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¿Lo
sabía Doña Rosa?
Tiempo
atrás, la mítica Doña Rosa «entendía» que la inflación cotidiana
que se producía frente a sus ojos era consecuencia del afán
del Estado por emitir y, en virtud de su «razonamiento»,
exigía parar con el déficit fiscal. Con tal profundo y sutil
pensamiento, casi, casi, terminó elaborando el modelo económico
argentino de los años 90.
Es
cierto, en los años 80 había inflación; es cierto, también
había déficit fiscal. Pero hoy la algo olvidada heroína
se enfrenta a un dilema: en los noventa, sigue habiendo
déficit fiscal. Pero, desde 1994, la inflación descendió
y pasó desde menos del 4% al año, llegó a ser nula en 1996,
manteniéndose así, hasta que en 1999 hubo deflación.
El índice de precios en lugar de subir mes a mes, disminuye.
¡Qué lío! ¡El déficit genera deflación!
Es
más: ella «sabía» que el –déficit fiscal– generaba –inflación–
y– ésta– perjudicaba– el– cálculo económico –de– las–empresas
–y– por– lo– tanto– no– había– crecimiento– económico –
y– por –eso– ella– estaba- «mal». Y ahora, los economistas
dicen que el– déficit fiscal– genera– miedo de devaluación–
y– éste– perjudica– el– cálculo económico –de– las– empresas–
y–por–lo– tanto– no– hay– crecimiento– económico– y– por-
eso– ella– está-«mal». ¿«Miedo de devaluación» e «inflación»
serán sinónimos?
Quizás
sí, para los economistas, dado que antes decían que había
que terminar con la inflación a toda costa, y ahora dicen
que hay que dolarizar para liquidar definitivamente el miedo
a la devaluación. Y ambas son señaladas por ellos como la
causa de que Doña Rosa este «mal». Los economistas también
le dicen ahora que la devaluación generaría un «caos» tremendo,
por lo que, parece, habría que apoyar a la convertibilidad.
Pero,
¿y la deflación qué? ¿Vino, existe, y no influye para nada?
¿O sí?
Para
ser más exactos, lo que nuestra estimada Doña Rosa debería
observar es que actualmente hay inflación y deflación.
Inflación de algunos productos, como por ejemplo, las tarifas
de los servicios públicos que fueron privatizados y aumentan
cada vez que hay inflación en EE.UU., pase lo que
pase en Argentina. Pero deflación de otros precios, como
por ejemplo los alimentos. Así, si su ingreso no
varió, ahora destina una porción mayor del mismo para pagar
luz, teléfonos, etc., que alimentos.
Pero
lo más probable es que el ingreso de Doña Rosa haya disminuido,
porque de acuerdo al INDEC el 90% de los que trabajan en
Capital y el Gran Buenos Aires ganan entre un 3% y 10% menos
en el último año (Clarín 8/8/2000), y esto se produjo sobre
todo en los sectores de menores recursos. Además, como la
mitad de la gente ocupada gana menos de $500 al mes, pero
la canasta básica supera los $1.000, se puede entender ahora
por qué bajan los precios de los alimentos: simplemente
a Doña Rosa no le alcanza su ingreso para comprarlos. Y
a medida que se produce la inflación de los precios
de los servicios públicos, le queda menos para hacerlo.
Como en esas regiones hay casi 4 millones de Doñas Rosas
en esa situación, los productores de alimentos no tienen
compradores. Y entonces bajan el precio de los alimentos.
Pero si aun así no consiguen cubrir sus costos, deben cerrar.
Porque ellos también tiene que pagar los mayores
precios de los servicios públicos.
Convertibilidad
significa que un Gobierno (caso actual, el argentino,
casi aislado en el mundo en estos momentos) se compromete
a convertir una cierta cantidad de la moneda que
emite (en este caso, el peso; cuando salió la ley en 1991,
el austral) por una cierta cantidad de otra (hoy en nuestro
país, el dólar norteamericano) a toda persona que lo desea.
Tipo
de cambio es la relación de valor que hay entre las
monedas de dos países distintos.
Devaluación
significa que un Gobierno modifica el tipo de cambio
de su moneda en relación a la de otro país, haciendo que
la misma valga menos que antes.
Ahora
se puede entender que el «$1=US$1» no es la convertibilidad.
Por lo tanto, convertibilidad y devaluación no son opuestos.
Es posible que haya devaluación y convertibilidad como
puede haber «$1=US$1» sin convertibilidad.
Pero
si todo sigue igual, es decir hay «$1=US$1» con convertibilidad
y esto genera recesión y deflación; y si además los economistas
piden que se baje el gasto público, entonces están y estarían
bajando los precios y los salarios en términos de dólares:
¡cómo si hubiese habido una devaluación!
¿No
será tiempo de que Doña Rosa vuelva a lo suyo, de donde
la sacaron en los años 80, y le empiece a preocupar más
qué y cuánto puede comprar con lo que gana, en lugar
de preocuparse por cuánto gana en términos de dólares?
10
de septiembre de 2000.
Documentos enviados
(solicítelos):
N°01."Dolarización = Calavera no chilla"
N°02."En el largo plazo estamos todos muertos...pero no
al mismo tiempo".
N°03."Por qué nos tiene que importar que estén nuestros
próceres en nuestros billetes".
N°04."Crisis financiera: algunos comentarios".
N°05."Argentina 1989-1999: El suicido de un país".
N°06."Mercado del bien y mal estar".
N°07."Por qué Keynes en el 2000".
N°08." ¡UFFAAA! Los perdedores no quieren perder"
N°09."¿Yo rico?"
N°10."El sentido de estudiar economía"
N°11."Bases analíticas para determinar una propuesta progresista"
N°12."Las reglas claras"
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