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Dolarización
= calavera no chilla.
En
La Nación de ayer aparecen «Dos opiniones en favor
de la dolarización de la economía». Esta cantidad no
es casual, los autores se dividen el rol argumental típico
de toda propuesta neoconservadora: «inevitables y buenas»;
«naturales y positivas». Qué suerte providencial que así
sea! Los argentinos, de todas formas, ya saben que es así.
Las han experimentado en varias oportunidades, y nunca tuvieron
razones para quejarse.
Primero,
el secretario de Planeamiento Estratégico de la Nación,
Jorge Castro afirma que «La asociación monetaria con
EE.UU. ES INEVITABLE». Ya el título resulta desconcertante
porque no menciona, en el Tratado que la Argentina firmaría
con EE.UU., ninguna concesión por parte de ese país al nuestro
en «la asociación», más que aceptar el uso de su moneda.
Aunque sería esto curioso. El mismo Castro sostiene que
«la puesta en marcha del euro fue una decisión política
para hacer frente a la hegemonía y al liderazgo de los Estados
Unidos»; sin concesión alguna, la Argentina simplemente
estará aceptando la hegemonía y liderazgo de EE.UU. Pero
entonces por qué la asociación formaría «parte del arte
de conducir lo inevitable para adecuarse a las necesidades
estructurales de la época». Esta época, por su parte,
sería la entrada al nuevo milenio, dado: «todo indica
que ya estamos en una sociedad mundial». Es decir, un
paso a la modernidad. Por qué los beneficios de esta modernidad
serán para los argentinos, dado que para cualquiera, que
quiera ver, no lo son para «la sociedad mundial»?
Con
la misma simplista y burda pobreza, el Profesor Neumeyer
de la Univ.T. Di Tella detalla lo bueno: «La adopción
del dólar aseguraría LA ESTABILIDAD». El autor afirma
que así «la tasa de inflación argentina se decidiría
en Washington y eso es bueno porque las autoridades norteamericanas
son más confiables que las nacionales». Nuestra gran
problema sería que «un gobernante ilustrado en el futuro
considere que el valor de nuestra moneda es incorrecto y,
arbitrariamente, lo cambie». Dolarizados, en cambio,
nuestra preocupación sería que «la Reserva Federal se
vuelva loca y adopte una política monetaria muy inflacionaria
o muy recesiva». Pero, como siempre, «afortunadamente,
el riesgo de que el Banco Central americano se vuelva loco
no debe preocuparnos porque siempre tenemos la oportunidad
de recrear nuestra moneda». Si es tan fácil recrear
nuestra moneda, porque el Prof. Neumeyer no nos enseña cómo
hacerlo ahora, así tenemos una de esas monedas nacionales
en las cuales están convergiendo las demás monedas, como
dice Castro. Tampoco es claro porque las autoridades norteamericanas
son más confiables que las nuestras, dado que ningún país
jamás tuvo déficits fiscales tan grandes como los de EE.UU.
de los últimos años. El hecho de que no hayan experimentado
una hiperinflación debería ser un elemento que haga que
el Prof. Neumeyer revise la validez de su teoría económica.
El
desempleo no aumentaría, según el Prof. Neumeyer, si la
Argentina se dolarizara. Pero, como Castro señala a su lado,
EE.UU. es quien establece los nuevos pisos de productividad
en el mundo. Así, si la Argentina no sigue al mismo ritmo,
los salarios deberán disminuir en dólares para mantener
la competitividad; eso implica desempleo y menores salarios,
ya que es obvio que nuestro país es inferior tecnológicamente.
Justamente, la política cambiaria es la forma para evitar
que diferencias de productividad entre dos países generen
desempleo, mediante una devaluación. La convertibilidad
ya anula la política cambiaria; por eso, ante la crisis
del real, el ajuste en la Argentina sólo puede ser recesión.
El
Prof. Neumeyer afirma que «delegar la responsabilidad
por nuestra política monetaria en una institución externa
con una sólida trayectoria reducirá la incertidumbre que
reina actualmente en nuestra economía». Para la mayor
parte de la gente su incertidumbre es su situación laboral,
no la inseguridad de la estabilidad; en nuestro país la
dolarización no «ha generado un gran debate» como
sostiene el autor. Se ha rechazado firmemente. Sin embargo,
es claro que desde el Gobierno están empeñados en revertir
esto. Así, demuestran dos cosas: que la dolarización no
es inevitable y que es una decisión que depende de los argentinos.
Además, que los economistas ya no pueden seguir escudándose
en el academicismo neutral: un artículo escrito en un diario
con el objetivo de influir en la opinión pública es un artículo
político.
La
Argentina ya ha adoptado varias veces el camino de las soluciones
mágicas y simplistas. El Prof. Neumeyer ofrece un cuadro
mostrando como entre 1990-97 la inflación desapareció y
el ingreso per capita subió fuertemente. Bueno, cada uno
sabrá si es así. Pero que también sepa que medidas como
la convertibilidad y la dolarización se fundamentan en las
ventajas de optar por el mercado y, ahora, por EE.UU. como
tomadores de las decisiones; justamente, le quitan instrumentos
y autonomía a las autoridades nacionales. Por eso, si los
argentinos deciden nuevamente optar por este camino, y los
resultados no son luego los prometidos, deberán aceptar
las consecuencias, y dejar de exigirle a los políticos las
soluciones. En todo caso, si llega a ser justo un reclamo,
que sea a un académico «ilustrado» (ya que en nuestra «asociación
con EE.UU.» no está contemplado participar en la elección
de su Presidente). Que paradójico que mientras alabamos
las virtudes de la democracia, sólo la utilicemos para negar
nuestra autonomía. Por suerte, la dolarización de nuestra
idioma tiene un ritmo inferior, y queda aún frases autóctonas
para entendernos: Calavera no chilla.
Documentos enviados
(solicítelos):
N°01."Dolarización = Calavera no chilla"
N°02."En el largo plazo estamos todos muertos...pero no
al mismo tiempo".
N°03."Por qué nos tiene que importar que estén nuestros
próceres en nuestros billetes".
N°04."Crisis financiera: algunos comentarios".
N°05."Argentina 1989-1999: El suicido de un país".
N°06."Mercado del bien y mal estar".
N°07."Por qué Keynes en el 2000".
N°08." ¡UFFAAA! Los perdedores no quieren perder"
N°09."¿Yo rico?"
N°10."El sentido de estudiar economía"
N°11."Bases analíticas para determinar una propuesta progresista"
N°12."Las reglas claras"
N°13. "La verdadera elocuencia"
N°14. "Más mercado para el empleaducho"
N°15. "¡Santos intereses! ¿Dementes al Vaticano?"
N°16. "Despacito, despacito, despacito"
N°17. "Hanke no se enganche"
N°18. "¿Lo sabía Doña Rosa?"
N°19. "Mafalda pide un respiro; Manolito no se lo da"
N°20. "Lo que mata es la sensibilidad"
N°21. "¡Viva la convertibilidad!; ¡Abajo sus efectos (sobre
mí)!"
N°22. "Locos por la convertibilidad".
N°23. "¿Qué es ¡Andrés Ferrari !?"
N°24. "El trueque hace la felicidad"
N°25. "Marcaaplazo fijo"
N°26. "¡Solito?, ¡In-sólito!"
N°27. "Candoroso interés"
N°28. "¡Tres-tro-esma!; ¡Tres-tro-esma!"

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