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La
crisis financiera internacional: algunos comentarios.
Existe en Africa Occidental un pequeño país, Guinea Bissau,
de poco más de 36.000 km 2 y una población de 1.300.000
personas. En Junio de este año se produjo un golpe
de Estado como consecuencia del cual se generó un conflicto
bélico en el que participan también Senegal y la República
de Guinea. Como consecuencia de esta situación 200.000 de
las 300.000 personas que vivían en la capital del país,
Bissau, se vieron obligados a evacuarla y permanecen alojados
en campos de refugiados en condiciones infrahumanas de vida.
Para todas estas personas la crisis financiera mundial
no ha tenido la menor incidencia en sus vidas. Con crisis
o sin crisis su destino no hubiera cambiado. Seguramente
algo parecido podría decirse en relación al drama que se
vive en Kosovo, en pleno hemisferio del Primer Mundo.
No muy diferente es la situación de un joven de 20 años,
desempleado que busca su primer empleo en cualquier barrio
del Gran Buenos Aires o de un campesino sin tierras en el
Noreste brasileño.
Es difícil encontrar alguna relación entre los problemas
de toda esta gente y la crisis financiera internacional
desatada en los últimos meses. Los 150 millones de desempleados
existentes en el mundo antes de la crisis son un dato inapelable,
aunque puede suponerse que después de la crisis este número
de desempleados será aún mucho mayor. Tampoco parece arriesgado
suponer que aún sin crisis este indicador aumentaría como
ha venido aumentando continuamente en los años anteriores
a esta crisis.
Esta pequeña introducción sólo sirve para intentar explicar
el lugar desde donde pretende escribirse este artículo.
Las primeras dos preguntas que hay que hacerse, al menos
desde la conciencia intelectual, son: ¿de quién es el mundo?
y luego, ¿de quién es la crisis?
Las
explicaciones comunes.
Se
puede explicar la crisis como cotidianamente lo hacen todos
los medios de difusión de masas: los inversores han perdido
confianza en los mercados llamados “emergentes” lo que llevó
a una crisis de las respectivas bolsas que como consecuencia
de que vivimos en un mundo globalizado se ha transmitido
a los demás países. La crisis afecta también a países desarrollados
como Japón, pero resulta más peligrosa para los países emergentes,
ya que su propia debilidad los hace más vulnerables frente
a estas situaciones. Esta descripción de lo que pasa es
sin duda acertada pero no resulta explicativa de nada. Sin
embargo, en la misma línea de argumentaciones, se han alzado
las voces de los banqueros y tenedores de acciones (en otras
palabras de los especuladores) y de los gobiernos que se
han acomodado a la dependencia de estos especuladores bajo
el pretexto de la globalización a reclamar el apoyo del
F. M. I. para resolver la crisis. Se dice, por ejemplo,
que son necesarios 50.000 millones de dólares para salvar
al Brasil.
Mientras tanto, desde dos posiciones ideológicas antagónicas,
dos importantes economistas como Milton Friedman y Galbraith
insisten en que pedirle al F.M. I. que acuda en socorro
de los especuladores es totalmente insensato. Galbraith,
por supuesto, va mucho más lejos y afirma que los 50.000
millones de dólares que se reclaman para “salvar al Brasil”
deberían destinarse a desarrollar una política de contención
social y no para salvar a los especuladores. Esta afirmación
nos lleva a hacernos una pregunta que hoy nadie parece querer
hacerse: ¿Qué es Brasil? Son los tenedores de deuda pública
o son los desempleados y los campesinos sin tierra. Si se
quiere hablar del Brasil como un todo, se debería,
al menos, considerar la situación de todos los sectores
y, en especial, el de aquellos más desprotegidos.
Mirando
desde otro lado.
Veamos entonces, como mera especulación , que significarían
50.000 millones de dólares colocados en Brasil, por ejemplo,
como seguro de desempleo. Esto podría significar un seguro
de desempleo mensual de 200 pesos para 4.166.666 personas
durante 5 años. Es decir, asegurar la supervivencia de algo
más de 20.000.000 de personas durante 5 años. Acabar con
la pobreza extrema en Brasil. Al mismo tiempo, significaría
un aumento en la demanda efectiva anual de 10.000 millones
de dólares por año o sea un equivalente al 1,25 % del P.B.I.
brasileño. En un contexto recesivo como el que se plantea
el efecto económico de este aumento de la demanda efectiva
dirigida totalmente al consumo no parece despreciable.
Hay dos elementos que han contribuido específicamente para
la consolidación de esta gran burbuja financiera: la existencia
de un excedente cada vez mayor y cada vez más concentrado
en la economía mundial y el aumento vertiginoso de
la velocidad de circulación del dinero, producto de los
avances tecnológicos en las comunicaciones. Estos dos
fenómenos se retroalimentan y potencian por la misma dinámica
de los mercados cuyos poderosos beneficiarios, curiosamente,
ahora piden intervenciones. Esta masa de dinero cada
vez mayor que circula generando ganancias extraordinarias
por los distintos mercados financieros del mundo, generando
la famosa “burbuja”, siempre tendrá un final que, en palabras
de Galbraith: “llega de una manera súbita y desagradable”.
Hay una crisis financiera internacional que pone en peligro
los activos de quienes tienen patrimonios colocados en los
mercados financieros. No se nos escapa que una parte importante
de estos activos puede ser de pequeños ahorristas pero no
es esto lo que está defendiendo el “establishment “de las
finanzas. Defienden no sólo los negocios ya realizados sino,
especialmente, la posibilidad de seguir haciéndolos. No
es ésta la crisis terminal del capitalismo tanta veces anunciada
y nunca producida. Es una crisis más a la que sucederán
otras. La cuestión no es si se va a salir de ella,
lo que debe preocupar es cómo se sale. Si de esta crisis
se sale con un nivel de mayor aceleración en el proceso
de concentración de ingresos al que parecen llevar irremediablemente
la forma de apropiación de los avances tecnológicos y las
políticas de ajuste, el futuro será, sin duda, un
futuro de mayor fragmentación y exclusión.
Política
económica: objetivos e instrumentos.
Una reflexión final tiene que ver con el papel que juegan
en los análisis con los que nos bombardean a diario los
medios de comunicación, en relación a los llamados objetivos
e instrumentos de la política económica. Según los clásicos
de la economía, las dos grandes preocupaciones de los economistas
eran el crecimiento y la distribución. El mercado financiero
se desarrolló como una herramienta favorecedora y facilitadora
de la producción y, por lo tanto, del crecimiento. Sin embargo,
hoy parece que el objetivo de la política económica debe
ser el de asegurar las ganancias en los mercados financieros
bajo el supuesto de que la economía real podría colapsar
como producto de la crisis de los mercados financieros.
El instrumento, el mercado financiero, se ha convertido
en objetivo de la política económica y los objetivos de
los clásicos -el crecimiento y la distribución, especialmente,
la distribución del ingreso - en meras variables de ajuste
para preservar la confianza de los inversores.
Lo evidente y preocupante es que la economía real - aún
sin crisis - está generando niveles de exclusión cada vez
mayores que parecen difíciles de compatibilizar no ya con
el objetivo de la equidad social sino con el de construir
una sociedad pacífica e integrada a nivel mundial. Dicho
de otro modo, la crisis crea un problema nuevo para un sector
importante de la sociedad, pero, para otro, lo que hace
es agudizar un problema ya existente antes de la crisis.
El
desafío de hoy.
La sociedad mundial está frente a un desafío sobre el que
no parece haber demasiada conciencia: la distribución de
ingresos a nivel mundial es cada vez más regresiva y millones
de personas quedan cada vez más desprotegidas, cuando no
excluidas, frente a las necesidades básicas de subsistencia.
La problemática del empleo se ha hecho insoluble en términos
tradicionales y cada vez parece más necesaria la diferenciación
analítica entre el concepto de trabajo (aplicación productiva
de la energía humana) y el de empleo ( categoría específica
de la forma de integración del trabajo en el mercado capitalista).
Antes o después, y cuanto antes mejor, será imprescindible
reorientar los cuantiosos excedentes que genera la economía
mundial y que aceleran su concentración, definiendo nuevas
relaciones de producción y trabajo, en vez de volcarlos
a un mercado financiero que, a través de su multiplicación,
crea ganancias para pocos durante algún tiempo y pérdidas
para casi todos en un lapso mucho más corto y, sin duda,
dramático.
Alejandro
López Acoto
Julio
de 1999
Documentos enviados
(solicítelos):
N°01."Dolarización = Calavera no chilla"
N°02."En el largo plazo estamos todos muertos...pero no
al mismo tiempo".
N°03."Por qué nos tiene que importar que estén nuestros
próceres en nuestros billetes".
N°04."Crisis financiera: algunos comentarios".
N°05."Argentina 1989-1999: El suicido de un país".
N°06."Mercado del bien y mal estar".
N°07."Por qué Keynes en el 2000".
N°08." ¡UFFAAA! Los perdedores no quieren perder"
N°09."¿Yo rico?"
N°10."El sentido de estudiar economía"
N°11."Bases analíticas para determinar una propuesta progresista"
N°12."Las reglas claras"
N°13. "La verdadera elocuencia"
N°14. "Más mercado para el empleaducho"
N°15. "¡Santos intereses! ¿Dementes al Vaticano?"
N°16. "Despacito, despacito, despacito"
N°17. "Hanke no se enganche"
N°18. "¿Lo sabía Doña Rosa?"
N°19. "Mafalda pide un respiro; Manolito no se lo da"
N°20. "Lo que mata es la sensibilidad"
N°21. "¡Viva la convertibilidad!; ¡Abajo sus efectos (sobre
mí)!"
N°22. "Locos por la convertibilidad".
N°23. "¿Qué es ¡Andrés Ferrari !?"
N°24. "El trueque hace la felicidad"
N°25. "Marcaaplazo fijo"
N°26. "¡Solito?, ¡In-sólito!"
N°27. "Candoroso interés"
N°28. "¡Tres-tro-esma!; ¡Tres-tro-esma!"

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