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MARCAAPLAZO FIJO
"Aquellos que precisan la salvación secular pocas veces entienden que alguien suficientemente inteligente para salvarlos no puede ser un verdadero
creyente" (Skidelsky).
"Keynes tenía una solución sin revolución. Nuestro mundo agradable permanecería;
el desempleo y el sufrimiento se acabarían. Parecía un milagro" (John K. Galbraith)
"En el largo plazo, ¿estaremos todos muertos?", se preguntó M. Grondona en La Nación del 4 de febrero de 2001, parafraseando y citando la famosa frase de Keynes de 1923: "la noción del largo plazo no es una buena guía para la conducción de los negocios porque en el largo estaremos todos muertos".
A partir de ahí, Grondona, que justamente busca ayudar a los argentinos saber para adónde ir, se pierde en volteretas confundiendo la noción económica de "largo plazo" con "meta, destino u objetivo". Quizás el renglón siguiente de la frase que cita le hubiese ayudado a entender un poco mejor lo que dijo Keynes: "[el] largo plazo es una guía confusa para la coyuntura. En el largo plazo estamos todos muertos. Los economistas se plantean una tarea demasiado fácil, y demasiado inútil, si en cada tormenta lo único que nos dicen es que cuando pase el temporal el océano estará otra vez tranquilo".
Curiosamente, Keynes acuñó dicha frase en un momento histórico en que la realidad económica y social británica se parecía bastante con la actualidad argentina: alto desempleo, tipo de cambio muy elevado, recesión intensa, deflación continua. Ante esa realidad, los economistas, entonces como ahora, afirmaban que había que dejar que el mercado libre regulara las "fuerzas del mercado", sin intervención gubernamental - ya que sólo sería para peor -, porque, en el largo plazo, llegará la economía al "equilibrio", donde no habrá más desempleo ni recesión. Mal que le pese a Grondona, el "coyunturalismo" que Keynes introdujo en la ciencia económica, como él lo llama, no fue bienvenido. Al contrario, debió Keynes librar una batalla teórica y política prácticamente sólo - a medida que la recesión y el desempleo continuaban - durante casi 20 años. "La guerra trajo de repente el remedio keynesiano. Los gastos se doblaron y redoblaron. Lo mismo hizo el déficit. Antes de terminar 1942, el desempleo era mínimo. En muchos lugares escaseaba la mano de obra. Hay otra manera de considerar este episodio. Hitler, terminado el desempleo en Alemania, lo había terminado también para sus enemigos. Fue el verdadero protagonista de las ideas keynesianas" (J. K. Galbraith).
Por eso es grande la equivocación de Grondona al pensar que Keynes no tenía o despreciaba el "largo plazo" u "objetivo" hacia el cual enfocar. Lo que Keynes cuestionaba era la conveniencia política, sobretodo para las clases dirigentes británicas, de mantener un estado de coyuntura de alto desempleo en base a los dictados de una anticuada teoría económica: "pocas veces puede ser correcto
sacrificar un beneficio actual por una dudosa ventaja en el futuro
Debemos ser muy cuidadosos en sacrificar un gran número de gente por el beneficio de una finalidad contingente, por muy ventajosa que aparezca". Eso implicaba una sociedad sobreviviendo como con un marcapaso. Por eso Keynes cuestionaba a las autoridades británicas por aplicar con rigor una política económica que forzaba a los trabajadores a procurar "otras direcciones por medio de la presión de morirse de hambre"; que en base a los dogmas de una falsa teoría, privilegien el cumplimiento con los acreedores del Estado, la tiranía del plazo fijo, en lugar de facilitar la producción, la inversión y el empleo, ya que la misma sólo podía procurarse mediante "la deliberada intensificación del desempleo. El objeto de la restricción crediticia, en este caso, es retirarle a los empleadores los medios financieros para tomar trabajadores al nivel actual de precios y salarios. Esta política sólo puede obtener su fin intensificando el desempleo sin límite, hasta que los trabajadores estén preparados para aceptar la necesaria reducción de sus salarios monetarios bajo la presión de los duros hechos". Así, durante la larga huelga de los mineros ingleses en 1925, Keynes se puso de su lado ya que, "como otras víctimas de la transición económica en el pasado, a los mineros se les ofrecía una opción entre morirse de hambre y sumisión, los frutos de su sumisión en beneficio de otros".
En su época, la función de la "convertibilidad" la cumplía el "patrón oro": es decir, el mecanismo que le aseguraba a los que ganan, que ganan mucho en moneda internacional. No era la falta de largo plazo, como afirma Grondona, sino qué largo plazo la preocupación de Keynes: "El patrón otro, dependiente del puro azar, creyendo en los 'ajustes automáticos', y despreciando en general las cuestiones sociales, es esencialmente un emblema y un ídolo de aquellos que se sientan en la cima del sistema. Creo que son demasiado apresurados... en su cómoda creencia de que nada realmente serio jamás ocurre. Nueve veces de cada diez, realmente nada sucede - meramente un poco de malestar a algunos individuos o grupos. Pero corremos el riesgo de la décima vez (y uno estúpido dado el beneficio), si continuamos aplicando los principios de una economía, basada en la hipótesis de laissez - faire y libre competencia, a una sociedad que está rápidamente abandonando estas hipótesis". Una sociedad, para Keynes, que por culpa de una obsoleta teoría económica privilegiaba los plazos rentistas, avanzaba constantemente amenazada por un marcapaso, y a expensas de un gran riesgo crisis social. Por eso es raro que Grondona vincule el, supuesto, "coyunturalismo" actual de los argentinos a la influencia de Keynes si recuerda que la realidad argentina desde 1989 se determina de acuerdo a una teoría económica que Keynes rechazaba justamente por sus consecuencias sociales a corto, mediano, y largo plazo: "Estamos a mitad de camino entre dos teorías de la sociedad económica. La primer teoría mantiene que los salarios deberían estar fijados de acuerdo a lo que es 'justo' y 'razonable' entre las clases. La otra teoría - la teoría del poder ciego económico - dice que los salarios deberían determinarse por la presión económica, también llamada 'los duros hechos', y que nuestra amplia maquinaria debería chocar también, considerando sólo el equilibrio como un todo, y sin prestar atención a las consecuencias en el camino a los grupos individuales".
Grondona, en base a citar a Ortega y Gasset: "la nación es un proyecto sugestivo de vida en común", afirma que los argentinos hemos perdido el largo plazo, y contrapone dicha cita al cortoplacismo keynesiano. Pero Keynes coincide con el filósofo español; es con Grondona con quien no coincide: "a menos que los hombres se unan por un objeto común o se movilicen por principios objetivos, la mano de cada uno estará contra el resto y la búsqueda descontrolada del beneficio individual puede prontamente destruir la totalidad. No ha habido últimamente ningún objetivo común entre naciones o entre clases, excepto la guerra". Keynes tenía una visión de largo plazo; quizás era el que más la tenía en su época y por eso se preocupó también por la coyuntura: "Quiero formar una sociedad en la cual la mayor parte de las desigualdades existentes y causas de desigualdades sean suprimidas...(pero) no quiero equiparar individuos. Quiero alentar a toda persona de excepcional esfuerzo, habilidad, coraje. No quiero antagonizar a los exitosos, los excepcionales"..."Por mi parte creo que hay justificación social y psicológica de grandes desigualdades en los ingresos y en la riqueza, pero no para tan grandes disparidades como existen en la actualidad". Era claro para Keynes que un "corto plazo" con grandes injusticias e desigualdades sociales y económicas, no tendría ningún "largo plazo" posible. Por eso, no se podía dejar la determinación del "largo plazo" a las ciegas fuerzas de la economía.
Es curioso que Grondona enfatice como condición para poder ser "España en América" un "blindaje social" cuando fue gracias a las teorías keynesianas que el capitalismo vivió su "edad de oro" con crecimiento, pleno empleo y baja inflación, y desde la retomada de los economistas del mercado a mediados de los 70, resurgió con vigor el escenario que Keynes supo disipar. Peor es que Grondona afirme como necesario para este "blindaje social", un "feroz ajuste de las cuentas públicas hoy atribuladas por la burocracia, el partidismo y la corrupción". ¿Nunca vio el esquema de gasto público? El pago de intereses - único rubro que nunca se ajusta - es lejos superior a todo eso junto (incluso sumando ñoquis) y ya llega al 20% del total, monto cuatro veces superior hoy respecto a 1993. Para Keynes, el "largo plazo", "el proyecto común", en lugar de la exaltación de los derechos de los tenedores de bonos y plazos fijos, será cuando se tome "el aspecto rentista del capitalismo como una fase transitoria que desaparecerá tan pronto como haya cumplido su destino y con la desaparición del aspecto rentista sufrirá un cambio radical otras muchas cosas que hay en él". Y en el "corto plazo", mientras tanto, era "preferible que un hombre tiranice su saldo en el banco que a sus conciudadanos; y aunque se dice algunas veces que lo primero conduce a lo segundo, en ocasiones, por lo menos, es una alternativa. Pero para estimular estas actividades y la satisfacción de estas inclinaciones no es necesario que se practique el juego con apuestas y riesgos tan grandes como ahora. Apuestas y riesgos mucho menores pueden servir para el caso con el mismo resultado, tan pronto como los jugadores se acostumbren a ellos. La tarea de transmutar la naturaleza humana no debe confundirse con la de manejarla; aunque en el estado ideal los hombres pueden haber sido enseñados, inspirados o educados de manera que no se interesen en tales apuestas, aún puede ser sensato y prudente para un estadista permitir que se practique el juego, bien que se sujete a reglas y limitaciones en tanto que el común de los hombres, o por lo menos una parte importante de la comunidad, se adhiera de hecho y fuertemente a la pasión de hacer dinero". Para Keynes, con criterio, lógica y sensibilidad, se podía sacarle al capitalismo el marcapaso.
Es que Keynes, fino y culto como ningún otro economista, veía que el sistema capitalista se movilizaba por medio de esa "pasión por hacer dinero", y si bien dicha inclinación podía permitir la creación material, "el precio del progreso económico es visto como una deformación cultural del 'rentista burgués' que ha sacrificado 'el arte del placer' por 'el interés compuesto'" (Skidelsky), que llegaba a límites sociales peligrosos si se generaba una gran concentración de riqueza, por un lado, y un alto desempleo y pobreza, por otro: ahí se autocolocaba un marcapaso. Por eso, Keynes acepta "un poquito de inflación" porque si bien "la inflación es injusta y la deflación no es expeditiva, entre las dos quizás la deflación es, si dejamos de lado inflaciones exageradas como la de Alemania, peor; porque, en un mundo empobrecido, es peor provocar desempleo que desilusionar al rentista", ya que éste no genera ni puestos de trabajo ni riqueza material a ningún plazo fijo.
Así, la idea de que para el "blindaje social" sería necesario reducir algún gasto público que no sea el financiero choca directamente con el "largo plazo" keynesiano por los efectos que generaría a "corto plazo", ya que provocaría una caída en el consumo, más empresas cerrarían y habría más desempleados, sin evitar el déficit fiscal, dado que la recaudación tributaria se basa en el consumo (IVA), y agravado por la concentración de la riqueza actual, ya que los altos ingresos consumen una proporción del mismo inferior a los bajos ingresos. Las decisiones económicas que se adopten sobre estos temas, hoy "corto plazo", determinarán el "largo plazo"; porque lo que Keynes está diciendo es que "la ideología para terminar con las ideologías se rompió. 'Economía' una vez más volvió a ser 'Política Económica" (J. Robinson).
Grondona afirma que si a ese "blindaje social" se le suma que sabemos que nos convendría insertarnos vía Mercosur en el ALCA, "que será una realidad de aquí a cuatro o cinco años",..."tendríamos de nuevo un "proyecto sugestivo de vida en común". Esa nación que volveríamos a ser acogería finalmente nuestras cenizas porque en el largo plazo todos estaremos muertos. Lo que importa, sin embargo, no es la muerte. Es el legado". Sí; pero con ese "largo plazo", el legado de Keynes permite visualizar que "estaremos todos muertos...pero no al mismo tiempo" (J. Robinson).
"Que la ignorancia y el odio velarán a los muertos; es creer, es creer.
Eso está en el color de tus sueños;
no es vivir, no es vivir". (Lennon)
"En nuestra locura quemamos cien días,
el tiempo lleva tiempo para transcurrir,
y todavía sostengo algunas cenizas para mí; un sueño pasajero" (Bowie)
Documentos enviados (solicítelos):
N°01."Dolarización = Calavera no chilla"
N°02."En el largo plazo estamos todos muertos...pero no al mismo tiempo".
N°03."Por qué nos tiene que importar que estén nuestros próceres en nuestros billetes".
N°04."Crisis financiera: algunos comentarios".
N°05."Argentina 1989-1999: El suicido de un país".
N°06."Mercado del bien y mal estar".
N°07."Por qué Keynes en el 2000".
N°08." ¡UFFAAA! Los perdedores no quieren perder"
N°09."¿Yo rico?"
N°10."El sentido de estudiar economía"
N°11."Bases analíticas para determinar una propuesta progresista"
N°12."Las reglas claras"
N°13. "La verdadera elocuencia"
N°14. "Más mercado para el empleaducho"
N°15. "¡Santos intereses! ¿Dementes al Vaticano?"
N°16. "Despacito, despacito, despacito"
N°17. "Hanke no se enganche"
N°18. "¿Lo sabía Doña Rosa?"
N°19. "Mafalda pide un respiro; Manolito no se lo da"
N°20. "Lo que mata es la sensibilidad"
N°21. "¡Viva la convertibilidad!; ¡Abajo sus efectos (sobre mí)!"
N°22. "Locos por la convertibilidad".
N°23. "¿Qué es ¡Andrés Ferrari !?"
N°24. "El trueque hace la felicidad"
N°25. "Marcaaplazo fijo"
N°26. "¡Solito?, ¡In-sólito!"
N°27. "Candoroso interés"
N°28. "¡Tres-tro-esma!; ¡Tres-tro-esma!"
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