Andrés Ferrari  

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Por qué nos tiene que importar que

nuestros próceres estén en nuestros billetes.

Cuál sería el efecto sobre el nivel de vida de la mayoría de los argentinos si se adoptará la propuesta del Gobierno de ‘dolarizar’ nuestra economía? Tener moneda propia influye sobre el bienestar de los argentinos o sólo es una postura de «un falso nacionalismo», como afirma el Ministro de Economía, Roque Fernández?

Supongamos que detenemos el tiempo; entonces, podemos contabilizar una cierta cantidad de dinero total en la economía. Y a esa cantidad de dinero le corresponderá una cierta tasa de interés. Como todo el mundo sabe, generalmente, cuanto mayor sea la cantidad de dinero, menor será la tasa de interés, y vice- versa. Ahora, si en el dinero no figuran nuestros próceres, cómo puede hacer la economía argentina para aumentar la cantidad de dinero? Precisa de algún mecanismo económico que derive en un ingreso de dinero del exterior.

Por ejemplo, un superávit comercial, es decir, del total de bienes y servicios que se produce, vender una mayor cantidad de lo que se compra de afuera. Pero esto tiene el efecto de disminuir el saldo para consumir internamente. Además, si el nivel de precios, medidos en términos de próceres extranjeros, es muy alto, el nivel de exportación será bajo. En un caso así, los manuales de economía enseñan que la salida es devaluar la moneda nacional para que las exportaciones sean más baratas para los extranjeros. Esta medida tiene el efecto positivo de evitar una recesión. Pero sin próceres en nuestros billetes, no habría qué devaluar. Por eso, la única manera de exportar más es bajando los precios internamente mediante una recesión. Es decir, mediante el lento proceso del alto desempleo, como viene sucediendo en los últimos años.

Otra manera para aumentar la cantidad de dinero sería el ingreso de capitales especulativos de corto plazo o por inversiones. Ambas tienen sus costos. El capital especulativo de corto plazo así como entra se va; además, para atraerlo hay que aumentar la tasa de interés. Es decir, entregarle a cambio de su entrada una porción elevada de lo que se produce internamente.....para que se lo lleve afuera. La inversión que llega a comprar los activos existentes convierte a la Argentina en propiedad de extranjeros: la pampa húmeda cada vez es menos argentina. Lo mismo sucede con inversiones nuevas. En definitiva, quienes tomarán las decisiones económicas fundamentales estarán desligados en todo sentido de nuestro país, así como de nuestros próceres, excepto en uno: cuánta moneda con próceres de otros países podrán sumar. Por eso, si en otro país esa suma es mayor, esos capitales se retirarán.

Cuando la cantidad de moneda en una economía es poca, como todo el mundo sabe, la tasa de interés sube y el crédito es caro. Entonces, a la empresas - especialmente las PYMES, se les hace difícil financiar sus actividades, y más aún invertir. También comprar a crédito se hace caro, y las empresas venden menos. La producción se estanca, el desempleo aumenta, la vida se hace cara. Los sectores afectados comienzan a protestar contra el Estado. Pero el Estado no tiene capacidad para ayudar. Más bien por el contrario. Al caer el nivel de actividad, recauda menos: menor consumo, menor recaudación por IVA; mayor desempleo, menor recaudación por impuestos al trabajo.

En realidad, la menor recaudación hace surgir el déficit fiscal. Entonces, los ‘fundamentalistas fiscales’ se impacientan y comienzan a exigir menores gastos y más impuestos. El déficit fiscal, además, aumenta el ‘riesgo - país’ y los capitales externos exigen una mayor tasa de interés para ingresar. Es fácil seguir el circulo vicioso. Mayor tasa de interés, crédito más caro, menos actividad, menos consumo, las PYMES quiebran, aumenta el desempleo, cae la recaudación, aumenta el déficit fiscal, los ‘fundamentalistas fiscales’ se impacientan, aumenta el riesgo país, .....

Ahora, qué pasa cuando un país tiene a sus próceres en sus billetes?

En principio, la cantidad de billetes en su economía la puede establecer por su cuenta. No necesita depender que entre dinero de afuera. Puede aumentar la cantidad de billetes para estimular la inversión, el empleo, la producción, el crédito; así como puede disminuir esa cantidad para frenar la actividad económica: es su decisión. Por otro lado, puede devaluar si quiere exportar más sin generar desempleo internamente. Además el Estado puede gastar más e imponer impuestos más bajos porque la diferencia la financia con emisión, lo que se llama de señoraje. No es ese el caso actual argentino con convertibilidad, pero si el de EEUU. Por más que le pese al ‘fundamentalista fiscal’, eso no genera inflación. Por ejemplo, entre 1991 y 1994, el déficit fiscal de EEUU estuvo en 3% del PBI, el gasto público en 35% del PBI y el pasivo financiero neto del Gobierno llegó a 50% del PBI, pero la tasa de inflación fue algo superior al 3% anual y la tasa de desempleo menos del 7%. En cambio, en Argentina cómo un prócer nuestro precisa de un prócer de EEUU, los beneficios económicos del señoraje se pierden totalmente. Entonces, el Estado precisa aumentar los impuestos para evitar disminuir el gasto. Por otro lado, como el Estado puede financiarse más autónomamente, no precisa otorgarle mayores beneficios fiscales o tasas de interés para que ingresen los capitales de afuera.

Las dos opciones parecen claras: mayor bienestar o recesión; mayor empleo o desempleo; mayores facilidades de crédito o tasas de interés; mayor autonomía o dependencia. Todo eso nos pueden brindar nuestros próceres en nuestros billetes.

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