Andrés Ferrari  

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La crisis financiera internacional: algunos comentarios.

            Existe en Africa Occidental un pequeño país, Guinea Bissau, de poco más de 36.000 km 2 y una población de 1.300.000 personas.  En Junio de este año se produjo un golpe de Estado como consecuencia del cual se generó un conflicto bélico en el que participan también Senegal y la República de Guinea. Como consecuencia de esta situación 200.000 de las 300.000 personas que vivían en la capital del país, Bissau, se vieron obligados a evacuarla y permanecen alojados en campos de refugiados en condiciones infrahumanas de vida.

            Para todas estas personas la crisis financiera mundial  no ha tenido la menor incidencia en sus vidas. Con crisis o sin crisis su destino no hubiera cambiado. Seguramente algo parecido podría decirse en relación al drama que se vive en Kosovo, en pleno hemisferio del Primer Mundo.

            No muy diferente es la situación de un joven de 20 años, desempleado que busca su primer empleo en cualquier barrio del Gran Buenos Aires o de un campesino sin tierras en el Noreste brasileño.

            Es difícil encontrar alguna relación entre los problemas de toda esta gente y la crisis financiera internacional desatada en los últimos meses. Los 150 millones de desempleados existentes en el mundo antes de la crisis son un dato inapelable, aunque puede suponerse que después de la crisis este número de desempleados será aún mucho mayor. Tampoco parece arriesgado suponer que aún sin crisis este indicador aumentaría como ha venido aumentando continuamente en los años anteriores a esta crisis.

            Esta pequeña introducción sólo sirve para intentar explicar el lugar desde donde pretende escribirse este artículo. Las primeras dos preguntas que hay que hacerse, al menos desde la conciencia intelectual, son: ¿de quién es el mundo? y luego, ¿de quién es la crisis?

Las explicaciones comunes.

Se puede explicar la crisis como cotidianamente lo hacen todos los medios de difusión de masas: los inversores han perdido confianza en los mercados llamados “emergentes” lo que llevó a una crisis de las respectivas bolsas que como consecuencia de que vivimos en un mundo globalizado se ha transmitido a los demás países. La crisis afecta también a países desarrollados como Japón, pero resulta más peligrosa para los países emergentes, ya que su propia debilidad los hace más vulnerables frente a estas situaciones. Esta descripción de lo que pasa es sin duda acertada pero no resulta explicativa de nada. Sin embargo, en la misma línea de argumentaciones, se han alzado las voces de los banqueros y tenedores de acciones (en otras palabras de los especuladores) y de los gobiernos que se han acomodado a la dependencia de estos especuladores bajo el pretexto de la globalización a reclamar el apoyo del F. M. I. para resolver la crisis. Se dice, por ejemplo, que son necesarios 50.000 millones de dólares para salvar al Brasil.

            Mientras tanto, desde dos posiciones ideológicas antagónicas, dos importantes economistas como Milton Friedman y Galbraith insisten en que pedirle al F.M. I. que acuda en socorro de los especuladores es totalmente insensato. Galbraith, por supuesto, va mucho más lejos y afirma que los 50.000 millones de dólares que se reclaman para “salvar al Brasil” deberían destinarse a desarrollar una política de contención social y no para salvar a los especuladores. Esta afirmación nos lleva a hacernos una pregunta que hoy nadie parece querer hacerse: ¿Qué es Brasil? Son los tenedores de deuda pública o son los desempleados y los campesinos sin tierra. Si se quiere hablar del Brasil como un todo,  se debería, al menos, considerar la situación de todos los sectores y, en especial, el de aquellos más desprotegidos.

Mirando desde otro lado.

            Veamos entonces, como mera especulación , que significarían 50.000 millones de dólares colocados en Brasil, por ejemplo, como seguro de desempleo. Esto podría significar un seguro de desempleo mensual de 200 pesos para 4.166.666 personas durante 5 años. Es decir, asegurar la supervivencia de algo más de 20.000.000 de personas durante 5 años. Acabar con la pobreza extrema en Brasil. Al mismo tiempo, significaría un aumento en la demanda efectiva anual de 10.000 millones de dólares por año o sea un equivalente al 1,25 % del P.B.I. brasileño. En un contexto recesivo como el que se plantea el efecto económico de este aumento de la demanda efectiva dirigida totalmente al consumo no parece despreciable.

            Hay dos elementos que han contribuido específicamente para la consolidación de esta gran burbuja financiera: la existencia de un excedente cada vez mayor y cada vez más concentrado en la economía mundial  y el aumento vertiginoso de la velocidad de circulación del dinero, producto de los avances tecnológicos en las comunicaciones. Estos dos  fenómenos se retroalimentan y potencian por la misma dinámica de los mercados cuyos poderosos beneficiarios, curiosamente, ahora piden intervenciones.  Esta masa de dinero cada vez mayor que circula generando ganancias extraordinarias por los distintos mercados financieros del mundo, generando la famosa “burbuja”, siempre tendrá un final que, en palabras de Galbraith: “llega de una manera súbita y desagradable”.

            Hay una crisis financiera internacional que pone en peligro los activos de quienes tienen patrimonios colocados en los mercados financieros. No se nos escapa que una parte importante de estos activos puede ser de pequeños ahorristas pero no es esto lo que está defendiendo el “establishment “de las finanzas. Defienden no sólo los negocios ya realizados sino, especialmente, la posibilidad de seguir haciéndolos. No es ésta la crisis terminal del capitalismo tanta veces anunciada y nunca producida. Es una crisis más a la que sucederán otras.  La cuestión no es si se va a salir de ella, lo que debe preocupar es cómo se sale. Si de esta crisis se sale con un nivel de mayor aceleración en el proceso de concentración de ingresos al que parecen llevar irremediablemente la forma de apropiación de los avances tecnológicos y las políticas de ajuste, el futuro será, sin duda,  un futuro de mayor fragmentación y exclusión.

Política económica: objetivos e instrumentos.

            Una reflexión final tiene que ver con el papel que juegan en los análisis con los que nos bombardean a diario los medios de comunicación, en relación a los llamados objetivos e instrumentos de la política económica. Según los clásicos de la economía, las dos grandes preocupaciones de los economistas eran el crecimiento y la distribución. El mercado financiero se desarrolló como una herramienta favorecedora y facilitadora de la producción y, por lo tanto, del crecimiento. Sin embargo, hoy parece que el objetivo de la política económica debe ser el de asegurar las ganancias en los mercados financieros bajo el supuesto de que la economía real podría colapsar como producto de la crisis de los mercados financieros.  El instrumento, el mercado financiero, se ha convertido en objetivo de la política económica y los objetivos de los clásicos -el crecimiento y la distribución, especialmente, la distribución del ingreso - en meras variables de ajuste para preservar la confianza de los inversores.

            Lo evidente y preocupante es que la economía real - aún sin crisis - está generando niveles de exclusión cada vez mayores que parecen difíciles de compatibilizar no ya con el objetivo de la equidad social sino con el de construir una sociedad pacífica e integrada a nivel mundial. Dicho de otro modo, la crisis crea un problema nuevo para un sector importante de la sociedad, pero, para otro, lo que hace es agudizar un problema ya existente antes de la crisis.

El desafío de hoy.

            La sociedad mundial está frente a un desafío sobre el que no parece haber demasiada conciencia: la distribución de ingresos a nivel mundial es cada vez más regresiva y millones de personas quedan cada vez más desprotegidas, cuando no excluidas, frente a las necesidades básicas de subsistencia. La problemática del empleo se ha hecho insoluble en términos tradicionales y cada vez parece más necesaria la diferenciación analítica entre el concepto de trabajo (aplicación productiva de la energía humana) y el de empleo ( categoría específica de la forma de integración del trabajo en el mercado capitalista).

            Antes o después, y cuanto antes mejor, será imprescindible reorientar los cuantiosos excedentes que genera la economía mundial y que aceleran su concentración, definiendo nuevas relaciones de producción y trabajo, en vez de volcarlos a un mercado financiero que, a través de su multiplicación, crea ganancias para pocos durante algún tiempo y pérdidas para casi todos en un lapso mucho más corto y, sin duda, dramático.

Alejandro López Acoto

Julio de 1999

Documentos enviados (solicítelos):
N°01."Dolarización = Calavera no chilla"
N°02."En el largo plazo estamos todos muertos...pero no al mismo tiempo".
N°03."Por qué nos tiene que importar que estén nuestros próceres en nuestros billetes".
N°04."Crisis financiera: algunos comentarios".
N°05."Argentina 1989-1999: El suicido de un país".
N°06."Mercado del bien y mal estar".
N°07."Por qué Keynes en el 2000".
N°08." ¡UFFAAA! Los perdedores no quieren perder"
N°09."¿Yo rico?" 
N°10."El sentido de estudiar economía"
N°11."Bases analíticas para determinar una propuesta progresista"
N°12."Las reglas claras"
N°13. "La verdadera elocuencia"
N°14. "Más mercado para el empleaducho"
N°15. "¡Santos intereses! ¿Dementes al Vaticano?"
N°16. "Despacito, despacito, despacito"
N°17. "Hanke no se enganche"
N°18. "¿Lo sabía Doña Rosa?"
N°19. "Mafalda pide un respiro; Manolito no se lo da"
N°20. "Lo que mata es la sensibilidad"
N°21. "¡Viva la convertibilidad!; ¡Abajo sus efectos (sobre mí)!"
N°22. "Locos por la convertibilidad".
N°23. "¿Qué es ¡Andrés Ferrari !?"
N°24. "El trueque hace la felicidad"
N°25. "Marcaaplazo fijo"
N°26. "¡Solito?, ¡In-sólito!"
N°27. "Candoroso interés"
N°28. "¡Tres-tro-esma!; ¡Tres-tro-esma!"

  

 

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