Andrés Ferrari  

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Dolarización = calavera no chilla.

En La Nación de ayer aparecen «Dos opiniones en favor de la dolarización de la economía». Esta cantidad no es casual, los autores se dividen el rol argumental típico de toda propuesta neoconservadora: «inevitables y buenas»; «naturales y positivas». Qué suerte providencial que así sea! Los argentinos, de todas formas, ya saben que es así. Las han experimentado en varias oportunidades, y nunca tuvieron razones para quejarse.

Primero, el secretario de Planeamiento Estratégico de la Nación, Jorge Castro afirma que «La asociación monetaria con EE.UU. ES INEVITABLE». Ya el título resulta desconcertante porque no menciona, en el Tratado que la Argentina firmaría con EE.UU., ninguna concesión por parte de ese país al nuestro en «la asociación», más que aceptar el uso de su moneda. Aunque sería esto curioso. El mismo Castro sostiene que «la puesta en marcha del euro fue una decisión política para hacer frente a la hegemonía y al liderazgo de los Estados Unidos»; sin concesión alguna, la Argentina simplemente estará aceptando la hegemonía y liderazgo de EE.UU. Pero entonces por qué la asociación formaría «parte del arte de conducir lo inevitable para adecuarse a las necesidades estructurales de la época». Esta época, por su parte, sería la entrada al nuevo milenio, dado: «todo indica que ya estamos en una sociedad mundial». Es decir, un paso a la modernidad. Por qué los beneficios de esta modernidad serán para los argentinos, dado que para cualquiera, que quiera ver, no lo son para «la sociedad mundial»?

Con la misma simplista y burda pobreza, el Profesor Neumeyer de la Univ.T. Di Tella detalla lo bueno: «La adopción del dólar aseguraría LA ESTABILIDAD». El autor afirma que así «la tasa de inflación argentina se decidiría en Washington y eso es bueno porque las autoridades norteamericanas son más confiables que las nacionales». Nuestra gran problema sería que «un gobernante ‘ilustrado’ en el futuro considere que el valor de nuestra moneda es incorrecto y, arbitrariamente, lo cambie». Dolarizados, en cambio, nuestra preocupación sería que «la Reserva Federal se vuelva ‘loca’ y adopte una política monetaria muy inflacionaria o muy recesiva». Pero, como siempre, «afortunadamente, el riesgo de que el Banco Central americano se vuelva ‘loco’ no debe preocuparnos porque siempre tenemos la oportunidad de recrear nuestra moneda». Si es tan fácil recrear nuestra moneda, porque el Prof. Neumeyer no nos enseña cómo hacerlo ahora, así tenemos una de esas monedas nacionales en las cuales están convergiendo las demás monedas, como dice Castro. Tampoco es claro porque las autoridades norteamericanas son más confiables que las nuestras, dado que ningún país jamás tuvo déficits fiscales tan grandes como los de EE.UU. de los últimos años. El hecho de que no hayan experimentado una hiperinflación debería ser un elemento que haga que el Prof. Neumeyer revise la validez de su teoría económica.

El desempleo no aumentaría, según el Prof. Neumeyer, si la Argentina se dolarizara. Pero, como Castro señala a su lado, EE.UU. es quien establece los nuevos pisos de productividad en el mundo. Así, si la Argentina no sigue al mismo ritmo, los salarios deberán disminuir en dólares para mantener la competitividad; eso implica desempleo y menores salarios, ya que es obvio que nuestro país es inferior tecnológicamente. Justamente, la política cambiaria es la forma para evitar que diferencias de productividad entre dos países generen desempleo, mediante una devaluación. La convertibilidad ya anula la política cambiaria; por eso, ante la crisis del real, el ajuste en la Argentina sólo puede ser recesión.

El Prof. Neumeyer afirma que «delegar la responsabilidad por nuestra política monetaria en una institución externa con una sólida trayectoria reducirá la incertidumbre que reina actualmente en nuestra economía». Para la mayor parte de la gente su incertidumbre es su situación laboral, no la inseguridad de la estabilidad; en nuestro país la dolarización no «ha generado un gran debate» como sostiene el autor. Se ha rechazado firmemente. Sin embargo, es claro que desde el Gobierno están empeñados en revertir esto. Así, demuestran dos cosas: que la dolarización no es inevitable y que es una decisión que depende de los argentinos. Además, que los economistas ya no pueden seguir escudándose en el academicismo neutral: un artículo escrito en un diario con el objetivo de influir en la opinión pública es un artículo político.

La Argentina ya ha adoptado varias veces el camino de las soluciones mágicas y simplistas. El Prof. Neumeyer ofrece un cuadro mostrando como entre 1990-97 la inflación desapareció y el ingreso per capita subió fuertemente. Bueno, cada uno sabrá si es así. Pero que también sepa que medidas como la convertibilidad y la dolarización se fundamentan en las ventajas de optar por el mercado y, ahora, por EE.UU. como tomadores de las decisiones; justamente, le quitan instrumentos y autonomía a las autoridades nacionales. Por eso, si los argentinos deciden nuevamente optar por este camino, y los resultados no son luego los prometidos, deberán aceptar las consecuencias, y dejar de exigirle a los políticos las soluciones. En todo caso, si llega a ser justo un reclamo, que sea a un académico «ilustrado» (ya que en nuestra «asociación con EE.UU.» no está contemplado participar en la elección de su Presidente). Que paradójico que mientras alabamos las virtudes de la democracia, sólo la utilicemos para negar nuestra autonomía. Por suerte, la dolarización de nuestra idioma tiene un ritmo inferior, y queda aún frases autóctonas para entendernos: Calavera no chilla.

Documentos enviados (solicítelos):
N°01."Dolarización = Calavera no chilla"
N°02."En el largo plazo estamos todos muertos...pero no al mismo tiempo".
N°03."Por qué nos tiene que importar que estén nuestros próceres en nuestros billetes".
N°04."Crisis financiera: algunos comentarios".
N°05."Argentina 1989-1999: El suicido de un país".
N°06."Mercado del bien y mal estar".
N°07."Por qué Keynes en el 2000".
N°08." ¡UFFAAA! Los perdedores no quieren perder"
N°09."¿Yo rico?" 
N°10."El sentido de estudiar economía"
N°11."Bases analíticas para determinar una propuesta progresista"
N°12."Las reglas claras"
N°13. "La verdadera elocuencia"
N°14. "Más mercado para el empleaducho"
N°15. "¡Santos intereses! ¿Dementes al Vaticano?"
N°16. "Despacito, despacito, despacito"
N°17. "Hanke no se enganche"
N°18. "¿Lo sabía Doña Rosa?"
N°19. "Mafalda pide un respiro; Manolito no se lo da"
N°20. "Lo que mata es la sensibilidad"
N°21. "¡Viva la convertibilidad!; ¡Abajo sus efectos (sobre mí)!"
N°22. "Locos por la convertibilidad".
N°23. "¿Qué es ¡Andrés Ferrari !?"
N°24. "El trueque hace la felicidad"
N°25. "Marcaaplazo fijo"
N°26. "¡Solito?, ¡In-sólito!"
N°27. "Candoroso interés"
N°28. "¡Tres-tro-esma!; ¡Tres-tro-esma!"

  

 

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