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Las escamas y espinas de
SEATECH. Entrevista con Maribel
Acosta.
por
Gerardo Iglesias
Rebanadas de Realidad
Rel-UITA, Cartagena
Colombia: “Me enfermé
trabajando en la empresa y ellos
me dejaron sola”
Esperamos a Maribel en la
ruidosa cafetería de un
supermercado, en la zona
céntrica de Cartagena. Edna
Guzmán, ex trabajadora de
SEATECH y presidenta de la
Fundación Manos Muertas, alerta:
“Ya vas a ver lo delgada que
está”, y aunque estoy en
preaviso, no dejo de
sorprenderme cuando la veo.
Luego advierto que su demacrado
cuerpo es expresión de su
profunda tristeza.
¿Qué edad tenías cuando
comenzaste a trabajar?
-Tenía más de 30 años. No
recuerdo la fecha con exactitud.
Desde que me encuentro enferma
me cuesta recordar las cosas
claramente. Pero fue cuando mi
esposo me dejó sola con mis
cuatro hijos que decidí entrar a
trabajar en SEATECH.
¿Te acuerdas de tus tareas en la
empresa?
-Sí, yo estaba encargada del
procesamiento del atún.
¿Cómo era el trabajo?
-Mira, era una tarea que exigía
mucho. Se nos demandaba
producción y si no llegábamos al
número éramos despedidos.
Movimientos repetitivos y
procesamiento a gran velocidad
eran una constante en aquel
trabajo. Yo no podía dejarlo
porque soy madre de cuatro niños
y cabeza de familia. Me dolían
las manos, el pulmón y la
espalda durante todo el día…
¿A qué hora empezaba tu jornada
de trabajo?
-Entrábamos a las siete de la
mañana a la planta.
¿A qué hora te levantabas?
-A las cuatro de la mañana,
porque tenía que dejar el
desayuno y la comida pronta para
mis hijos.
¿Y a qué hora solías culminar?
-No teníamos horario de salida.
Podíamos salir a las cinco de la
tarde, como a las once de la
noche. Normalmente regresaba a
la casa a las once de la noche.
Y una vez en la casa, ¿qué
hacías?
-Cuando llegaba los niños ya
estaban dormidos, así que
durante todo el día solo lo veía
unos minutos a la mañana.
Trataba de comer algo y bañarme
para quitarme el olor a pescado,
pero la mayoría de las veces me
dormía en la silla del comedor.
Mencionaste el dolor en la
espalda, en las manos…
-Sí, pero tenía que continuar
sin perder el ritmo para no
quedarme sin trabajo.
La mayoría de las veces me
automedicaba y me vendaba para
seguir con las tareas. Una vez
me enfermé de alergia, y a pesar
de que ella era provocada por el
trabajo que realizamos en la
planta, la empresa amenazó con
despedirme si no mejoraba,
porque decían que se podía
contaminar el pescado. Yo tenía
manchas en todo el cuerpo, pero
el día que enviaron al médico
para la revisión las manchas ya
no estaban. Fue un milagro,
porque muchas compañeras
perdieron el trabajo por esa
alergia.
¿Tenían tiempo de pausa?
-Prácticamente no, porque la
media hora del almuerzo se
consumía haciendo la fila para
conseguir los alimentos.
¿Trabajaban paradas en el
procesamiento del atún?
-De pie, sí, durante todas las
horas.
¿Cuántos días a la semana
trabajabas?
-Generalmente de lunes a
viernes, pero muchas semanas
trabajábamos también los
sábados.
¿Tuviste licencia en los años
que trabajaste para la empresa?
-No. La empresa a veces nos daba
un período libre cuando no había
producción o se realizaba
limpieza en la planta. Pero esos
descansos –llámalo así- no eran
pagos.
¿Recuerdas cuándo comenzaste a
enfermarte?
-Comencé con dolores constantes
en manos, espalda y pulmones.
Pero llegó un momento en que,
además, empecé a sufrir de un
agotamiento extremo, se me
dormían los dedos, se me caían
las cosas de las manos y el
dolor se extendió al brazo y al
hombro.
Por aquella época en que los
síntomas se agravaron, pedí
permiso un día a mi jefe para
concurrir a la enfermería.
Cuando el médico me vio me
encontró el pecho muy inflamado
y me otorgó permiso para
concurrir a la clínica a que me
revisaran.
Ese fue el último día que
trabajé en la empresa. Me
tuvieron que operar de urgencia
del túnel carpiano
¿Cuándo fue eso?
-En 2007.
¿Y actualmente estás con dolor
siempre?
-Sí, y varían las zonas. Algunos
días me levanto con dolor en las
manos y otros con dolor en la
espalda y en el hombro.
Has perdido mucho peso…
-Cuando comencé a trabajar
pesaba 82 kilos. En la peor
época llegué a pesar 40 kilos y
tuve que ponerme en manos de un
nutricionista para que me
ayudara. Actualmente estoy en 50
kilos, y es que soy bastante
alta.
¿Actualmente estás sin trabajar?
-Ya no puedo trabajar más. Mi
último intento fue el de poner
un puesto de venta de comida en
casa, pero me quemé la mano por
no poder sostener las ollas.
Además, como te comentaba al
principio, sufro problemas de
concentración y memoria. Ya casi
no puedo salir sola porque
muchas veces me pierdo y no
recuerdo dónde estoy o qué
estaba haciendo.
¿Cómo logras mantenerte
económicamente?
-La Fundación Manos Muertas me
ayudó a conseguir la pensión. No
es mucho lo que obtengo por mes,
pero estoy muy agradecida de
haber conseguido esa ayuda.
¿Y la empresa…?
-¡Nada! Y esto es muy triste. Yo
dediqué años y muchísimas horas
a esa empresa a pesar de que las
condiciones de trabajo no eran
buenas, y me siento totalmente
defraudada.
La empresa no se hizo
responsable y no me contribuyó
en nada. Yo me enfermé
trabajando en la empresa y ellos
me dejaron sola. De haber sabido
lo que me deparaba el futuro no
hubiera trabajado nunca allí.
Tengo deudas, y la diferencia
entre la pensión y lo que yo
ganaba antes es grande. Ahora
cobro el mínimo, y evidentemente
no me alcanza para mantenerme.
Vivo con uno de mis hijos que no
trabaja, y con el dinero que me
ingresa de la pensión debo
arreglármelas para enfrentar las
cuentas, las deudas y poder
mantenernos. Pero la mayoría del
tiempo debo comprar fiado y las
deudas siguen aumentando.
Es un círculo del que no puedo
salir porque no puedo trabajar y
generar ingresos extras. Es muy
triste vivir así.
¿Y hay más compañeras enfermas?
-Sí, muchas, pero tienen miedo
de perder el trabajo si cuentan
lo que les pasa. Es muy difícil
manejar esta situación. Yo por
suerte conté con la ayuda de la
Fundación Manos Muertas, y
recomiendo a mis compañeras que
se acerquen porque sé lo que
están viviendo.
He hablado con compañeras que se
sienten solas, tristes, que no
saben qué hacer ni cómo
manejarse. La depresión es común
entre las compañeras con estas
dolencias, y sentir el apoyo y
la compañía que yo sentí en la
Fundación, es muy importante.
-Se te nota… muy triste…
-Estoy siempre triste. Es muy
difícil vivir así. Sufro además
de mareos, dolores de cabeza y
el último síntoma en aparecer
fue el dolor en las rodillas.
Quiero ser la persona que era
antes, pero el dolor no me deja.
cuentas.
El presente material se edita en
Rebanadas por gentileza de
Patricia Iglesias, del Servicio
de Información de la Regional
Latinoamericana de la UITA (SIREL),
Uruguay.
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