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El Futuro
por David
Brooks
Todo político aquí justifica
cualquier cosa con la frase
''por el bien de los niños'':
reducir el déficit, lanzar las
guerras contra el terrorismo y
las drogas, promover iniciativas
de seguridad doméstica y
reformar (léase privatizar) la
educación y más es para bien de
las nuevas generaciones. Los
resultados de sus políticas no
coinciden con tan buenos y
nobles deseos.
Uno de cada cinco menores de
edad en Estados Unidos vive en
la pobreza, y millones más
ingresaron a esas filas en la
recesión económica,
incrementando en 10 por ciento
los que viven en pobreza, el
salto más grande en un año desde
1960, reporta el Fondo de
Defensa de los Niños en su
último informe anual El estado
de los niños de Estados Unidos
2011. Eso significa que 15.5
millones de niños (menores de 18
años) viven en la pobreza y que
cada 32 segundos nace otro para
sumarse a estas condiciones
agravadas por los índices
históricos de desempleo, crisis
hipotecarias y hambre que azotan
al país. Todo esto es
manifestación de una cada vez
más marcada desigualdad
económica, que ha llegado a
dimensiones no vistas en décadas
en este país, con consecuencias
evidentes para las nuevas
generaciones.
El informe de la principal
organización nacional enfocada
en el bienestar de los menores
enfatiza que los más afectados
son los niños de ''color'', o
sea, de minorías raciales y
étnicas, que hoy representan 44
por ciento de todos los niños
del país, pero que serán mayoría
para 2019.
“Los menores de edad negros
enfrentan una de las peores
crisis desde la esclavitud, y en
muchos rubros, los niños
hispanos e indígenas americanos
no están muy detrás”, advierte
Marion Wright Edelman,
presidenta del fondo (CDF, por
sus siglas en inglés). “Las
alarmas deberían estar sonando a
lo largo de nuestro país.
“Este informe debería de ser un
despertador para nuestros
líderes políticos….”, afirmó
Wright Edelman. Insta a los
políticos a reajustar sus
prioridades y ''no reducir
fondos para programas que
benefician a menores, incluida
la educación y otras inversiones
de sobrevivencia para niños
pobres, mientras se protegen
enormes subsidios federales para
empresas e individuos.''
Pero tal vez no es por falta de
despertador, ni porque los
políticos estén dormidos. Como
afirmaba el gran escritor
satírico Mark Twain, ''lector,
suponga que es un idiota. Y
suponga que es miembro del
Congreso. Pero me repito''.
Además del desprecio
generalizado que se han ganado
los políticos de este país,
donde cada vez más se escucha el
eco de la opinión de Twain
–según las encuestas más
recientes, en las que el
Congreso llega al nivel más bajo
de aprobación (14 por ciento,
revela la última de Gallup) y el
presidente Barack Obama también
se ubica en su índice más bajo
de aprobación–, el hecho es que
los resultados de las políticas
y los desastres permitidos por
la cúpula política no son
errores.
Varios estudios concluyen que la
desigualdad de ingreso (y
riqueza) en Estados Unidos ha
llegado a niveles históricos,
peor que en cualquier momento
desde 1928. Como ha repetido el
economista premio Nobel Joseph
Stiglitz: aunque los economistas
no están seguros de cómo
explicar la creciente
desigualdad de ingreso en este
país, ''una gran parte de la
razón por la cual tenemos tanta
desigualdad es que el uno por
ciento más rico desea que así
sea''.
Resulta que la gran mayoría de
los políticos federales son
millonarios o dependen de la
clase más rica de este país para
obtener su chamba en Washington.
Según el Center for Responsive
Politics, entre 40 y 50 por
ciento de los legisladores
federales son millonarios (uno
por ciento de la población total
lo es); la riqueza personal en
promedio de los 100 senadores es
de 13.6 millones de dólares; la
de un representante, de 3.4
millones. Ese uno por ciento no
sólo determina las políticas
económicas del país, sino forma
parte de quienes elaboran e
implementan esas políticas.
Frente a esto, no sorprende que
Estados Unidos ocupe el número
39 (de 136) entre los países más
desiguales en ingreso en el
mundo (el uno, Namibia, el más
desigual, en tanto los países
escandinavos son los más
iguales); en este listado está
acompañado de cerca por países
como Filipinas, Jamaica, Uganda,
Costa de Marfil, Irán, Malasia y
Nigeria, según cálculos del
índice GINI compilados por la
CIA y la ONU (México ocupa el
lugar 27).
En un país donde prevalecen
estas condiciones, cuyos líderes
muestran que la violencia es la
mejor respuesta para resolver la
''agresión'' (con sus guerras),
que santifica las armas como
''derecho fundamental'' y
enaltece la Bolsa de Valores
como principal barómetro de la
salud económica nacional, no
sorprenden estadísticas sobre la
vida de las nuevas generaciones.
El CDF, en su informe, enumera,
entre otras cuestiones, que cada
día en Estados Unidos 186
menores son arrestados por
delitos violentos y 368 por
delitos de drogas; 2.058 niños
son confirmados como víctimas de
abuso o negligencia; 2.573 nacen
en pobreza, 3.312 menores
abandonan la preparatoria, y
4.133 son arrestados.
El número de niños que viven en
la pobreza se ha incrementado en
4 millones desde 2000; el número
de infantes sin techo en
escuelas públicas se incrementó
41 por ciento entre los años
escolares de 2006 y 2009; una
mayoría de menores de edad (y 79
por ciento o más de negros y
latinos) en escuelas públicas no
sabe leer o manejar las
matemáticas al nivel apropiado
en cuarto de primaria, en
segundo de secundaria o el
último grado de preparatoria.
Pero qué alivio es que los
políticos reiteren que toda su
labor es en beneficio de los
niños. ¿Cómo estarían las cosas
si no fuera así?
Fuente: Telesur
Gentileza:: Pica
[pica@cubarte.cult.cu]
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