistas y el
acecho de los gobiernos, que
emergen cada vez que hay un
pedido de socorro económico al
comercio y la industria
nacionales.
Las contras de los TLC son que
ellos estancan las economías
débiles, reprimen el control
estatal y sacrifican a los
productores que no logran bajar
sus costos de producción. Los
pros a su vez se soportan en la
coacción a los productores para
emprender inversiones
tecnológicas que abaraten los
productos a los consumidores y
diversifiquen las economías
internas.
La República Dominicana por
ejemplo, a pesar de ir volcando
su economía hacia el sector de
servicios, no está tan
diversificada para poder
competir, y se arriesga a
enfrentar a gigantes como si
estuviesen en las mismas
condiciones de desarrollo.
El Estado, al contrario de lo
que pretende hacernos creer la
apología neoliberal, es la
herramienta del pueblo
dominicano (y el
latinoamericano) para
contrabalancear a los feroces
intereses de los países en
ventaja de competitividad
económica.
Existen formas responsables de
intercambio económico que no nos
condenan al aislamiento ni a la
apertura irracional del mercado
interno. Aquí es que América
Latina comparte las experiencias
y lecciones de su historia.
http://www.brunoperon.com.br
Barómetro Internacional
Análisis Político y Social
Nacional e Internacional de
Venezuela y el Resto del Mundo
Director: Diego Olivera
Jefe De Redacción: Miguel
Guaglianone
barometrointernacional@gmail.com
Gentileza:: barometro
internacional
[barometrointernacional@gmail.com]
paginadigital |